Guillaume Long: “Creo que la intuición política de Trump es no intervenir militarmente”

Guillaume Long fue ministro en el gobierno de Rafael Correa, entre 2013 y 2017. Hoy se desempeña como investigador principal en el Center for Economic and Policy Research.

Guacamaya, 16 de noviembre de 2025. Guillaume Long es investigador principal en el Center for Economic and Policy Research (CEPR) y profesor en Sciences Po. Además, es asesor diplomático en el Grupo de La Haya, la coalición de países que está tomando medidas para hacer frente al genocidio en Gaza.

Era profesor universitario cuando lo llamaron para entrar en el gobierno de Rafael Correa en 2011. Ocupó varios cargos hasta llegar a ser Ministro Coordinador de Conocimiento y Talento Humano (2013-2015), Ministro de Cultura y Patrimonio (2015-2016), y finalmente Ministro de Relaciones Exteriores (2016-2017). El sucesor de Correa, Lenin Moreno, lo envió como embajador ante las Naciones Unidas, aunque Long no tardó mucho en romper con el giro de 180 grados del nuevo presidente.

Tenemos mucho que preguntarle: sobre el caso de Julian Assange, su ruptura con Lenin Moreno, su postura con Venezuela, su opinión sobre el Presidente Daniel Noboa, y qué piensa sobre el despliegue militar de Estados Unidos en la región de América Latina y el Caribe. Finalmente, le pedimos que nos explique qué hace el Grupo de La Haya.


P: ¿Cómo un francés llega a ser ministro en Ecuador y durante 4 años? ¿Y también, de dónde viene la relación el entonces presidente Rafael Correa?

R: No, mira, también soy ecuatoriano, ¿no? Sí, nací en Francia, pero viví muchísimos años en el Ecuador y fui naturalizado ecuatoriano en su debido momento. Viví cerca de 20 años creo en Ecuador, así que probablemente soy más ecuatoriano que francés hoy en día.

Luego, la relación con el presidente Correa empezó cuando yo era académico en la FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales), yo era profesor en algunas universidades. Estaba en la en la fase final de culminar mi doctorado en Londres cuando varios colegas nos presentaron. Porque el gobierno de Correa fue un gobierno con bastante presencia de académicos, de técnicos, hubo muchos economistas allí también.

Varios se sumaron entonces al gobierno. Fue un momento importante, yo diría, muy utópico. Hablo del del movimiento constituyente nuestro en por allá en el 2007 o 2008, con nuevas reglas de juego, creando una nueva sociedad, buscando grandes transformaciones sociales, políticas, económicas, para una “sociedad del buen vivir”.

Entonces, varios colegas, amigos entrañables, entraron al gobierno. Y bueno, algunos me fueron convenciendo de que yo tenía que sumarme a este proyecto político. En algún momento accedí, y fue una maravillosa experiencia de vida. Por supuesto, también una lucha política difícil, ardua, complicada de unos 10 años, el gobierno de Correa 2007-2017. Qué lastimosamente terminó con una traición casi shakespeariana, ¿no? Por parte de Lenin Moreno.

Eso fue como poco a poco entré. Primero como asesor del Ministerio de Planificación, luego como presidente de un consejo de regulación del sistema universitario y de calidad académica. Luego como ministro, primero de Talento Humano, luego de Cultura, y finalmente de Relaciones Exteriores en el gobierno de Rafael Correa.

“Ecuador le dio asilo a Julian Assange porque existía el riesgo de que fuera extraditado a los Estados Unidos por sus actividades como periodista, por sus actividades como “lanzador de alerta”, como por su dirección de la organización WikiLeaks. Y todo lo demás, era un tema que se podía resolver.”

P: Justamente le quería preguntar sobre un episodio mientras era canciller, sobre Julian Assange. Estuvo asilado en la embajada de Ecuador en Londres, del 2012 hasta el 2019. ¿Cuál era el interés del gobierno de Ecuador en protegerlo y por qué eligió esta embajada en particular?

R: Esa es una buena pregunta. Habría que preguntárselo a él porque en realidad el Estado de Ecuador lo terminó traicionando, ¿no? Cuando hubo la transición y se hizo cargo de la presidencia Lenin Moreno, Ecuador lo trató muy mal, a Julian Assange. Invitó, finalmente, aquel fatídico 11 de abril de 2019, a las fuerzas de seguridad del Reino Unido a entrar en nuestra embajada y llevárselo a la prisión en lo que fueron 5 años más de pesadilla, de riesgo de extradición a Estados Unidos, etcétera, etcétera. Entonces, finalmente, el rol del Ecuador terminó siendo ambiguo, ¿no?

Al principio le salvó la vida, en los primeros años, pero luego cuando hubo una transición con un nuevo gobierno traicionó el derecho al asilo, de hecho, violó la propia Constitución ecuatoriana. Violó el principio sagrado de “no devolución”, que es muy importante en el derecho de asilo, que está consagrado en el derecho internacional, y lo entregó al Reino Unido.

Al final, se decidió por Ecuador, habría que preguntarle a Julian, creo que le interesaba el proyecto político en el Ecuador, ya había tenido una entrevista incluso con el presidente Correa. En aquel entonces, en 2012, el Ecuador era visto en el mundo como un país de mucho progreso, proponiendo ideas nuevas. Julian Assange, creo que es alguien que se caracteriza por su interés en las cosas nuevas, las ideas nuevas, la frontera de las ideas, ¿no? Y creo que Ecuador en algún sentido, era uno de los países del sur global que más innovaba políticamente. Creo que eso fue lo que le convenció a Assange.

De ahí, bueno, fue una política exterior complicada para el Ecuador, para nosotros. Obviamente estaba de por medio la relación con Estados Unidos, también la relación con Reino Unido, la relación con Suecia.

Lo primero que se resolvió fue con Suecia, porque poco a poco fueron entendiendo que esto les estaba haciendo daño. Hubo un informe muy importante del grupo de trabajo de las Naciones Unidas que estableció de que Assange era víctima de detención arbitraría. Y los suecos se dieron cuenta que estaban siendo acusados de una violación gravísima a los derechos humanos. Por lo que finalmente se pudo dar paso a las grandes demandas del Ecuador, y una de ellas de que el ciudadano Julian Assange, que no enfrentaba cargo alguno, pudiera ser entrevistado en nuestra embajada.

La idea es que tenía que ser entrevistado para que luego las autoridades suecas pueden decidir si es que iban a formular cargos o no. Y finalmente fue entrevistado, las fiscalía sueca se demoró algunos meses más, para decidir que no iba a formular cargos. Por lo que, en teoría, Assange podía salir libre de la embajada de Ecuador en libertad, y se terminaba su pesadilla.

Lastimosamente el Reino Unido decidió que iban a buscar la quinta pata al gato, creo que hay que decirlo, diciendo que había violado su libertad bajo fianza al ingresar en la jurisdicción ecuatoriana y que por ende, si salía lo arrestarían. Pedimos garantías como Ecuador al Reino Unido de que no lo iban a extraditar a los Estados Unidos. Assange estaría dispuesto obviamente a estar dos o tres meses en una cárcel, en el peor de los casos por violar su libertad bajo fianza. Pero pedimos que se pudiera garantizar que no hubiese proceso de extradición hacia Estados Unidos. El Reino Unido se negó a dar estas garantías. Obviamente, hoy sabemos por qué, porque tenían toda la intención de extraditarlo a Estados Unidos y por eso Julian Assange no pudo salir libre de la embajada. Con el cambio de gobierno se extendió ese proceso dos años más, pero finalmente se lo entregó al Reino Unido.

Qué bueno que finalmente después de 5 años, primero 7 años en la embajada ecuatoriana y luego 5 años en una cárcel de máxima seguridad del Reino Unido, se pudo llegar a un acuerdo con la administración Biden y finalmente pudo salir libre Julian Assange, gracias a la presión de muchas personas en todo el mundo, de un movimiento por su libertad.

También todo el mundo se dio cuenta que lo de Suecia, que fue la acusación inicial, por supuesta violencia sexual, ya no existía y que por ende solo quedaba la persecución por su rol en WikiLeaks. Es decir quedaba una acusación evidentemente política, que tenía que ver con la libertad de expresión, que tenía que ver con periodismo, y que por ese motivo Ecuador le había dado el asilo.

Esto creo que es lo más importante. Ecuador le dio asilo a Julian Assange porque existía el riesgo de que fuera extraditado a los Estados Unidos por sus actividades como periodista, por sus actividades como “lanzador de alerta”, como por su dirección de la organización WikiLeaks. Y todo lo demás, era un tema que se podía resolver.

El Ecuador estaba de acuerdo, de hecho, el propio Julian Assange estaba de acuerdo en ir a responder preguntas en Suecia de la fiscalía sueca. Es un tema que siempre quisimos, Ecuador siempre pidió una garantía de no extradición a los Estados Unidos. Así que cuando se cayó el proceso en Suecia —insisto que no hubo nunca hubo formulación de cargos— pero había un pedido, había una orden de arresto sobre la base de un pedido de interrogatorio. Cuando se dio el interrogatorio en la embajada en Londres y no se formularon cargos, ya no quedaba nada, solamente la amenaza de extradición.

Entonces, como que dimos la vuelta completa al círculo, volvimos al inicio. Y creo que eso significó que incluso grandes medios internacionales que habían abandonado a Assange, que se habían creído la narrativa sobre la supuesta violencia sexual en Suecia, como algo genuino, no para perseguirlo, dieron la vuelta atrás. Incluso medios de comunicación hegemónicos, el New York Times, el Boston Globe, Los Angeles Times, el Chicago Tribune y el Washington Post, juntos sacaron una editorial pidiendo su liberación. Voces más mainstream hegemónicas del centro político del tablero a nivel mundial empezaron a expresar su preocupación de que Assange estaba siendo perseguido, lo cual conllevó finalmente un proceso que afortunadamente llevó a su liberación ya el año pasado.

Así que sí, creo que el rol de Ecuador fue positivo, logramos jugar un rol fundamental para salvarle la vida, para protegerlo. Pero también la gran traición de Lenin Moreno en el 2017, culminando en 2019 con la expulsión de Assange de la embajada, le costó 5 años más en una cárcel de máxima seguridad en el Reino Unido, por lo cual creo que el rol de Ecuador en ese sentido lastimosamente dos caras, ¿no? Una muy positiva para él y otra mucho más negativa.

“Como actor internacional que soy y que fuimos, lo más importante era identificar las ilegalidades y las arbitrariedades de esta situación internacional. Y estas eran claramente, en su primer lugar, el régimen de sanciones impuesto por los Estados Unidos.”

