Citgo es la joya de la corona de PDVSA en cuanto a sus activos en el exterior: cuenta con la séptima mayor red de refinación en Estados Unidos y miles de estaciones de servicio a través de su franquicia. Fotografía: Tyler A. McNeil.
Guacamaya, 17 de marzo de 2026. La petrolera estatal PDVSA ha vuelto a reorganizar la dirección de sus filiales en Estados Unidos, reafirmando a Asdrúbal Chávez Jiménez como cabeza de PDV Holding y de su filial Citgo, en medio de la compleja encrucijada política, legal y económica que atraviesa Venezuela.
Este movimiento se produce mientras la refinadora, clave tanto para la economía venezolana como para el sistema energético estadounidense, continúa atrapada en un proceso de subasta generado por las disputas judiciales con acreedores internacionales de Venezuela.
La decisión llega también poco después de que la administración Trump reafirme su reconocimiento hacia Delcy Rodríguez como “única jefa de Estado” de Venezuela, empezando a romper así siete años de la crisis de representación del Gobierno del país: PDV Holding se encuentra en manos de la junta directiva de “PDVSA Ad Hoc”, nombrada por la autodenominada Asamblea Nacional del 2015.
La situación refleja cómo Citgo, más que un activo corporativo, se ha convertido en un instrumento estratégico en el cruce entre la política, las sanciones y la seguridad energética.
Un nuevo movimiento en la dirección de las filiales
La estatal Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) ratificó a Asdrúbal Chávez Jiménez como presidente de sus principales filiales en Estados Unidos —PDV Holding, Citgo Holding Inc. y Citgo Petroleum Corp.— en una decisión orientada a consolidar el control operativo y estratégico sobre sus activos en el exterior.
Como parte de esta reestructuración, también fueron incorporados como nuevos directores Nelson José Ferrer Sánchez, Alejandro José Escarrá Gil y Ricardo Javier Gómez Rincón, reforzando así la estructura directiva de las filiales.
El regreso de Chávez coincide con un momento clave en el ámbito político-legal en Estados Unidos. El Departamento de Justicia de Estados Unidos y el Departamento de Estado de Estados Unidos presentaron recientemente una comunicación ante una corte federal en Nueva York que valida la representación de Delcy Rodríguez en asuntos relacionados con activos venezolanos en el exterior, incluido Citgo.
Historia y relevancia geopolítica de Citgo
Citgo Petroleum Corp. tiene sus orígenes en 1910 bajo el nombre de Cities Service, evolucionando con el tiempo hasta convertirse en un actor clave en la refinación y distribución de combustibles en Estados Unidos.
Su incorporación al entramado venezolano se produjo en dos fases: en 1986, Petróleos de Venezuela S.A. adquirió el 50% de la compañía, y en 1990 completó la compra total. Esta estrategia respondió a la necesidad de asegurar mercados para el crudo venezolano en el mayor consumidor energético del mundo, permitiendo, además, capturar valor a lo largo de toda la cadena, desde la producción hasta la distribución.
Con el tiempo, Citgo se consolidó como un actor relevante en el sistema energético estadounidense, con refinerías clave en Texas, Luisiana e Illinois, así como una amplia red de infraestructura y comercialización. Para Venezuela, ha sido un activo estratégico para generar ingresos y asegurar presencia en el mercado estadounidense; para Estados Unidos, representa una pieza importante en su capacidad de refinación, especialmente de crudos pesados.
Citgo bajo la junta “Ad Hoc”: “Gobierno Interino” y “Asamblea Nacional del 2015”
La situación de Citgo cambió drásticamente en 2019, tras el reconocimiento internacional del gobierno interino liderado por Juan Guaidó y el desconocimiento de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos.
En este contexto, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos bloqueó el acceso del gobierno de Maduro a activos en territorio estadounidense, lo que permitió que fueran administrados por representantes designados por la Asamblea Nacional de 2015.
Así se conformó la “Junta Administradora Ad Hoc” de PDVSA, que asumió el control de PDV Holding y, por extensión, de Citgo. Su objetivo principal fue preservar el activo frente a acreedores internacionales y garantizar la continuidad operativa de la empresa.
Durante este período, Citgo se convirtió en un frente central de disputas legales, enfrentando reclamaciones de empresas y tenedores de deuda que buscaban ejecutar activos venezolanos en el exterior.
Sin embargo, la legitimidad y sostenibilidad de este esquema dependieron siempre del reconocimiento político internacional. A medida que ese respaldo fue erosionándose y Washington cambiaba de postura, también se abrió un nuevo escenario en el que el control de Citgo volvió a entrar en disputa, lo que marcó el tránsito hacia la situación actual.
Con el tiempo, la junta “Ad Hoc” recibió fuertes cuestionamientos de otros sectores políticos, incluso dentro de la oposición, por falta de transparencia.
Acreedores y la amenaza constante sobre Citgo
Citgo ha sido el principal objetivo de acreedores internacionales que buscan cobrar deudas de Venezuela mediante activos en el exterior. Entre los casos más destacados se encuentra el de Crystallex, que logró avanzar en tribunales estadounidenses para embargar acciones de PDV Holding.
A este proceso se han sumado otros actores como ConocoPhillips y los tenedores de bonos PDVSA 2020, generando un entramado legal altamente complejo.
Tribunales en Delaware han impulsado mecanismos para organizar la subasta de PDV Holding con el objetivo de satisfacer reclamaciones que superan los 20.000 millones de dólares, lo que mantiene a Citgo bajo una amenaza constante de cambio de propiedad.
Así, la disputa con acreedores no solo es un asunto financiero, sino un elemento central en la geopolítica de los activos venezolanos. El destino de Citgo dependerá en gran medida de cómo se resuelva este conflicto entre derechos de cobro, decisiones judiciales y consideraciones estratégicas del gobierno estadounidense, que ve en la empresa no solo un activo económico, sino una pieza clave dentro de su sistema energético
El fallo sobre los bonos PDVSA 2020
A finales de 2025, la jueza Katherine Polk Failla determinó que los bonos PDVSA 2020 son válidos bajo la legislación venezolana, fortaleciendo la posición de los acreedores.
Dado que estos bonos estaban respaldados por acciones de PDV Holding, el fallo incrementa la presión sobre la estructura de protección que rodea a Citgo, en un contexto donde la subasta de la empresa matriz avanza en los tribunales de Delaware.
OFAC y el “escudo” regulatorio sobre Citgo
A pesar de la presión de los acreedores, la venta de Citgo sigue dependiendo de la aprobación de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) y, por tanto, de las directrices de política exterior de la Casa Blanca.
A partir de 2019, cuando Washington impuso sanciones al sector petrolero venezolano, Citgo quedó protegida por un entramado de licencias emitidas por la OFAC que, en la práctica, han bloqueado cualquier intento de embargo o transferencia de propiedad sin autorización expresa del gobierno estadounidense. Este mecanismo ha funcionado como un “escudo legal”, congelando la capacidad de los acreedores —incluidos los tenedores de bonos de Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA)— para ejecutar garantías sobre las acciones de la empresa.
Desde 2019, este organismo ha emitido licencias que bloquean cualquier intento de ejecución de activos sin autorización expresa. Estas medidas han protegido especialmente a Citgo frente a los tenedores de bonos PDVSA 2020, impidiendo que ejecuten garantías sobre la empresa.
En diciembre de 2025, Estados Unidos prorrogó nuevamente estas protecciones, que han estado vigentes durante más de seis años. Este sistema de licencias ha funcionado como un mecanismo de control político y estratégico, evitando una transferencia desordenada del activo.
La decisión de prorrogar estas protecciones —como ocurrió en diciembre pasado— refleja un cálculo político más amplio por parte de Washington. Por un lado, busca evitar una transferencia desordenada de un activo estratégico a actores privados o incluso a intereses extranjeros; por otro, mantiene margen de maniobra sobre el futuro de Citgo en función de la evolución de la política hacia Venezuela.
En este sentido, cualquier proceso de subasta o cambio de propiedad que avance en tribunales estadounidenses sigue siendo, en última instancia, condicional. Sin la “luz verde” de la OFAC, ninguna transacción puede concretarse. Esto convierte al Departamento del Tesoro de Estados Unidos en un actor decisivo en el destino de Citgo, por encima incluso de los propios acreedores.
