Delegación de la República Popular China encabezado por Qiu Xiaoqi, enviado especial del mandatario chino Xi Jinping junto al equipo de la embajada del país asiático en Venezuela se reúne con Nicolás Maduro. Fotografía: Prensa Presidencial
Guacamaya, 2 de enero de 2026. El presidente Nicolás Maduro recibió en Caracas a Qiu Xiaoqi, enviado especial del mandatario chino Xi Jinping, en una visita marcada por el aumento de la presión militar y económica de Estados Unidos sobre Venezuela y por el creciente protagonismo de China como principal socio energético del país sudamericano.
El encuentro se realizó este lunes en el Palacio de Miraflores, donde Maduro sostuvo conversaciones con Qiu Xiaoqi en presencia de la vicepresidenta ejecutiva Delcy Rodríguez y del canciller Yván Gil. Por la parte china participó también el embajador de Pekín en Caracas, Lan Hu, según informó Venezolana de Televisión (VTV).
De acuerdo con la televisora estatal, la visita tuvo como objetivo revisar el estado de los más de 600 acuerdos de cooperación suscritos entre ambas naciones, que abarcan sectores estratégicos como energía, infraestructura, tecnología, financiamiento y cooperación política.
China se mantiene como el principal destino del petróleo venezolano: cerca de 700.000 barriles diarios de los aproximadamente 1,2 millones que produce actualmente PDVSA se exportan al país asiático a descuento.
La presencia del enviado especial chino se produce en un contexto de creciente confrontación entre Caracas y Washington. Desde agosto, Estados Unidos mantiene un despliegue aeronaval en el Caribe que, según sus autoridades, busca combatir el narcotráfico, pero que el Gobierno venezolano califica como una amenaza directa a su soberanía. Pekín ha criticado abiertamente estas operaciones, acusando a Estados Unidos de violar el derecho internacional, especialmente tras la incautación de buques que transportaban crudo venezolano.
El pasado 22 de diciembre, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, Lin Jian, reiteró la oposición de su país a las sanciones unilaterales contra Venezuela, al considerar que carecen de base legal y no cuentan con el aval del Consejo de Seguridad de la ONU.
“Venezuela tiene derecho a desarrollar de forma independiente una cooperación mutuamente beneficiosa con otros países”, sostuvo entonces.
Las tensiones se intensificaron tras el anuncio del presidente estadounidense Donald Trump sobre un ataque contra una “gran instalación” vinculada, según Washington, a una red de narcotráfico presuntamente liderada por Venezuela. Informaciones del New York Times apuntaron a un ataque con drones contra una instalación portuaria venezolana, extremo que Maduro no confirmó ni desmintió, aunque aseguró que el sistema defensivo del país ha garantizado la integridad territorial.
En paralelo, se han registrado fricciones en el ámbito marítimo y energético. Rusia solicitó formalmente a Estados Unidos cesar la persecución de un petrolero que se dirigía a Venezuela para cargar crudo, episodio que se suma a las recientes sanciones impuestas por Washington contra empresas vinculadas al sector petrolero venezolano.
Buena parte de esos tanqueros suelen trasladar el petróleo venezolano hasta varias refinerías chinas, por lo que el bloqueo estadounidense estaría perturbando los intereses energéticos y del cobro de deuda del país asiático que en este momento se encuentra desarrollando maniobras militares cerca de Taiwán.
La visita de Qiu Xiaoqi —un diplomático de alto nivel con amplia trayectoria en América Latina y exembajador de China en Brasil y México— debe leerse como una señal política deliberada en un momento de reconfiguración del tablero geopolítico, puesto que es uno de sus funcionarios con más experiencia respecto a América Latina donde Washington ve la presencia China como una amenaza.
Hasta ahora China solo había hecho pronunciamientos públicos, especialmente en Naciones Unidas, por ende puede decirse que la visita marca un punto importante en la implicación del país en el conflicto venezolano
Además, la presencia del enviado especial coincide con una intención de elevar a una fase de mayor la coordinación entre China, Rusia e Irán con aliados estratégicos como Venezuela, Cuba y Nicaragua frente a la presión estadounidense sobre las rutas energéticas y marítimas. El mensaje implícito que busca proyectar Miraflores es que Venezuela no está aislada y que cualquier escalada contra Caracas tiene implicaciones que trascienden lo bilateral. Para China, respaldar diplomáticamente a Venezuela también refuerza su narrativa de liderazgo alternativo en el orden internacional, al tiempo que limita el margen de maniobra de Washington en una región que históricamente ha considerado su esfera de influencia.
Mientras tanto, en Irán también se desarrollan importantes protestas y existe una tensión militar relevante en con Estados Unidos e Israel que también tiene implicaciones energéticas para China. A esto hay que añadir el aumento de tensiones en el Mar Rojo tras el reconocimiento israelí de Somalilandia como Estado oficial que ha elevado la escalada en ese importante corredor comercial y energético.
En tal sentido, la visita del Enviado Especial de la República Popular China debe leerse en un contexto global que no implica a Venezuela únicamente