P: Como canciller se le ha criticado por su posición respecto a Venezuela, sobre todo durante las protestas de 2017, que es cuando estaba en el cargo. ¿Por qué no tomó una posición más crítica con Maduro? ¿Y cómo cree que la izquierda democrática, sobre todo de América Latina, debería tratar a Maduro después de las denuncias de fraude electoral del 28 de julio?

R: Yo creo que la posición del Ecuador era tratar de aupar un proceso de negociación que estaba que ya existía en Venezuela.

Había un proceso de negociación con varios expresidentes de la región, no voy a entrar en detalles, pero estaban ahí los presidentes Leonel Fernández, Martín Torrijos, y Ernesto Samper en su calidad también de secretario general de la UNASUR, el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero de España. Había todo un proceso para tratar de resolver los temas políticos.

Lo que vimos es que había también muchos intentos, externos también, para tratar de socavar este proceso de negociación. Y nosotros siempre estuvimos del lado de una solución política, una solución pactada, negociada. No del lado de la violencia, no del lado de quienes, incluyendo algunos actores internacionales, como Luis Almagro desde la OEA y otros, buscaban exacerbar las posiciones. Buscaban la polarización del espectro político venezolano.

Tampoco estuvimos nunca del lado de las sanciones y esto es importante, nuestro rol era defender Venezuela de los ataques ilegales en términos de las sanciones impuestas desde los Estados Unidos, comenzando con la declaración de emergencia de Seguridad Nacional de Obama de 2015, luego las sanciones de carácter más financiero del 2017, y las sanciones ya después de que estuvimos en el gobierno, más petroleras del 2019.

El régimen de sanciones que hemos denunciado ha sido uno de los factores principales para la grave crisis económica, aunque no es el único factor. Hay una correlación directa entre la caída del primer rubro de exportación de Venezuela, que es el petróleo, y las sanciones. Pasó de 1.600.000 barriles diarios —claro que podemos remontar más atrás cuando Venezuela tenían 3 millones de barriles diarios de exportación—, pero hay una correlación directa entre las sanciones petroleras y esta caída de 1.600.000 barriles diarios a 300.000 barriles diarios más o menos, que hace que quiebra básicamente el Estado venezolano. Hay también esta correlación con todos los indicadores económicos y obviamente la gran ola migratoria es fruto también del régimen de sanciones.

Por supuesto, yo puedo tener mis opiniones sobre una que otra política, pero ya es entrar en temas que son soberanos de Venezuela. Pero como actor internacional, yo entiendo que los actores políticos venezolanos tengan como prerrogativa estar en el debate político nacional venezolano, pero como actor internacional que soy y que fuimos, lo más importante era identificar las ilegalidades y las arbitrariedades de esta situación internacional. Y estas eran claramente, en su primer lugar, el régimen de sanciones impuesto por los Estados Unidos.

Luego, yo creo que hay lastimosamente una situación de polarización que ha ido empeorando en Venezuela. Hay muchos factores para esta situación de polarización. Creo que la oposición y los Estados Unidos también han jugado un rol remontando y volviendo desde el 2002 en adelante con todos los boicots a los procesos electorales. Yo he seguido cerca las elecciones en Venezuela, muchas elecciones que fueron denunciadas como fraudulentas por la comunidad internacional, a mi juicio no lo fueron.

Sí creo que las últimas elecciones en Venezuela fueron mucho más problemáticas. De hecho, el think tank para el cual trabajo el CEPR, hizo un informe bastante crítico, entrando en muchos más detalles, les invito a la audiencia a leer este informe para ver cuáles fueron los problemas de las últimas elecciones en Venezuela.

Pero bueno, llegamos a una situación de conflicto que se pudo haber obviado, solucionado, mediado muchísimo antes, ¿no? Entonces, creo que ahí habría que identificar a todos los causantes. El reconocimiento de un gobierno paralelo sin precedentes en la historia de la OEA, por ejemplo, otorgándole un asiento al representante del supuesto presidente Juan Guaidó. No sucedió eso ni con Pinochet, ni con ninguna dictadura militar en América Latina. Y si nos vamos al otro lado del espectro político tampoco con los revolucionarios de La Habana, no hubo un reconocimiento de un gobierno paralelo en Miami.

En fin, ha habido mucho tabú roto con la política de Estados Unidos y también de otros actores hacia Venezuela, y mucha polarización que han provocado lastimosamente una situación política que no creo se vaya a resolver por la fuerza, ni por la violencia. Eso ha sido fundamentalmente nuestra posición.

“Yo creo que Trump busca un cambio de régimen en Venezuela y creo que su intuición política, la de él, no necesariamente la de otros personajes en su administración, es no intervenir militarmente.”

Long en la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos en junio de 2016, mientras era Ministro de Relaciones Exteriores del Ecuador. A su lado, el entonces canciller salvadoreño Hugo Martínez. Fotografía: Cancillería del Ecuador.

P: Viendo el despliegue militar de Estados Unidos en el Caribe, ¿qué cree que es el objetivo final de Trump? ¿Crees que hay una amenaza real de operaciones armadas dentro de Venezuela para derrocar a Maduro?

R: Yo creo que Trump busca un cambio de régimen en Venezuela y creo que su intuición política, la de él, no necesariamente la de otros personajes en su administración, es no intervenir militarmente. Es solamente buscar que se levante un grupo de oficiales venezolanos dentro de las fuerzas armadas de Venezuela, las FANB.

