Venezuela apuesta por producir más petróleo y normalizar su economía apuntando al modelo “Dubái”

Calixto Ortega, vicepresidente económico de Venezuela, dice al comentarista estadounidense Tucker Carlson que Venezuela puede salir adelante tras el 3 de enero y que el regreso de inversiones al país depende del levantamiento de sanciones unilaterales apuntando a seguir lo que califica como “modelo Dubái”. Fotografía: Emirates News Agency.

Guacamaya,4 de febrero de 2026. Venezuela busca dejar atrás la imagen de país con las mayores reservas de crudo del planeta para convertirse en uno de los principales productores de petróleo a escala global, en medio de un giro político y económico que ha reconfigurado su relación con Estados Unidos y reabierto el interés de grandes actores energéticos internacionales.

Durante su intervención en la Cumbre Mundial de Gobiernos en Dubái, el principal asesor económico del país, Calixto Ortega, afirmó que el objetivo estratégico de Venezuela es claro: “Sabemos que la referencia para Venezuela es que es el país con mayores reservas de petróleo. Queremos que dejemos de ser conocidos solo por eso y que se nos conozca como uno de los países con mayor producción”.

“Usar el modelo, por ejemplo de Dubái, que utiliza estos ingresos para diversificar la economía”, dijo respecto al objetivo de las autoridades venezolanas.

El nuevo escenario que vive Venezuela fue desarrollado con mayor profundidad por el propio Ortega en una entrevista concedida al periodista Tucker Carlson, donde expuso la visión del gobierno venezolano encabezado por Delcy Rodríguez sobre la economía tras los recientes cambios políticos.

Ortega sostuvo que, pese a las sanciones estadounidenses, Venezuela logró derrotar la hiperinflación, alcanzando en 2024 los niveles de inflación más bajos y el tipo de cambio más estable en cuatro décadas. Afirmó además que el país lideró el crecimiento del PIB en América Latina durante tres de los últimos cinco años, como muestra de la resiliencia económica bajo presión externa.

Uno de los ejes centrales de su planteamiento es la reforma de la Ley de Hidrocarburos, concebida para ofrecer condiciones favorables y seguridad jurídica a los inversionistas internacionales, con el fin de atraer capital y tecnología que permitan elevar de forma sostenida la producción petrolera.

En la entrevista, Ortega insistió en que Venezuela quiere pasar de ser un país definido por el tamaño de sus reservas a uno reconocido por su capacidad real de producción, una idea que conecta directamente con el interés de refinadoras estadounidenses y la reactivación de exportaciones hacia ese mercado.

El funcionario también explicó la creación de dos fondos soberanos con uno destinado al bienestar ciudadano —salarios y ayudas directas— y otro enfocado en infraestructura estratégica como electricidad, carreteras y servicios públicos, en un intento por canalizar los ingresos petroleros hacia la recuperación económica.

Ortega fue especialmente crítico con el impacto de las sanciones, al asegurar que no produjeron un cambio político, pero sí dañaron directamente a la población al restringir el acceso a recursos y a activos pertenecientes al propio Estado venezolano. Desde su experiencia como ex presidente del Banco Central, subrayó  desde su perspectiva las dificultades de gestionar la política monetaria sin acceso a las reservas internacionales, y llamó a la devolución inmediata de esos activos.

Finalmente, planteó que Venezuela es un “mercado natural” para sus vecinos, incluido Estados Unidos, y que el levantamiento de las sanciones representa el último gran obstáculo para la llegada de inversiones a gran escala.

 Su mensaje central fue que, si se permite a Venezuela operar como un “país normal”, sin restricciones externas, podría registrar un crecimiento extraordinario y convertirse en un caso de recuperación económica observado a nivel global.

En conjunto, la devolución de ingresos petroleros, el interés de refinadoras estadounidenses y la ambición declarada de aumentar la producción colocan a Venezuela ante una oportunidad inédita: transformar su vasta riqueza energética en un motor efectivo de estabilización y crecimiento, en un contexto geopolítico marcado por la redefinición de relaciones y la búsqueda de seguridad energética.

Ese mensaje coincide con un nuevo marco de entendimiento entre Caracas y Washington. Esta semana, Estados Unidos devolvió al gobierno venezolano los 500 millones de dólares correspondientes a una venta inicial de petróleo, acordada el mes pasado. Los últimos 200 millones fueron transferidos recientemente, según confirmó un funcionario estadounidense bajo condición de anonimato. El acuerdo se produjo tras la captura del presidente Nicolás Maduro en una operación militar estadounidense el pasado 3 de enero, un hecho que marcó un punto de inflexión en la relación bilateral.

En paralelo, el sector energético estadounidense comienza a reposicionarse frente al crudo venezolano. El director ejecutivo de Phillips 66 aseguró que la refinadora tiene la capacidad de procesar hasta 250.000 barriles diarios de petróleo proveniente de Venezuela, en un contexto de flexibilización energética y reconfiguración de flujos de crudo pesado hacia la Costa del Golfo de EE. UU.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *