Ricardo Cusanno es un empresario venezolano. Fue presidente de Fedecámaras (2019-2021) y de la Junta Reestructuradora de la Cruz Roja Venezolana (2023-2024).
Guacamaya, 18 de enero de 2025. Durante años, Venezuela navegó por la tormenta perfecta: sanciones internacionales asfixiantes, un aparato productivo diezmado y una narrativa que presentaba al Estado y a la empresa privada como enemigos irreconciliables. Quienes decidimos quedarnos y sostener empresas, empleos y cadenas de suministro, lo hicimos movidos por una fe inquebrantable en el país y su gente. Hoy, ante un giro geopolítico de proporciones históricas, esa resiliencia no solo encuentra reconocimiento, sino su mayor oportunidad.
El cambio en el escenario internacional, con la nueva estrategia de Estados Unidos hacia Venezuela, ha puesto sobre la mesa un hecho ineludible: el capital internacional está listo para regresar de manera masiva, con un foco principal en la energía y los minerales.
Lejos de ser una amenaza, el retorno del capital internacional es la gran palanca que hemos esperado para una reconstrucción genuina y sostenible. El verdadero desafío —y nuestro llamado urgente— es garantizar que esta afluencia no nos suplante, sino que nos potencie, integrando al sector productivo nacional como pilar fundamental de este renacimiento. Un Estado fuerte se edifica sobre una economía diversa y robusta, y esta es nuestra oportunidad histórica para cimentarla.
En este contexto, valoramos positivamente el anuncio de una iniciativa legislativa orientada a modernizar el marco jurídico, pues reconoce implícitamente que la actualización normativa es un requisito indispensable para generar la confianza que demandan tanto los inversionistas nacionales como los internacionales. No obstante, la mera sustitución de leyes es insuficiente. La prueba de fuego estará en el contenido específico de la nueva normativa y en su capacidad para traducirse en una certidumbre jurídica tangible que elimine, de manera efectiva, los obstáculos que hoy frenan la producción, la inversión y el comercio, siendo todos una gran herramienta para construir mejores condiciones de vida para quienes vivimos en el país.
La Oportunidad Estratégica: Más Allá de los Barriles
La dimensión de la oportunidad es colosal. Venezuela posee las reservas probadas de petróleo más grandes del mundo, pero su producción actual es apenas una fracción de su potencial histórico. Expertos proyectan que, con las condiciones adecuadas, la producción podría aumentar en un 40% para 2027 y aspirar a recuperar niveles de millones de barriles diarios en la próxima década.
Para ello, se requerirán inversiones que se miden en cientos de miles de millones de dólares. Este no es un llamado pasivo a esperar la llegada de capitales. Es un llamado a la acción coordinada para insertar al sector productivo nacional — empresarios y trabajadores — en el centro de este renacimiento. Las principales compañías energéticas y de servicios estadounidenses ya están posicionándose, y ahora le toca al sector productivo nacional estar listos para estos retos. Su expertise y capital son necesarios, pero la reconstrucción física de la industria, la logística, la generación eléctrica y las cadenas de suministro asociadas deben ser una catapulta para la industria local.
El sector minero, con empresas internacionales manteniendo alianzas claves, presenta otra frontera de oportunidad, no solo en oro, sino en minerales estratégicos como el coltán y el níquel, entre otros, los cuales son esenciales para la transición tecnológica global. Aquí, el capital nacional y el internacional pueden forjar alianzas para desarrollar un polo industrial de alto valor.
Condiciones indispensables: Confianza, Claridad y Complementariedad
Para que esta oportunidad se materialice en beneficio de todos, se requieren bases sólidas. Los inversores internacionales, pese al entusiasmo, son categóricos en señalar los obstáculos: un marco legal que genere seguridad jurídica, la iniciativa de reforma legislativa propuesta por la Presidenta encargada, es una oportunidad para generar confianza y es necesario que toda la sociedad entre en esta discusión, pues nuestro futuro dependerá en gran medida de estos acuerdos.
Por ello, planteamos dos pilares fundamentales para esta nueva etapa:
1) Un Pacto de Garantías y Reciprocidad: Es imperativo trabajar en una reforma legislativa ágil y coherente que ofrezca certidumbre de largo plazo. La mención a la posible “desaplicación” de normas mediante mecanismos extraordinarios, si bien puede ofrecer agilidad inicial, no sustituye la necesidad de un ordenamiento jurídico estable, predecible y transparente. La inversión extranjera debe comprometerse, a su vez, con programas de transferencia tecnológica, formación de talento local y encadenamientos productivos que prioricen a proveedores venezolanos. No se trata de aislarnos, sino de integrarnos desde una posición de fortaleza y confianza.
2) Una Mesa Técnica Permanente Estado-Sector Productivo: Este espacio, lejos de ser una figura decorativa o burocrática, debe ser el núcleo donde se diseñen las políticas sectoriales. Su misión sería evaluar el impacto de cada gran proyecto (petrolero, minero, gasístico) en la industria nacional, anticipar distorsiones y crear mecanismos para que las pequeñas y medianas empresas venezolanas se conviertan en proveedoras calificadas de bienes y servicios. La prioridad debe ser crear un círculo virtuoso donde las ganancias del sector estratégico se reinviertan en la diversificación de la economía local.
Un Llamado a la Acción Conjunta
El momento exige pragmatismo y visión de Estado. A las autoridades, les instamos a que el anunciado proceso de transformación legal se cristalice en un diálogo auténtico con el sector productivo para construir, de manera conjunta, el entorno de confianza que el capital demanda. La claridad y estabilidad de las reglas son la base para fortalecer la capacidad productiva interna. A los venezolanos, los instamos a ser coparticipes del fortalecimiento del Estado.
Al binomio nacional Empresa – Trabajadores, le recordamos que su conocimiento del terreno, su resiliencia y lo que significa el capital humano son activos irremplazables que debemos poner en valor. Y a los inversionistas internacionales, les extendemos una mano firme, ofreciéndoles un país con un potencial único y un sector privado deseoso de ser un socio estratégico, no un espectador.
Venezuela se encuentra en una encrucijada que puede definir su futuro productivo por décadas. Podemos dejar que el capital internacional fluya y opere en un enclave, o podemos construir, entre todos, los acuerdos que conviertan esta afluencia en el motor definitivo de una economía soberana, diversificada y pujante. Las intenciones declaradas son un primer paso. Ahora corresponde la acción decidida y la construcción de consensos. La tarea es monumental, pero la voluntad de quienes creemos y hemos trabajado por este país es más grande todavía.
Quedarse, hoy más que nunca, fue la decisión correcta. Defender el diálogo, rechazar todo lo que desde lo interno o externo obstaculizara la mejoría para el país fue controvertido, pero inobjetablemente acertado.
Ahora es el momento de construir, juntos, sobre bases firmes y claras, el país productivo que merecemos. La Venezuela incluyente y productiva que siempre soñamos.