Esta es una amenaza inusitada en la historia de América Latina, y en la historia de América del Sur. No hay que olvidar que sería el primer ataque militar directo por parte de Estados Unidos a un país de América del Sur en nuestra historia. Ha habido amenazas, ha habido golpes, una serie de intervenciones, pero no un ataque militar sobre un país suramericano de esta naturaleza. Por lo cual es absolutamente una situación extraordinaria, es una escalada militar muy fuerte, brutal, en el Caribe. Pienso que Trump cree que con esta escalada puede asustar a diferentes actores en Venezuela y forzar un cambio de régimen.

Yo creo que eso no va a funcionar. Yo creo que la lealtad de los militares venezolanos con el gobierno hoy en día está bastante blindada. Ha habido tantos intentos de cambio de régimen. Tantos golpes, “pseudogolpes” o supuestos golpes de Estado sobre todo en el año 2019. Ya cada golpe fallido fortalece el aparato de seguridad de un país. Cada vez que fracasa un golpe de Estado, se develan los actores, se exponen los actores que estarían potencialmente en rebeldía y se fortalece el control del gobierno sobre el aparato de seguridad sobre los militares, obvio. Y hoy en día creo que esto está bastante blindado en Venezuela.

Ahora, yo creo que hay otros actores en la administración Trump que sí quisieran poder usar todos estos juguetes que están movilizando ahí en el Caribe. En primer lugar, el líder de esta facción dentro de la administración Trump que quiere realmente una salida militar, se llama Marco Rubio, el Secretario de Estado. Desde la primera administración Trump, siendo en aquel entonces senador, también presionó muchísimo —y tenemos muchas evidencias de eso— para un cambio de régimen en Venezuela, para un apoyo a actores golpistas, para la presidencia paralela de Juan Guaidó.

Sabemos además que, como descendiente cubano, él ve el problema venezolano y el problema cubano como íntimamente vinculados. Cree que el camino a La Habana pasa por Caracas. Yo creo que hay un debate muy fuerte dentro de la administración en este momento para ver si simplemente se sigue con las mismas políticas de bombardeo a estas embarcaciones, si es una intimidación sin ir a mayores para tratar de motivar a algunos actores en Venezuela a alzarse a través de acciones encubiertas, o si realmente va a haber un ataque, probablemente aéreo.

Y esto es lo que está en juego. La base “MAGA” (Make America Great Again) de Trump, no creo que esté muy a favor de esto. Además, es un ofrecimiento electoral de Trump, no incurrir en nuevas guerras eternas. Pero los neoconservadores, tanto en la primera administración de Trump como en la segunda, están muy presentes. Esta base de MAGA es más aislacionista, más centrada en los aspectos domésticos, no necesariamente está a favor de aventuras imperiales.

Pero otra cosa es la parte más tradicional del Partido Republicano, es la fuerte presencia de actores del Estado de la Florida en la administración Trump y su fuerte influencia sobre la política exterior de los Estados Unidos para América Latina.

Creo que es lo que está en juego en este momento, que si lo hacen será un desastre. Si las sanciones lograron que entre 7 y 8 millones de venezolanos salgan del país, no puedo imaginar la crisis humanitaria que podría resultar de un ataque militar, incluyendo el migratorio, incluyendo para los países de la región, pero también para los Estados Unidos. Así que me parece que es una política absolutamente sin sentido.

P: Hemos visto varios ataques, creo que casi 20, en el Caribe y el Pacífico contra barcos a los que Trump acusa de llevar drogas hacia Estados Unidos. Parece ser que han afectado a nacionales de no sólo Venezuela, sino también Ecuador, Colombia, México y Trinidad. Pero tan apenas hay protestas por parte de los gobiernos de la región. ¿Cree que están siendo demasiado complacientes? ¿Qué precedentes se están creando?

Sí, creo que en general mi respuesta sería que América Latina ha sido demasiado complaciente. Hay actores en América Latina que están denunciando estos propósitos belicistas. Hemos visto protestas o reacciones en contra de esta escalada militar por parte de México y de Brasil, y de forma mucho más fuerte por parte de Colombia.

Hemos visto también protestas por parte de CARICOM (la Comunidad del Caribe), que es un actor importante. Por supuesto están siendo muy afectadas las naciones del Caribe, pero también hay países que están apoyando a Trump, incluyendo en el Caribe: Trinidad y Tobago es uno de ellos, Argentina y Ecuador, por supuesto. En fin, es una situación en la que no hay unidad de la región.

Es muy lamentable porque hace apenas algunos años había un consenso en América Latina. Tanto en la derecha como en la izquierda, de hecho, de que América del Sur en primer lugar sea zona de paz. Eso fue un pilar importante de la consolidación del proyecto regional de UNASUR, la Unión de Naciones Suramericanas. Y luego un extendido a la CELAC, la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños.

Había un consenso de que las soluciones a los problemas o a los conflictos tenían que ser pacíficas, tenían que ser diplomáticas. Fue este consenso también un pilar bien importante del proceso de paz en la propia Colombia, que fue apoyado por actores en América Latina de varios tintes ideológicos y políticos.

Lastimosamente, hoy estamos viendo una derecha en América Latina cada vez más radicalizada, cada vez más trumpista si se quiere, cada vez más alineada a Trump y esto significa que no hay consenso, no hay consenso en América Latina. Es muy lamentable que algunos países de América del Sur estén dispuestos a romper con este legado histórico de que nunca ha habido un ataque militar de Estados Unidos a un país suramericano.

