La Licencia General 52 fue emitida por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de EE. UU., creando así una excepción a sus sanciones sobre la industria petrolera venezolana. Fotografía: X / @PDVSA.
Guacamaya, 18 de marzo de 2026. La administración Trump emitió la Licencia General 52, que autoriza prácticamente todas las transacciones con PDVSA relacionadas con la comercialización, la exploración y la producción.
Esta medida representa un giro respecto de la política reciente de otorgar licencias paulatinamente, como llevaba haciendo la Casa Blanca tras el 3 de enero. Esta aceleración se debe a la subida repentina de los precios del petróleo, provocada por la guerra de EE. UU. e Israel contra Irán, que ha llevado al cierre del estratégico estrecho de Ormuz.
Todavía no se ha llegado a un levantamiento de las sanciones, sino a una excepción amplia, que, sin embargo, ya permite la mayoría de las actividades relacionadas con los hidrocarburos en la nación sudamericana.
Como en licencias anteriores, la nueva sigue imponiendo que los pagos hacia PDVSA y el Estado venezolano se hagan a una cuenta del Tesoro estadounidense, llamada “Foreign Government Deposit Funds”, y los contratos deben regirse por las leyes dentro de EE. UU., no de Venezuela.
También se siguen prohibiendo otras transacciones, como aquellas con individuos sancionados; aquellas hechas en pagos en criptomonedas, oro, o canjes; y los pagos con entidades con sede en Rusia, Irán, Corea del Norte, Cuba o China.
La Licencia General 52 también estipula que la venta de productos petroleros o petroquímicos de origen venezolano a un país que no sea EE. UU. debe ser notificada a los departamentos de Estado y de Energía.
La OFAC también especifica que aún no se desbloquean las sanciones sobre la deuda externa de PDVSA, incluyendo laudos arbitrales.
Contexto: Irán estrangula el comercio global del petróleo en Ormuz
En licencias anteriores, se planeaba que para empezar actividades de exploración y producción, cada empresa debería aplicar para una autorización específica, con excepción de Chevron, Repsol, Maurel et Prom, Eni, Shell y BP. La última medida representa un atajo para las energéticas puedan acelerar el inicio de sus operaciones en el país.
La razón es clara: la administración Trump esperaba una guerra rápida contra Irán, similar a su operación en Venezuela. Sin embargo, el conflicto no solo se alarga, sino que Teherán mantiene su bloqueo efectivo sobre el estrecho de Ormuz: de una media diaria de 150 embarcaciones antes del 26 de febrero, hoy apenas se logra ver una embarcación comercial en algunos días.
El bloqueo está provocando una caída de entre 10 y 11 millones de barriles al día en el suministro global de petróleo, lo que podría ampliarse a medida que se prolonga la guerra. La causa principal es que al no poder exportar, los países del golfo Pérsico deben detener su producción cuando llenan sus tanques de almacenamiento.
Aunque el presidente Donald Trump busca calmar los mercados con una apertura en Venezuela, difícilmente podrá llenar el vacío. Según estimaciones de Orinoco Research, el país fundador de la OPEP podría producir entre 200.000 y 300.000 barriles por día adicionales este año.