La presencia de Rosneft y la geopolítica del petróleo
La presencia de Rosneft en la estructura de Citgo, a través de la garantía del 49,9% de sus acciones, representó un punto crítico en la intersección entre finanzas y geopolítica.
Este acuerdo, derivado de un préstamo de 1.500 millones de dólares otorgado en 2016, implicaba que una empresa estatal rusa podría haber adquirido participación en una infraestructura energética clave en Estados Unidos en caso de incumplimiento.
En 2023, la junta “Ad Hoc” de PDVSA logró recuperar ese certificado accionario. Inicialmente, Rosneft Trading alegó desconocer el estado del préstamo tras transferir sus activos en Venezuela a una empresa vinculada al gobierno ruso en medio de sanciones. Sin embargo, el 21 de junio de 2023 se acordó la devolución del certificado, que estaba en custodia en Nueva York, a PDV Holding, con sede en Houston.
Todo este proceso fue supervisado y autorizado por la Oficina de Control de Activos Extranjeros, en el marco del régimen de sanciones vigente.
La participación indirecta de Rosneft en Citgo Petroleum Corp. —a través de la garantía del 49,9% de sus acciones— fue mucho más que una operación financiera: constituyó un episodio revelador de la creciente intersección entre geopolítica, sanciones y seguridad energética.
En primer lugar, esa presencia representaba la entrada de Rusia en un activo crítico dentro de la infraestructura energética de Estados Unidos. Aunque Rosneft no ejercía control operativo directo, el hecho de que una porción significativa de Citgo estuviera comprometida como colateral implicaba que, en un escenario de impago, una empresa estatal rusa como Rosneft podía haber adquirido una posición relevante en el sector de refinación estadounidense. Esto generó preocupaciones en Washington no solo por razones económicas, sino por implicaciones de seguridad nacional, especialmente tras el estallido de la guerra de Ucrania.
Desde la perspectiva de Venezuela, el acuerdo con Rosneft evidenciaba el desplazamiento de sus alianzas tradicionales. Ante las restricciones financieras y sanciones de Estados Unidos, Petróleos de Venezuela S.A. recurrió a financiamiento ruso, utilizando uno de sus activos más valiosos en el exterior como garantía. En este sentido, Citgo dejó de ser únicamente un instrumento comercial para convertirse en una ficha dentro de una red de apoyo geopolítico más amplia, en la que Moscú emergía como actor clave para sostener la economía venezolana.
Para Rusia, la operación ofrecía varias ventajas estratégicas. Por un lado, le permitía asegurar influencia sobre flujos de petróleo pesado y sobre activos downstream en el mercado estadounidense, algo poco habitual para una empresa rusa. Por otro, reforzaba su presencia en América Latina en un momento de creciente rivalidad con Estados Unidos, utilizando herramientas económicas para proyectar poder en el hemisferio occidental.
Sin embargo, esta dinámica también acentuó la vulnerabilidad de Citgo frente a presiones regulatorias y políticas. La posibilidad de que Rosneft ejecutara la garantía fue uno de los factores que llevó a una mayor vigilancia por parte de autoridades estadounidenses, especialmente de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), que terminó desempeñando un rol decisivo en cualquier movimiento relacionado con la propiedad de la empresa.
En última instancia, la presencia de Rosneft en Citgo simbolizó la transformación de los activos energéticos venezolanos en instrumentos de negociación geopolítica. Más que una simple garantía financiera, aquel 49,9% reflejaba un triángulo de tensiones entre Caracas, Moscú y Washington, donde la energía, las sanciones y la influencia estratégica se entrelazaron de forma directa.
Un activo en el cruce de la geopolítica, la ley y la energía
Hoy, Citgo representa mucho más que una empresa de refinación. Es un nodo donde convergen intereses energéticos, disputas legales multimillonarias y decisiones de política exterior de Estados Unidos.
El futuro de la compañía dependerá no solo de los tribunales o los acreedores, sino también de decisiones políticas en Washington, que continúa viendo en Citgo un activo estratégico dentro de su sistema energético y de su relación con Venezuela.







