Davos 2026: el mundo se reúne en enero para hablar cuando ya no hay calma

Foro Económico Mundial en Davos, Suiza. Fotografía: Web/ Foro Económico Mundial 

Guacamaya, 21 de enero de 2026. El Foro Económico Mundial vuelve a Davos del 19 al 23 de enero de 2026 en su 56ª edición, en un contexto internacional descrito por sus propios organizadores como de “máxima tensión”. Elegido hace décadas por ser el mes más tranquilo del calendario político, enero ya no ofrece sosiego: guerras latentes, rivalidades estratégicas abiertas y una economía global fragmentada convierten a Davos en un escenario donde el diálogo es urgente, pero también profundamente incómodo.

Cuando en la década de los años 80 el Foro Económico Mundial buscó una fecha para reunir a los principales actores políticos y económicos del planeta, el criterio fue sencillo: escoger el momento del año con menor ruido internacional. Enero parecía ideal. Desde entonces, la pequeña localidad suiza de Davos se convirtió en el punto de encuentro anual del poder global. En 2026, esa lógica histórica queda en entredicho. La reunión se celebra igualmente en enero, pero en un mundo marcado por la confrontación abierta y la erosión de los consensos básicos del orden internacional.

El Foro vuelve a ser el epicentro de la atención pública global. Cerca de 3.000 participantes de 130 países se dan cita en Davos, entre jefes de Estado y de gobierno o sus representantes, directores ejecutivos de grandes corporaciones, responsables de instituciones multilaterales y miembros de la sociedad civil. Todas las sesiones principales cuentan con transmisión en vivo para una audiencia global, reforzando el carácter del evento como plataforma de diálogo mundial. Precisamente por esa vocación, la edición 2026 ha adquirido un peso simbólico particular.

El lema elegido este año es “El espíritu del diálogo”, una consigna que contrasta con el clima internacional. Las sesiones centrales buscan abrir nuevas oportunidades de conversación sobre dos ejes considerados urgentes: la geopolítica y el crecimiento económico. A ello se suma un énfasis explícito en las transformaciones profundas que enfrenta la fuerza laboral y en el desafío de reconstruir la prosperidad sin sobrepasar los límites planetarios.

Desde el Foro Económico Mundial insisten en que la dicotomía entre protección ambiental y crecimiento económico no es inevitable. Por el contrario, subrayan que ecosistemas resilientes son una condición para la estabilidad económica y social a largo plazo. En ese sentido, defienden que invertir en sistemas regenerativos, circulares e inclusivos de producción y consumo puede permitir que el crecimiento se mantenga dentro de los límites planetarios.

Un Davos dominado por la geopolítica

El gran protagonista político de esta edición es Donald Trump. Tras su involucramiento directo en la política venezolana, el presidente de Estados Unidos ha generado nuevas tensiones internacionales al manifestar su deseo de avanzar sobre Groenlandia, lo que ha tensado la relación con la Unión Europea. Davos marca, además, su presencia en suelo europeo en medio de ese clima de fricción.

A su alrededor, el Foro consigue uno de sus objetivos históricos: reunir en un mismo lugar a actores que rara vez comparten espacio. Están presentes asesores de los gobiernos de Rusia y China, sin que se conozca si habrá conversaciones privadas entre ellos o con representantes occidentales. Ese carácter discreto, pero inclusivo, sigue siendo uno de los mayores activos de Davos.

Incluso antes de llegar a Suiza, Trump acaparó titulares. Primero, por la filtración de mensajes de un chat privado que mantuvo con Emmanuel Macron, presidente de Francia, quien también participa en el Foro. Luego, por un incidente técnico durante su vuelo desde Washington: la aeronave tuvo que regresar apenas 40 minutos después del despegue debido a lo que la Casa Blanca describió como un “problema eléctrico menor”.

Venezuela en el centro del discurso de Trump

Una de las declaraciones más comentadas del Foro llegó de la mano del propio Trump. Desde Davos, aseguró que Venezuela ganará más dinero en los próximos seis meses que en los últimos 20 años. El presidente estadounidense afirmó que el país experimentará un repunte económico sin precedentes gracias a los acuerdos petroleros alcanzados recientemente con Washington, tras la captura y extracción de Nicolás Maduro. La afirmación generó impacto inmediato, tanto por su contenido económico como por las implicaciones políticas que conlleva.

Mark Carney y la voz de las potencias medias

Entre las intervenciones más destacadas del Foro sobresalió la del primer ministro de Canadá, Mark Carney, quien ofreció una reflexión estructural sobre el momento histórico que atraviesa el sistema internacional.

“El antiguo orden no va a volver. No debemos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia. Pero a partir de la fractura, podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo”, afirmó Carney ante un auditorio atento.

El jefe de gobierno canadiense situó el foco en el papel de las potencias medias, a las que definió como los países que más tienen que perder en un mundo de fortalezas, pero también los que más pueden ganar de una cooperación genuina. “Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de llamar a las cosas por su nombre, de fortalecer nuestras bases y de actuar juntos”, sostuvo.

Carney fue más allá al cuestionar abiertamente la narrativa tradicional del orden internacional basado en normas. “Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa, que los más fuertes se eximían cuando les convenía, que las normas comerciales se aplicaban de forma asimétrica y que el derecho internacional se aplicaba con mayor o menor rigor, dependiendo de la identidad del acusado o de la víctima”, señaló.