En primer lugar, me parece muy poco patriótico de ellos, muy poco soberano de ellos. Y además, esto es el tema, digamos, más en el ámbito quizás simbólico de la soberanía que me parece fundamental: Si no hay respeto a la soberanía, no hay respeto a los Estados, a sus poblaciones y a su autodeterminación, eso me parece fundamental.

Pero aparte de eso, me parece muy grave que estén dispuestos a arriesgar una crisis humanitaria en Venezuela, pero además que, lo sabemos, se extendería a la región. Lo vimos en la crisis humanitaria importante que se generó con la gran ola de migrantes durante los últimos años de sanciones y de conflictividad política interna dentro de Venezuela.

O sea, un escenario libio para América Latina, obviamente sería el resultado y afectaría muchísimo a sus países, así que no solamente es poco ético, es además irresponsable y bastante alarmante que los países latinoamericanos no estén más unidos en este tema.

Además de lo que tú acabas de mencionar, la clara ilegalidad de los bombardeos a las embarcaciones que afectan a ciudadanos latinoamericanos, el rol de cualquier gobierno es obviamente defender la vida de sus ciudadanos. No sabemos lo que han hecho, pero si estos ciudadanos han cometido delitos, entonces tienen que ser llevados ante la justicia. No pueden ser asesinados de forma extrajudicial de esta manera. La pena de muerte no existe en todos estos países que han sido afectados y, sin embargo, en la práctica se está aplicando una pena de muerte sin debido proceso, sin ningún proceso judicial. Entonces me parece muy grave que países como el mío, por ejemplo, como Ecuador, estén aceptando eso sin parpadear. Me parece gravísimo, de hecho.

“El verdadero propósito de Trump era inicialmente dar un efecto doméstico, y ahora ha mutado esto en una suerte de intimidación para un cambio de régimen, impulsada sobre todo de forma oportunista por Marco Rubio.”

P: Brasil y Catar se han postulado como mediadores entre Trump y Maduro. ¿Desde su experiencia como diplomático, cómo podrían articularse estas iniciativas para evitar una escalada mayor? ¿Cómo debería resolverse el conflicto político venezolano?

R: Yo creo que sería muy importante que Brasil, Qatar o cualquier otro estado, cualquier otro grupo de países, incluyendo latinoamericanos, pudieran autoconvocarse y servir de mediadores entre Estados Unidos y Venezuela.

No sería la primera vez que esto sucede. Tuvimos en los años 80 el Grupo Contadora. Fue un grupo latinoamericano en el que cuatro países latinoamericanos jugaron un rol muy importante en tratar de mediar en las crisis centroamericanas. Esta época, los 80, estuvo marcada por las guerras civiles en Nicaragua, en El Salvador, en Guatemala, y este grupo sirvió para que pudiéramos llegar finalmente a inicios de los 90 a procesos de paz en Nicaragua, en El Salvador un poquito más tarde en los 90, en Guatemala también.

Hay precedentes para eso, podría ser no solamente Brasil, sino también actores que son mucho más críticos de Venezuela. Aunque Brasil ha sido bastante crítico de Venezuela, de hecho sobre las últimas elecciones venezolanas, pero podríamos tener incluso actores aún más antagónicos que Brasil pero que creen en una solución pacífica.

Si el tema es verdaderamente el narcotráfico… Lo cual es sospechoso porque sabemos que en Venezuela sin duda pasa cocaína por ahí, pero en términos estadísticos no es el lugar desde donde sale la mayoría de la cocaína hacia Estados Unidos ni hacia Europa. Más bien hay otros actores, más del lado Pacífico, que tienen gobiernos cercanos a Estados Unidos, desde donde está saliendo, pero muchísima más droga que por Venezuela.

Pero bueno, si el problema es el narcotráfico y se necesitan garantías, hay mecanismos que se podrían adoptar. Mecanismos internacionales que podrían dar mayores garantías de que se está controlando el tráfico de drogas y con los cuales estoy casi seguro de que se podría llegar a un acuerdo incluso con Venezuela. Entonces, se podría explorar por lo menos este camino para ver si se puede llegar a un acuerdo. Entonces, hay, por supuesto, la vía diplomática, que no se ha explorado y se debería explorar.

Insisto, creo que no es el verdadero propósito de la administración Trump. Su propósito era inicialmente dar un efecto doméstico, “mire, electorado estadounidense, estoy tomando cartas en el asunto, estoy luchando contra el crimen, estoy siendo intransigente, estoy matando a los hombres malos”, como los llama él, y ahora ha mutado esto en una suerte de intimidación para un cambio de régimen, impulsada sobre todo de forma oportunista por Marco Rubio.

Pero por supuesto, si queremos desescalar , allí hay varios mecanismos para desescalar que Trump podría presentar ante su electorado y ante el mundo como un great deal, ¿no? Solo podría ser él, y estoy seguro de que encontraría en Venezuela un actor que probablemente quiera negociar ciertos aspectos. Porque no es el interés de Venezuela, por supuesto, tener un conflicto armado con Estados Unidos, ni mucho menos.

P: Volviendo a Ecuador, a mí me cuesta mucho entender el proceso que lideró Lenin Moreno, es decir, pasa de ser el vicepresidente de Rafael Correa, su sucesor natural, a ser su peor enemigo. ¿Cómo pasó eso?

