Las claves de la intervención de Marco Rubio ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos 

Marco Rubio, Secretario de Estado y Asesor de Seguridad Nacional de EE. UU., durante su comparecencia el miércoles ante el Senado. Fotografía: Fox News.

Guacamaya, 28 de enero de 2026. El secretario de Estado presentó la operación del 3 de enero como una acción policial “quirúrgica”, negó una ocupación militar y aseguró que Washington ya trabaja con un gobierno interino en Caracas, al tiempo que enfrenta crecientes cuestionamientos en el Congreso por el alcance del poder presidencial.

Marco Rubio, compareció este miércoles ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado para defender la política de la administración Trump tras la captura de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, una operación que calificó como “selectiva de aplicación de la ley” y no como un acto de guerra o intervención militar.

En su testimonio, preparado para ser leído y difundido públicamente, Rubio insistió en que “no hay guerra contra Venezuela” ni tropas estadounidenses desplegadas en su territorio. Según explicó, la acción tuvo como objetivo arrestar a “dos fugitivos de la justicia estadounidense”, Maduro y Cilia Flores, ambos acusados de narcotráfico, quienes ahora enfrentarán juicio en Estados Unidos.

Rubio describió al régimen de Maduro como una “amenaza de seguridad” y un “riesgo estratégico masivo” para el hemisferio occidental, acusándolo de haber convertido a Venezuela en una plataforma para adversarios de Washington como Irán, Rusia y Cuba. En ese marco, sostuvo que Maduro no era un jefe de Estado legítimo, recordando que más de 50 países —incluidos Estados de la Unión Europea y de América Latina— desconocieron su reelección tras las controvertidas elecciones de 2024.

El secretario de Estado vinculó directamente al chavismo con el Cartel de los Soles, al que responsabilizó de inundar a Estados Unidos de drogas, saquear la industria energética venezolana y provocar una crisis humanitaria que forzó a más de ocho millones de personas a abandonar el país, lo que calificó como “la mayor crisis migratoria del mundo”.

Uno de los puntos más sensibles de su comparecencia fue la relación de Washington con el nuevo liderazgo interino en Caracas. Rubio confirmó que Delcy Rodríguez ha asumido el control de las autoridades transitorias y describió la relación como “productiva y respetuosa”, aunque advirtió que se trata de un proceso condicionado. Según dijo, Rodríguez se ha comprometido a abrir el sector energético a empresas estadounidenses, dar acceso preferencial a la producción, cortar el suministro de petróleo a Cuba y avanzar en una reconciliación nacional.

“No vamos a dar un giro de 180 grados en una sola noche, pero estamos logrando buenos progresos. Estamos mejor en Venezuela de lo que estábamos hace cuatro semanas”, afirmó Rubio, dejando claro que EE. UU. supervisará de cerca el cumplimiento de un plan “por etapas” para la estabilización del país.

Al mismo tiempo, lanzó una advertencia explícita: si el liderazgo interino se desvía de los objetivos fijados por Washington, Estados Unidos “está preparado para usar la fuerza” para garantizar la cooperación. “Esperamos no tener que hacerlo, pero no rehuiremos nuestra responsabilidad”, subrayó.

Rubio insistió en que Washington no está apostando por un nuevo tutelaje indefinido sobre Caracas. “Esto es una transición”, recalcó ante los senadores, subrayando que Estados Unidos no respaldará de forma permanente a un poder político señalado por corrupción. En ese marco, introdujo una distinción clave: afirmó que, hasta donde alcanza el conocimiento de la administración estadounidense, Delcy Rodríguez no enfrenta imputaciones judiciales, lo que —según dio a entender— abre un margen operativo para conducir una etapa provisional bajo estricta supervisión.

A partir de ahí, el secretario de Estado estructuró la hoja de ruta en torno a tres grandes objetivos. El horizonte final, dijo, es una Venezuela “aliada, estable, próspera y democrática”, con elecciones libres y justas en las que estén representados todos los sectores políticos. Rubio fue enfático en que el simple acto de votar no basta si la oposición carece de acceso real a los medios de comunicación o si persisten prácticas como la inhabilitación de candidatos. Al mismo tiempo, reconoció los límites del corto plazo: ese escenario, admitió, “no se construye en semanas”, sino que requerirá tiempo y un proceso gradual.

En el plano económico, Rubio anunció que la administración Trump está dispuesta a flexibilizar el marco sancionatorio para facilitar la recuperación. En concreto, adelantó que el Departamento del Tesoro concederá licencias de la OFAC para permitir que empresas estadounidenses inviertan en Venezuela, especialmente en sectores estratégicos. Además, señaló que se impulsará legislación en el Congreso destinada a facilitar esas inversiones y a dinamizar la economía venezolana como parte del proceso de estabilización.

Finalmente, el jefe de la diplomacia estadounidense se refirió a la líder opositora María Corina Machado, de quien destacó su conocimiento personal y una relación de años. Rubio afirmó que ha trabajado de cerca con ella, que tenía previsto volver a reunirse en el corto plazo y que su participación no está descartada dentro del proceso de transición, sugiriendo que figuras de la oposición democrática podrían tener un rol en la nueva etapa política del país.

La comparecencia también estuvo marcada por tensiones legislativas. Rubio enfrentó críticas de senadores demócratas y de algunos republicanos preocupados por una posible extralimitación del poder presidencial. El debate se produce tras un intento reciente del Senado de limitar la autoridad militar de Trump en Venezuela, iniciativa que fue bloqueada gracias al voto de desempate del vicepresidente JD Vance.

Además, el secretario fue interrogado por los ataques estadounidenses contra embarcaciones sospechosas de narcotráfico en el Caribe, operaciones que, según cifras citadas en la audiencia, han causado la muerte de al menos 126 personas desde septiembre de 2025.

Pese a las críticas, Rubio cerró su intervención reafirmando la doctrina central de la administración Trump: el hemisferio occidental como “hogar” de Estados Unidos. “No toleraremos que la criminalidad o nuestros adversarios utilicen territorio en esta región para dañar a los estadounidenses”, concluyó, defendiendo la operación en Venezuela como un precedente de bajo costo militar y alto impacto estratégico.

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