Venezuela reabre el grifo petrolero: Repsol recibirá crudo mientras Shell avanza en gas y ConocoPhilips se distancia 

Dos millones de barriles de petróleo venezolano serán enviados a la petrolera española Repsol, de acuerdo con cronogramas de exportación conocidos esta semana. Se trata del primer cargamento significativo con destino a España. Por su parte, la empresa Shell, afirma que espera producir gas del yacimiento Dragón, ubicado en aguas venezolanas, en un plazo aproximado de tres años, con procesamiento en Trinidad y Tobago para su posterior exportación. Mientras tanto, la petrolera estadounidense ConocoPhillips dejó claro que no contempla ningún retorno operativo a Venezuela. Visual de la Sede de Repsol Technology Lab en España. Fotografía de la Galería Multimedia de Repsol

Guacamaya, 6 de febrero de 2026. El envío de casi dos millones de barriles de crudo venezolano a Repsol marca un movimiento energético importante tras la flexibilización de sanciones de Estados Unidos, en un contexto de reapertura selectiva del sector petrolero venezolano. Mientras compañías europeas como Repsol y Shell exploran oportunidades, la estadounidense ConocoPhillips descarta cualquier retorno y se enfoca exclusivamente en cobrar una multimillonaria deuda pendiente.

La agencia Reuters indicó que cerca de dos millones de barriles de petróleo venezolano serán enviados a la petrolera española Repsol, de acuerdo con cronogramas de exportación conocidos esta semana. Se trata del primer cargamento significativo con destino a España desde el primer trimestre del año pasado, cuando se interrumpieron las importaciones tras la revocatoria de licencias por parte de Washington.

El nuevo flujo se produce después de que, el pasado viernes, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos emitiera una licencia amplia que autoriza a empresas estadounidenses a cargar, transportar, almacenar, comercializar y refinar petróleo venezolano, un giro sustancial en la política de sanciones hacia el país sudamericano.

Según Reuters Repsol confirmó que algunos crudos pesados venezolanos son técnicamente compatibles con sus refinerías, incluida la de Cartagena, y expresó interés en contar con suministros estables provenientes de Venezuela, lo que refuerza la percepción de una reapertura gradual del mercado energético venezolano hacia actores europeos.

En paralelo, la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, sostuvo esta semana reuniones en Caracas con ejecutivos de Repsol y de la firma francesa Maurel & Prom, poco después de que el Parlamento aprobara una reforma integral de la Ley de Hidrocarburos. La modificación concede un plazo de seis meses para que el Ejecutivo y los socios de las empresas mixtas de PDVSA renegocien y actualicen los términos contractuales vigentes.

Para España, el retorno del crudo venezolano no es únicamente una decisión comercial, sino también una jugada estratégica en clave energética y geopolítica. En un contexto marcado por tensiones recurrentes con Marruecos y una relación frágil y políticamente sensible con Argelia, principal proveedor histórico de gas para el mercado español, la diversificación de fuentes de hidrocarburos se ha convertido en una prioridad para Madrid.

La crisis diplomática con Argel en 2022, tras el respaldo del gobierno español al plan marroquí para el Sáhara Occidental, dejó en evidencia la vulnerabilidad energética de España frente a sus suministradores del Magreb. Aunque los flujos de gas argelino no se interrumpieron completamente, sí se encarecieron y quedaron sujetos a una relación política volátil, mientras el cierre del gasoducto Magreb–Europa —que atravesaba Marruecos— profundizó la incertidumbre regional.

En este escenario, el petróleo venezolano aparece como una fuente alternativa atractiva por varias razones. En primer lugar, por su compatibilidad técnica con las refinerías españolas, particularmente las de Repsol, diseñadas para procesar crudos pesados y extrapesados. En segundo lugar, por tratarse de un suministro marítimo, flexible y no condicionado por disputas territoriales o tensiones fronterizas inmediatas, a diferencia de los flujos energéticos del norte de África.