R: Esa es la pregunta del millón. Yo no estoy en la cabeza de Moreno. Fue una traición shakespeariana. Realmente fue digna de una obra de Shakespeare: una traición radical y brutal. No es solamente una traición en cuanto a cambiar la política del gobierno, sino la política pública en todos los ámbitos, en el ámbito social, económico, traer al Fondo Monetario Internacional, las privatizaciones, la austeridad. Cambiar totalmente el modelo de desarrollo del Ecuador. Lo mismo en la política exterior, traer de nuevo a una presencia de fuerzas de seguridad de Estados Unidos, expulsar a Assange, salir de la UNASUR. El país sede de la UNASUR, que tenía muchísimos beneficios, saliendo de la UNASUR. Quito ya era el Bruselas de alguna manera, y se pega el disparo al pie, haciéndose daño a sí mismo para afectar, qué sé yo, la reputación de Correa, para no sé, para marcar una ruptura con su legado geopolítico, en fin.

Pero no es solamente eso, no son solamente las políticas sino, además, la persecución a sus antiguos colegas de gobierno, encarcelando a varias personas. Haciendo una reforma, básicamente un referéndum en el momento en que todavía gozaba Moreno de popularidad a inicios de su gobierno, meses después lo habría perdido, pero en ese momento ganó el referéndum para él poder tener el control sobre el sistema judicial. Cambiar los jueces, poner anticorreístas y desatar el sistema judicial en contra el correísmo con procesos absolutamente viciados y con una toda una generación de políticos que salen del Ecuador al exilio. En este momento muchos de los cuales están en México y en otros países, y por supuesto el propio expresidente Correa en Bélgica, alguien que fue acusado de unas cosas de influjo psíquico, ¿no?

Su apelación fue tratada en 17 días para que no pueda ser candidato. Tuvimos un expresidente ecuatoriano con acusaciones diferentes pero del mismo tipo jurídico, si se quiere, acusaciones mucho más graves, cuyo proceso de apelación se resolvió en 4 años. Pero el de Correa, en 17 días y en plena pandemia. Claramente en juicios politizados liderados desde la presidencia. Moreno se volvió el gran perseguidor. Lastimosamente sus dos herederos, Guillermo Lasso —que no pudo terminar su periodo de gobierno, renunció por graves acusaciones de corrupción— y ahora el actual presidente, Daniel Noboa, han seguido en esta misma trayectoria, que es tratar de acabar con el fenómeno político del correísmo, a como dé lugar, con unas políticas autoritarias y represivas terribles. Y no tratar de generar condiciones democráticas y hacer una suerte de paz, si se quiere, con la oposición política.

La estrategia de Moreno ha seguido en el tiempo y seguimos en el Ecuador con una cancha inclinada en cada proceso electoral, con actores que están en el exilio. Ahora mismo tenemos un referéndum y el mayor partido político del país que se llama RC, Revolución Ciudadana, que es del partido del presidente Correa, de forma absurda, se le ha prohibido hacer campaña sobre dos preguntas. De las cuatro preguntas, puede hacer campaña por el no, como es un referéndum, en dos preguntas, pero no en las otras dos. Una suerte de surrealismo del lawfare burocrático, el micro-lawfare burocrático, pero que al final sumando todas estas formas de persecución, de “micro-persecuciones” si se quiere, llegas a una “macro-persecución”, con una cancha inclinada que no es para nada democrática.

El Partido de la Revolución Ciudadana primero fue prohibido, luego se volvió a constituir y hoy sigue siendo el mayor partido político en el país. Ganó las elecciones, fue la mayor fuerza parlamentaria. Ahora es la segunda mayor fuerza parlamentaria porque ha habido varios asambleístas que desistieron, que salieron del partido. Fueron, no sabemos, intimidados, chantajeados, no se sabe muy bien. Algunos salieron de las filas. Entonces está casi empatado con el partido Noboa, pero el número dos. Claro, el partido Noboa es un partido de las últimas elecciones que probablemente no exista cuando Noboa ya no esté en el poder.

El partido de Rafael Correa es un partido mucho más orgánico, que existe en todas las provincias a nivel territorial. Es el partido que tiene la mayor cantidad de gobernaciones, las llamamos prefecturas en el Ecuador, y la mayor cantidad de alcaldías, incluyendo Quito y Guayaquil, las dos ciudades más importantes del país. Entonces, ese es un partido vibrante que existe, pero que no logra ganar en la segunda vuelta presidencial. Ya vamos varias elecciones en donde no logra ganar en la segunda vuelta, porque hay esta cancha inclinada, porque los medios de comunicación hacen esta campaña continua en contra de la izquierda de Correa. Porque hay reglas de juego que impiden hacer campaña en igualdad de condiciones, persecución, los cuadros en el exilio, todas estas cosas. Todo nace con la tradición de Lenin Moreno sin duda alguna.

“No hay periodismo de investigación en el Ecuador en este momento, están todos subsumidos al poder, creo que tienen miedo. El gobierno de Noboa ha sido muy autoritario.”

P: Teniendo en cuenta la supuesta lucha contra el narcotráfico de Estados Unidos en la región, tú has hecho acusaciones a la empresa familiar de Daniel Noboa, de participar en el tráfico de drogas también. ¿Qué pruebas existen para una acusación tan grave, y qué relación hay entre este tema y el de la crisis de seguridad que hay hoy en día en Ecuador?

