BlackRock y JPMorgan ven un impacto financiero limitado tras el 3 de enero en Venezuela 

Guacamaya, 19 de enero de 2026. La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro han tenido un enorme peso político y simbólico. Sin embargo, para los grandes actores de Wall Street el episodio no altera, por ahora, las coordenadas centrales de los mercados globales. BlackRock y JPMorgan coinciden en que el caso venezolano se inserta en un mundo más fragmentado, pero sin capacidad inmediata de generar contagio financiero sistémico.

BlackRock: Venezuela como síntoma, no como detonante

Desde la óptica de BlackRock, el mayor gestor de activos del mundo, lo ocurrido en Venezuela no representa un shock exógeno capaz de reconfigurar portafolios globales. Por el contrario, encaja dentro de un marco analítico ya asumido por la firma: un “nuevo régimen macroeconómico” caracterizado por la fragmentación geopolítica, la transición energética y una mayor dispersión de resultados a largo plazo.

En su informe más reciente, BlackRock subraya que la operación estadounidense confirma la existencia de lo que denomina un “tercer orden mundial” desde la Segunda Guerra Mundial. Un orden en el que Estados Unidos redefine activamente sus relaciones económicas y estratégicas, pero sin que cada episodio de tensión se traduzca automáticamente en volatilidad financiera global.

Ese diagnóstico explica por qué la firma no ha modificado su posicionamiento. BlackRock mantiene su sobreponderación en acciones estadounidenses, su apuesta estructural por el sector tecnológico —especialmente inteligencia artificial— y su exposición a bonos de mercados emergentes en moneda dura. La lectura es clara: el evento venezolano tiene relevancia política, pero carece de la escala necesaria para alterar el apetito global por riesgo.

Incluso la incertidumbre sobre el futuro político del país —incluido el posible rol de Delcy Rodríguez en un liderazgo interino— es vista como un factor de ruido más que como una amenaza sistémica. Para BlackRock, la ausencia de un plan político y militar definido en Venezuela incrementa la incertidumbre local, pero “eso puede no importar mucho a los mercados globales”.

En el plano de materias primas, la evaluación es igualmente contenida. La firma no espera cambios significativos en la producción venezolana de petróleo, gas o minerales en el corto plazo, lo que reduce la probabilidad de impactos macroeconómicos vía el canal de commodities.

JP Morgan: el foco está en los activos pero son pocos y muy concentrados

El enfoque de JPMorgan es distinto, más microeconómico y centrado en activos específicos. El banco no se pregunta si Venezuela moverá los mercados globales —da eso prácticamente por descartado—, sino qué activos concretos podrían verse afectados por una eventual recomposición política y económica.

La conclusión es contundente: la exposición bursátil directa a Venezuela es hoy marginal. Según el informe liderado por Diego Celedón, de las 12 compañías con operaciones relevantes en el país en 2013, la mitad ha salido del mercado o se ha deslistado. Entre las que permanecen, Venezuela representa menos del 5% de ventas o EBITDA en casi todos los casos.

Empresas como MercadoLibre, Telefónica o Arcos Dorados reportan impactos inferiores al 1% en sus métricas clave. Coca-Cola Femsa mantiene una presencia algo mayor, pero aún marginal, con cerca del 2% de su volumen total de ventas. Masisa, con una exposición cercana al 5%, aparece como una de las pocas excepciones industriales con un vínculo todavía relevante.

Para JPMorgan, el verdadero punto de atención no está en las multinacionales diversificadas, sino en un puñado de firmas altamente concentradas. Rusoro Mining y Gold Reserve destacan por una exposición casi total a activos venezolanos: 100% en el caso de Rusoro y 99% en el de Gold Reserve. Ambas han enfrentado durante años disputas legales, bloqueos regulatorios y severas restricciones operativas, lo que las convierte en apuestas de alto riesgo altamente dependientes del desenlace político.

El banco subraya que cualquier reducción significativa de la prima de riesgo venezolana dependerá de la estabilidad del nuevo marco político y de señales claras en sectores clave como energía y finanzas, donde Estados Unidos parece concentrar su interés estratégico.

Otras firmas: cautela, pero sin alarmas

En líneas generales, otras casas de análisis internacionales se mueven en un registro similar. La narrativa dominante es la de un evento importante desde el punto de vista geopolítico, pero acotado en términos financieros. La razón de fondo es estructural: tras una década de sanciones, defaults y aislamiento, Venezuela dejó de ser un nodo relevante en los flujos globales de capital.

Para los inversores internacionales, el país ya estaba “desconectado” en gran medida del sistema financiero global. Por ello, incluso un giro político abrupto genera más preguntas de mediano plazo que reacciones inmediatas en los mercados.

Un evento político en un mundo fragmentado

El consenso implícito entre BlackRock, JPMorgan y otras firmas es revelador: la captura de Maduro no cambia el mapa financiero global porque el mapa ya había cambiado antes. En un mundo más fragmentado, con cadenas de valor regionalizadas y flujos de capital más selectivos, no todos los eventos geopolíticos tienen la capacidad de convertirse en crisis financieras.

Venezuela vuelve al centro del debate político internacional, pero para los grandes gestores de activos sigue siendo, por ahora, una variable periférica en la ecuación de los mercados globales.

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