Reconoció, sin embargo, que esa “ficción” tuvo una utilidad práctica. En particular, destacó que la hegemonía estadounidense contribuyó durante décadas a proveer bienes públicos globales: rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a los marcos de resolución de controversias.

“No estamos en medio de una transición, sino de una ruptura”, advirtió. En su diagnóstico, las crisis de las últimas dos décadas —financieras, sanitarias, energéticas y geopolíticas— expusieron los riesgos de una integración global extrema. Más recientemente, añadió, las grandes potencias han comenzado a utilizar la integración económica como arma: los aranceles como palanca, la infraestructura financiera como mecanismo de coacción y las cadenas de suministro como vulnerabilidades a explotar.

“No se puede vivir en la mentira del beneficio mutuo a través de la integración cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación”, concluyó.

Emmanuel Macron: defensa del multilateralismo y la soberanía europea

En respuesta a las políticas y retórica de Trump, el presidente francés Emmanuel Macron pronunció un discurso enfático contra lo que describió como un intento de subordinar a Europa mediante aranceles y presiones comerciales, particularmente en el contexto de la disputa por Groenlandia.

Macron subrayó que “con Groenlandia, no hemos amenazado a nadie; hemos apoyado a un aliado, Dinamarca”, defendiendo el respeto a la soberanía territorial frente a los planteamientos estadounidenses. 

Además, instó a los europeos a no dejarse impresionar por las amenazas ni ceder ante la “ley del más fuerte”, reclamando la defensa de los valores y principios que han sostenido el orden internacional multilateral. 

Su intervención fue interpretada por varios medios como una llamada a que la Unión Europea fortalezca su autonomía estratégica y profundice su cooperación frente a políticas que podrían debilitarla. 

Riesgos globales y un futuro turbulento

En los días previos al inicio del Foro, los organizadores presentaron el Global Risks Report 2026, elaborado a partir de una encuesta a 1.300 participantes. El informe define el momento actual como la entrada en una “era de la competencia”, caracterizada por la fragmentación y la confrontación.

La predicción para los próximos años es la de un futuro “tormentoso” o “turbulento”. Los riesgos geopolíticos aparecen como la principal causa de inestabilidad en el corto y mediano plazo, mientras que las amenazas medioambientales son identificadas como el mayor riesgo a largo plazo.

Davos, entre el diálogo y la fractura

Como ha destacado la cobertura internacional, Davos 2026 no es solo una cumbre económica. Es un termómetro del estado del mundo. La coincidencia de discursos que anuncian rupturas profundas, promesas de crecimiento acelerado en contextos políticamente volátiles y llamados a reconstruir la cooperación desde nuevas bases revela un foro atravesado por tensiones.

Enero ya no es el mes de la calma. Pero Davos sigue siendo, al menos por unos días, el lugar donde todos —rivales incluidos— se sientan en la misma mesa para intentar entender hacia dónde va un orden internacional que, como advirtió Mark Carney, ya no puede fingir que sigue intacto.

El Foro Económico Mundial (WEF) fue fundado en 1971 por Klaus M. Schwab, profesor de política empresarial de la Universidad de Ginebra, con el objetivo de crear un espacio donde ejecutivos empresariales pudieran intercambiar prácticas de gestión y visión estratégica.

Inicialmente llamado Foro de Administración de Europa, el evento que se celebró por primera vez en Davos reunió a líderes empresariales de Europa occidental. Sin embargo, ante los desafíos globales de la década de 1970 —incluyendo crisis económicas y geopolíticas— la agenda de Davos se amplió rápidamente para incluir temas económicos, sociales y políticos, invitando por primera vez a líderes políticos en 1974. 

En 1987 adoptó el nombre actual, Foro Económico Mundial, con un enfoque explícito en proporcionar una plataforma para la resolución de conflictos internacionales y la cooperación intersectorial. Desde entonces, Davos ha sido escenario de encuentros diplomáticos inusuales —como acercamientos entre Grecia y Turquía o entre Nelson Mandela y Frederik de Klerk en Sudáfrica— y de un número creciente de iniciativas sobre salud global, sostenibilidad y transformación económica.

A lo largo de su historia, el WEF ha buscado posicionarse como un espacio de diálogo entre sectores públicos y privados para enfrentar retos globales, aunque también ha sido objeto de críticas por su carácter elitista y su impacto real en la política global.

La presencia venezolana en el Foro Económico Mundial no ha sido constante, pero ha tenido momentos simbólicos de importancia.

Por ejemplo, en 2014 Venezuela estuvo representada en la Asamblea Anual del Foro,  por actores de la sociedad civil

Venezuela regresó a Davos en 2020 después de 28 años, con la presencia de figuras como Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional, quien en una de esas intervenciones llamó a reforzar la ayuda internacional para enfrentar la crisis política y social del pais

Davos 2026 expone a un Foro que sigue creyendo en la utilidad del diálogo global, pero que enfrenta una realidad de tensiones profundas entre sus participantes. Las intervenciones de Trump, Macron y Carney no solo representan posturas divergentes, sino que reflejan una encrucijada global sobre cómo articular cooperación en un mundo fragmentado.

Mientras el Foro proclama “el espíritu del diálogo”, las declaraciones de líderes —desde aranceles y soberanía hasta repuntes económicos — muestran que ese espíritu está siendo puesto a prueba como nunca antes en las décadas recientes

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