R: Primero empezando por la segunda parte de tu pregunta. La crisis de seguridad es brutal.Es el mayor declive en materia de seguridad, la mayor erosión en materia de seguridad de un país de América Latina en tiempo de paz, en tiempos contemporáneos.Hemos pasado, cuando terminó el gobierno de Correa, de 5,8 homicidios por cada 100.000 habitantes en el año 2017, siendo uno de los países más seguros de la región, a 8 años después ya en diciembre vamos a terminar con 50 homicidios por cada 100 000 habitantes. Es decir, si la trayectoria estadística sigue, vamos a llegar a 50, casi 9 o 10 veces más.

Ecuador es el país más inseguro de América Latina, y si no fuera por algunos países de muy baja eh población en el Caribe, algunas de las islas del Caribe que tienen menos de 200.000 habitantes y eso te cambia la estadística porque si tienes un asesinato, pues dispara la tasa de homicidios. Si no fuera por estas islas pequeñas Ecuador sería el país del mundo con la mayor tasa de homicidios del mundo en tiempos de paz. Entonces, es increíble que hayamos pasado de ser uno de los países más seguros de América Latina a uno de los más peligrosos del mundo en tan poco tiempo. Esa es la grave situación que enfrenta en el Ecuador.

Obviamente esto tiene mucho que ver con el narcotráfico. Con bandas peleándose entre sí por el control de los puertos en el Pacífico, de donde se llevan productos en barco a diferentes países del mundo y ahí se mete la cocaína.

Ahora, siendo Daniel Noboa y la familia de Noboa, los mayores bananeros del país y siendo Ecuador el país el mayor productor de banano, se ha encontrado muchísima droga en cajas de banano de los negocios de Noboa. Eso no es subjetivo, eso no es mi opinión. Eso ha salido en los medios, eso ha sido denunciado. El propio Noboa no lo ha negado. Se ha encontrado en reiteradas ocasiones cocaína en las cajas de banano de estas empresas, en una en particular que se llama Noboa Trading.

Ahora, durante algún tiempo Noboa negó que él era dueño de Noboa Trading, sino que dijo que era la compañía de un primo del papá. Hoy sabemos que Noboa mintió porque los Pandora Papers —una serie de “lanzadores de alerta”, que salieron primero los Panama Papers, luego los Paradise Papers, ahora estos— sale que Noboa es dueño de una empresa offshore, y que es dueña a su vez del 51% de las acciones de Noboa Trading. Es decir, el socio mayoritario es el presidente Noboa a través de su offshore que es de su entera propiedad en Panamá. Entonces, eso salió y Noboa ha tratado de obviar el tema.

No ha comentado sobre esto por porque, además, el derecho ecuatoriano impide que funcionarios públicos, incluyendo los de elección popular, puedan tener empresas, bienes, capitales, haberes, en fin, en paraísos fiscales. Y Panamá, —hasta el mes pasado o hasta hace dos meses, porque lo sacó Novoa de la lista— era estaba en la lista de los paraísos fiscales reconocidos por la autoridad fiscal del Ecuador.

Entonces, su elección bajo esta norma, como presidente de la República, es ilegal. Cuando Noboa era candidato tenía no solamente esa, sino muchas más offshore. Esta empresa se llama Lanfranco Holding, y tenía muchas más en el mundo. Entonces, por eso Noboa no lo comenta, pero es sospechoso de que haya incluso negado la propiedad de la empresa en la que se encuentra reiteradamente cocaína. En esas cajas de banano se ha encontrado cocaína. Tanto del lado ecuatoriano como del destino, ha habido varias pesquisas, operaciones policiales, que han encontrado droga en cajas de banano. Me parece que la última con cajas de Noboa tendría que revisar, pero fue en Turquía, y ha habido en cajas de banano en Rotterdam, en Londres, en España, en fin, es algo recurrente.

Aparte de eso, hay un escándalo aún mayor, porque la persona que ha sido reiteradamente detenida, que es la que ejerce el control antinarcótico en la empresa de Novoa, ha sido liberada después de ser reiteradamente detenida por un abogado, su abogado, que es un miembro del gabinete de Noboa.

Entonces, ahí se requiere una investigación a fondo, ojalá una investigación periodística. No hay ese periodismo de investigación en el Ecuador en este momento, están todos subsumidos al poder, creo que tienen miedo. El gobierno de Noboa ha sido muy autoritario.  Yo creo que algunos periodistas simplemente creen en esa mano dura porque es en contra de la izquierda, en contra el correísmo, en contra el movimiento indígena, etcétera, etcétera. Otros de pronto tienen mayor ética y quisieran hacerlo, pero hasta ahora no han tenido el coraje, el valor, la fuerza, los medios para poder hacer esta investigación. Las investigaciones que existen lastimosamente son, por ahora, exclusivamente internacionales incluyendo, insisto, esta de los Pandora Papers.

P: La economía venezolana está, en gran parte, dolarizada de facto. Ecuador es un país dolarizado oficialmente. ¿Cree que este proceso monetario puede ayudar a estabilizar la economía de Venezuela, y a la larga al crecimiento y el desarrollo?

R: No, yo prefiero no opinar sobre si Venezuela debería o no dolarizarse. Ahí hay varias ventajas y desventajas. Yo sé que de facto en este momento hay un proceso fuerte de dolarización que está aconteciendo en Venezuela.Ciertamente te mata la inflación y la devaluación, sin duda alguna.

Hay diferentes tipos de dolarización. Hay procesos que son más afines a la convertibilidad, hay dolarizaciones temporales, definitivas, en fin. No quisiera opinar sobre esto, esto es decisión del pueblo venezolano y además no soy economista, y no creo que me compete a mí.

