Fabián Campos es Economista Empresarial egresado de la Universidad Metropolitana y Coordinador de Escenarios y de la Encuesta Multisectorial Empresarial de Datanálisis. Fotografía: Redes sociales.
Guacamaya, 18 de septiembre de 2025. Carlo M. Cipolla, en su libro, Las leyes básicas de la Estupidez Humana (1976), ahondó en los atributos que caracterizan a una «persona estúpida». En su obra, Cipolla destaca 5 leyes fundamentales de la estupidez humana:
- Siempre e inevitablemente uno siempre subestima el número de «individuos estúpidos» en circulación.
- La probabilidad de que cierta persona sea «estúpida» es independiente de cualquier otra característica de esa persona.
- Un «persona estúpida» es una persona que causa una pérdida a otra persona o grupos de personas, sin obtener ganancia alguna o, incluso, pudiendo incurrir en pérdidas.
- Las «personas no estúpidas» siempre subestiman el poder dañino de las «personas estúpidas». En particular, las «personas no estúpidas» olvidan constantemente que, en todo lugar, en todo momento y en cualquier circunstancia, involucrarse con una «persona estúpida» es altamente costoso.
- Las «personas estúpidas» son el tipo de persona más peligrosa, incluso más que un «bandido[1]».
De allí, se pueden desprender muchas explicaciones del por qué el consumidor es, a veces, irracional. Pero ¿es posible que la irracionalidad empiece por casa?
En investigaciones sobre el comportamiento de las empresas venezolanas, hemos encontrado un patrón de conducta cuando estas se enfrentan a una «crisis». La empresas que atraviesan un proceso de crisis, sea originado por factores del entorno económico y político internacional, por transformaciones en su mercado, o por factores internos organizacionales, tienden a «recortar la inversión», fundamentalmente, en tres tipos de servicios:
- Afiliaciones a cámaras, gremios o asociaciones empresariales.
- Servicios de análisis de entorno económico-político e investigaciones de mercado.
- Publicidad.
La misión de una cámara empresarial, según el Dr. José Antonio Gil Yepes, es «agremiar empresas para articular sus intereses en las relaciones gobierno-empresa o con otros sectores y desarrollar mecanismos de alianza y coopetición que bajen los costos de transacción para aumentar la productividad y competitividad».
Entonces, si la empresa se desvincula de los gremios o cámaras, siguiendo la definición anterior, lo primero que se perdería es la capacidad de articular intereses con los pares del sector para elevar propuestas de políticas públicas, que pueden tener un peso importante en mejorar esas condiciones del entorno que pueden estar causando esa crisis.
Un segundo «punto de dolor» para las empresas en crisis son los servicios de análisis de entorno y las investigaciones de mercado.
Este es un caso donde, propiciado por las propias condiciones del negocio y su mercado, la dirección de la empresa se ve tentada a priorizar lo «operativo» sobre lo «estratégico». Este es el momento en el que aparece el «modo bombero» generalizado, donde la dirección o gerencia de la organización se encuentra monopolizada por la coyuntura y se aboca a atajar problemas (apagar fuegos). Entonces, la situación deriva en «menos estudios y asesorías» y «más trabajo». Y es allí cuando la dimensión estratégica de la organización se ve empieza a ver afectada.
Al reducir la inversión en los servicios de análisis de entorno, la empresa empieza a «descalibrar la brújula», reduciendo su capacidad para definir directrices estratégicas en un entorno más volátil, viéndose inmersa en una incertidumbre significativamente mayor. Acá es cuando empiezan a acentuarse las imprecisiones para proyectar costos, demanda, inversiones, entre otros.
En cuanto a los recortes en investigación de mercado, las consecuencias son mucho más obvias. Partiendo de que es la «crisis» la que ha influenciado la decisión de descontinuar estudios de mercado en curso o detener el arranque de estudios previamente programados, resulta contraintuitivo que, entonces, la empresa deje de conocer cuales son los nuevos atributos de mercado que su cliente final, también afectado por la misma «crisis», ahora valora más. Es decir, dejo de conocer las necesidades de mi cliente, reduciendo las posibilidades de concretar nuevas ventas, por proteger la caja o por priorizar «cosas más urgentes».
Y cómo si no fuera poco, algunas empresas le suman el recorte de publicidad. Imaginando que a pesar de que la empresa tuvo la suerte de que 1. Los cambios en el entorno económico no afectaron particularmente su negocio; y 2. Su cliente siguió valorando los mismos atributos que Ud. atiende con su propuesta de valor, se decide que comunicarle a su cliente cómo va a «seguir acompañándolo» en este proceso llamado «crisis» no es prioritario.
Entonces, habiendo analizado la «receta mágica» en la crisis:
- Eliminar la afiliación a las cámaras o gremios empresariales.
- Suspender servicios de análisis de entorno e investigación de mercado.
- Reducir la publicidad.
Surge la pregunta… Si entendemos como «estúpidas» a las personas que causan un daño a la sociedad sin obtener nada a cambio, ¿cómo llamamos a los directivos y altos gerentes que afectan a su organización o clientes, por malentender sus prioridades?
Las tres leyes… ¿de la estupidez corporativa?
[1] Un bandido es aquella persona que genera un daño a otra persona, o grupos de personas, obteniendo alguna ganancia a cambio.






