Bloomberg: Interferencia electrónica bloquea el espacio aéreo venezolano en plena escalada militar entre EE. UU. y Maduro

Situación del espacio aéreo venezolano a las 15:04 p.m del 28 de noviembre de 2025. Fotografía: App Aviones en vivo.

Guacamaya, 28 de noviembre de 2025. La agencia Bloomberg ha registrado mediante mapas satelitales una ola creciente de interferencias electromagnéticas está volviendo prácticamente intransitable el espacio aéreo venezolano, desviando vuelos comerciales y obligando a varias aerolíneas internacionales a suspender operaciones. El fenómeno coincide con el despliegue naval más importante de EE. UU. en el Caribe en años y con el estado de alerta decretado por Nicolás Maduro, alimentando temores de un conflicto regional y dejando a Venezuela aislada en el mapa de navegación aérea.

Una pared invisible de ruido electromagnético se ha extendido sobre el Caribe y, en particular, sobre el espacio aéreo venezolano, provocando desvíos, cancelaciones y una creciente sensación de inseguridad entre pilotos y aerolíneas. Lo que para un usuario en Caracas puede traducirse en un mapa que carga lento o en un punto azul que salta de ubicación, en un avión a 30.000 pies supone una amenaza directa a los sistemas de navegación.

El incremento de estas señales disruptivas coincide con un notable aumento de la presencia militar de Estados Unidos en el Caribe: operaciones contra embarcaciones presuntamente dedicadas al narcotráfico —que han dejado más de 80 muertos— y la reciente llegada del USS Gerald R. Ford, el portaaviones más grande del mundo. En paralelo, el gobierno de Nicolás Maduro ha colocado a las Fuerzas Armadas en máxima alerta ante lo que percibe como el preludio de una posible acción militar estadounidense.

El resultado es un espacio aéreo cada vez más riesgoso. La Administración Federal de Aviación (FAA) emitió el 20 de noviembre una alerta crítica que advertía de “interferencias elevadas” en la región. Sin embargo, datos analizados por Bloomberg muestran que el fenómeno ya venía intensificándose varias semanas antes, coincidiendo con el despliegue naval estadounidense. La perturbación electrónica afecta al sistema de navegación satelital global (GNSS), indispensable para aviones comerciales, rutas marítimas y millones de dispositivos.

Imágenes del sistema CYGNSS de la NASA muestran claramente el patrón de interferencia, cuya intensidad se ha disparado respecto al mismo periodo de 2024. Y sus efectos no tardaron en sentirse: aerolíneas como Avianca, Iberia y Gol suspendieron sus rutas hacia Venezuela, mientras la autoridad aeronáutica venezolana presiona para que restablezcan sus vuelos bajo amenaza de retirar permisos de aterrizaje. Según FlightAware, desde el viernes la mayoría de las aeronaves evitan volar sobre territorio venezolano.

“El nivel de interferencia GPS suele asociarse con zonas de conflicto”, explica Dana Goward, presidente de la Resilient Navigation and Timing Foundation. Casos similares se vieron en Europa del Este tras la invasión rusa de Ucrania, cuando vuelos oficiales de alto nivel sufrieron anomalías de navegación.

Datos de Spire Global revelan que, incluso antes de la alerta de la FAA, más del 10% del tráfico aéreo en el área ya reportaba señales degradadas en el protocolo ADS-B, la tecnología que transmite automáticamente la posición del avión para evitar colisiones. Parte del problema es técnico: la mayoría de los aviones aún depende de la señal GPS L1, antigua y fácilmente interferible. La señal L5, más robusta, sigue siendo minoritaria en la flota global. “Los receptores de aviación suelen tener 20 años”, señala Todd Humphreys, experto en radionavegación de la Universidad de Texas.

El impacto no se limita a los aviones. Las interferencias también afectan a satélites en órbita baja, incluidas constelaciones como Starlink y OneWeb. Por ahora, según Humphreys, estas redes “resisten la tormenta”, pero el riesgo es creciente.

Aunque identificar el origen del bloqueo es casi imposible, los especialistas coinciden en que responde a actividades militares. Desde septiembre, Washington ha destruido embarcaciones que vincula con narcotráfico y el despliegue del Gerald R. Ford coincide con patrones de interferencia frente a Trinidad y Tobago. Las flotas navales modernas suelen emplear “domos” de bloqueo GPS para protegerse de ataques con drones.

Del lado venezolano, la interferencia satelital también forma parte de su doctrina defensiva desde el intento de magnicidio con drones contra Maduro en 2018, cuando el país reforzó sus capacidades de guerra electrónica con asesoría rusa. “Históricamente, este nivel de ruido está altamente correlacionado con actividad militar”, destaca Margaux García, analista de C4ADS a la agencia Bloomberg 

Mientras tanto, aerolíneas, pasajeros y ciudadanos venezolanos observan con creciente preocupación la evolución del conflicto. La navegación aérea, el acceso a internet y hasta actividades cotidianas dependen de señales GNSS ahora vulneradas por un pulso militar incierto. Con un muro invisible sobrevolando el Caribe, el próximo movimiento podría redefinir el equilibrio regional.

El auge de la interferencia GNSS sobre Venezuela revela cómo la competencia estratégica entre Estados Unidos y el gobierno de Nicolás Maduro ha entrado en una fase donde lo militar-electrónico sustituye —o antecede— a las confrontaciones diplomáticas tradicionales. La región del Caribe, históricamente un espacio de proyección estadounidense y puente hacia las rutas atlánticas, vuelve a convertirse en un tablero de presión y contrapesos, esta vez marcado por tecnologías que dejan pocas huellas visibles pero efectos inmediatos sobre la seguridad regional. Para Washington, el despliegue naval busca mostrar disuasión y control frente a supuestas redes ilícitas y gobiernos considerados hostiles. Para Caracas, la guerra electrónica es parte de su arquitectura defensiva tras años de sanciones, amenazas retóricas y alianzas con Rusia y China, que han transferido conocimientos clave en operaciones de bloqueo satelital. El resultado es una atmósfera de riesgo que trasciende la aviación: la interferencia sistemática sugiere que ambos actores se preparan para escenarios de tensión prolongada, donde la capacidad de navegar, comunicarse y operar sistemas críticos podría convertirse en la próxima gran arma geopolítica en el hemisferio. 

La situación también debe leerse a la luz de la creciente integración tecnológica entre Venezuela y Rusia, particularmente en torno al sistema de navegación satelital GLONASS. En un escenario de interferencia masiva del GPS occidental, contar con infraestructura asociada a GLONASS otorga a Caracas redundancia estratégica y un margen de autonomía frente a sistemas bajo influencia estadounidense. Esta presencia rusa no solo profundiza la interdependencia militar, sino que añade una capa geopolítica clave proporcionan capacidades a Venezuela.

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