Además, el restablecimiento parcial de relaciones energéticas con Venezuela se produce en un momento en el que España busca reducir riesgos geopolíticos concentrados, diversificando proveedores sin depender en exceso ni de Rusia ni del Magreb. Para Repsol, con presencia histórica en Venezuela y conocimiento operativo del país, el regreso controlado al crudo venezolano ofrece ventajas competitivas frente a otros operadores europeos.

Desde una perspectiva más amplia, la reapertura del canal venezolano permite a España ganar margen de maniobra en su política exterior energética, amortiguando eventuales presiones de Marruecos o Argelia y reforzando su posición como hub energético del sur de Europa. En ese sentido, el interés de Repsol por suministros estables desde Venezuela refleja no solo una lógica empresarial, sino también una convergencia entre estrategia corporativa y necesidades estructurales del Estado español.

El gas también entra en escena: Shell y Trinidad y Tobago 

El reacomodo energético no se limita al petróleo. El director ejecutivo de Shell, Wael Sawan, afirmó que la compañía espera producir gas del yacimiento Dragón, ubicado en aguas venezolanas, en un plazo aproximado de tres años, con procesamiento en Trinidad y Tobago para su posterior exportación.

Shell y el gobierno trinitense buscan reforzar el suministro de gas natural hacia las plantas de GNL del Atlántico y el sector petroquímico, en medio de una caída sostenida de la producción local en la isla caribeña.

Trinidad y Tobago obtuvo su primera licencia de la OFAC para el campo Dragón en enero de 2023, designando a Shell y a la estatal NGC como licenciatarias. Esa autorización fue cancelada en mayo de 2025, pero una nueva licencia emitida en octubre permitió retomar las negociaciones para el desarrollo del proyecto.

“Estamos esperando en este momento esas licencias OFAC del gobierno de Estados Unidos y, en un plazo relativamente corto, creemos que podríamos llegar a una decisión final de inversión, con producción uno o dos años después”, señaló Sawan en declaraciones a Bloomberg TV. En una entrevista posterior con CNBC, el ejecutivo aseguró que la oportunidad del gas Dragón podría “activarse en unos meses”.

Shell considera que el proyecto encaja con la estrategia de Washington tras la destitución de Nicolás Maduro y el impulso estadounidense a la inversión energética en Venezuela. “Será beneficioso para el pueblo venezolano, excelente para Trinidad y Tobago, y totalmente coherente con la política que Estados Unidos está tratando de implementar”, afirmó Sawan.

ConocoPhillips: sin regreso, solo cobro

En contraste con el renovado interés europeo, la petrolera estadounidense ConocoPhillips dejó claro que no contempla ningún retorno operativo a Venezuela. Su director ejecutivo, Ryan Lance, declaró el 5 de febrero que la prioridad exclusiva de la compañía es el cobro de la deuda derivada de las nacionalizaciones ejecutadas hace casi dos décadas.

Según laudos arbitrales internacionales —incluidos fallos del CIADI— Venezuela adeuda a ConocoPhillips alrededor de 10.000 millones de dólares, montos que siguen sin ejecutarse pese a su validez legal.

Lance descartó planes de inversión nueva incluso ante las presiones del presidente estadounidense Donald Trump para que compañías norteamericanas participen en la reactivación del sector petrolero venezolano. “No contemplamos el retorno a operaciones en territorio venezolano”, subrayó, señalando que la empresa se limita a seguir vías legales para recuperar lo adeudado.

La postura de ConocoPhillips refleja las tensiones persistentes entre el Estado venezolano y parte del capital extranjero, en un escenario todavía marcado por sanciones, litigios internacionales y una profunda crisis económica.

Mientras tanto, reportes de Reuters y Bloomberg muestran un sector energético venezolano que comienza a reactivarse de forma asimétrica: con mayor apertura a actores europeos y regionales, pero con cautela —y distancia— por parte de las grandes petroleras estadounidenses.

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