En julio de 2025, Bogotá acogió una conferencia para definir los próximos pasos del Grupo de La Haya, donde se reunieron más de 30 países para acordar una agenda conjunta frente el genocidio de Gaza. En la imagen, Guillaume Long (fondo) en la Conferencia de Bogotá. Fotografía: Instagram / @guillaume.long.

P: Eres un asesor diplomático para el Grupo de La Haya. Una buena parte de nuestro público seguramente no lo conoce. ¿Qué es el grupo? ¿Y cuál es tu papel?

El Grupo de La Haya es un grupo diplomático de Estados, de países, que se han unido para coordinarse, para hacer respetar el derecho internacional, y que se ponga fin a los crímenes en la Franja de Gaza en especial y en Palestina en general. Entonces es un grupo de países dedicados a la lucha por los derechos humanos de los palestinos, por el respeto, insisto, el derecho internacional que existe en cuanto respeta a la Franja de Gaza y a Palestina.

Se creó en enero de este año. Nueve estados se juntaron para pedir que se respete el derecho internacional. El derecho internacional existe, no hay falta de claridad legal, jurídica, sobre la situación en Gaza y en Palestina. Tenemos las resoluciones de las Naciones Unidas, tenemos opiniones consultivas de la Corte Internacional de Justicia, pero en la práctica este derecho internacional no se cumple, no se aplica. Los países están violando sus propios compromisos, que ellos mismos han adquirido, sus obligaciones legales ante el derecho internacional.

Entonces, un grupo de países, un poco inspirándose en la lucha contra el apartheid en Sudáfrica, decidieron, en vez de actuar de forma aislada y declarar políticas para cumplir con el derecho internacional de forma unilateral, decidieron juntarse en un bloque diplomático. Se llama el Grupo de La Haya, para poder articularse y tener mayor efectividad. Por supuesto, sabemos que la acción colectiva de los estados maximiza la efectividad, ¿no? Se hace más visible, se puede coordinar política, se puede aprender los unos de los otros. Y además protege los estados de los posibles castigos, de retaliaciones.

Hemos visto una administración Trump muy agresiva, imponiendo sanciones, incluso sobre relatores especiales de Naciones Unidas, y ahora también sobre jueces de la Corte Penal Internacional. Es decir, es una administración muy agresiva en ese sentido y es solamente a través de la acción colectiva que se puede defender a estos Estados. Entonces, uniéndose en un grupo se protege al colectivo. No puede atacarlos individualmente, sino que hay una coalición de Estados que se llama el Grupo de La Haya.

Desde sus albares, con estos nueve países en enero pasado, en pocos meses se ha ido consolidando. Primero se anunciaron tres medidas. Es muy importante decirlo, el Grupo de La Haya no hace llamados, toma medidas concretas. ¿Cuáles son estas medidas? El cumplimiento de las órdenes de arresto decretadas por la Corte Penal Internacional; el embargo sobre la venta de armas; y no permitir que los buques que transportan armas para Israel, armas que van a ser usadas en el genocidio, puedan acostar en sus puertos. Eso fueron las tres medidas iniciales.

Luego, más tarde en la conferencia de Bogotá, que fue muy importante y a la que acudieron ya no nueve países, sino 31 Estados, se extendió a seis medidas y mucho más precisas, además. También tienen que ver con el embargo sobre venta de armas; el tema de los puertos; el tema de las banderas para que los países no tengan buques que estén usando sus banderas transportando material bélico a Israel; el tema de la inversión pública, que no haya compras públicas ni inversión pública en empresas y en territorios que tengan que ver con el genocidio. Y también lo que llamamos medidas de accountability o responsabilidad por crímenes de guerra. Que criminales también de guerra sean sancionados y que haya mecanismos de jurisdicción universal activados en cada uno de los Estados que se suman a estas medidas.

Acabamos de tener en septiembre, al margen de la Asamblea General de Naciones Unidas, también una reunión muy importante del Grupo de La Haya ya con 35 países. Es importante señalar que participaron no solamente países del sur global, sino también varios países europeos, no necesariamente miembros del grupo pero participando en las reuniones como España, Irlanda, Malta. Tenemos países de cuatro continentes del mundo: América Latina, Europa, África y Asia. Esto inició con una conversación entre tres Estados, Sudáfrica, Malasia y Colombia, y en efecto, la bola de nieve ha ido creciendo, para que se cumpla el derecho internacional.

¿Y cómo se hace cumplir el derecho internacional? No a través de exhortos, sino a través de medidas concretas, de acciones, porque todos los Estados ya han votado o muchos de ellos han apoyado, han votado resoluciones que ordenan medidas concretas. Son estas medidas concretas que el Grupo de La Haya busca aterrizar en la práctica, que se cumplan, que haya aplicación del derecho internacional. Porque si no el multilateralismo, las Naciones Unidas no sirven para nada, ¿no?

Terminaría diciendo que el Grupo de La Haya juega ese doble propósito: por un lado, la defensa de los derechos humanos de los palestinos, frente a los crímenes que han sido cometidos en estos dos últimos años por Israel. Pero también, yo diría de forma más indirecta, estamos hablando de una defensa del derecho internacional per se, del multilateralismo per se, ahora que el multilateralismo se ve muy atacado por el excepcionalismo, por el unilateralismo, por bravuconadas, diría yo, de ciertos actores que tratan de socavar el contrato social mundial, que algunos seguimos buscando construir.

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