Banderas de China y Venezuela. Fotografía: Prensa Presidencial
Guacamaya, 15 de enero de 2026. Funcionarios del gobierno chino y de sus principales bancos estatales han iniciado contactos tanto con autoridades venezolanas como con representantes de Estados Unidos para asegurar el cobro de miles de millones de dólares en préstamos otorgados a Caracas, en un contexto marcado por la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses y el reordenamiento político en Venezuela, según informó Bloomberg.
China ha comenzado una ofensiva diplomática discreta pero intensa para proteger sus intereses financieros en Venezuela, uno de los países que durante más de una década figuró entre los principales destinos de sus préstamos internacionales. De acuerdo con personas familiarizadas con el tema citadas por Bloomberg, Pekín busca garantías sobre el pago de la deuda venezolana, al tiempo que exige un asiento en cualquier eventual proceso de reestructuración.
Este movimiento se produce tras la expulsión de Maduro de Caracas y el giro de la administración de Donald Trump, que intenta reincorporar a Venezuela a la órbita política y económica de Estados Unidos. Para China, el cambio de escenario abre un período de incertidumbre sobre acuerdos firmados durante los gobiernos de Hugo Chávez y Maduro, especialmente aquellos respaldados por envíos de petróleo.
El monto exacto de la deuda pendiente sigue siendo objeto de debate. Desde el default de 2017, Caracas dejó de publicar cifras detalladas, y las estimaciones actuales sitúan las obligaciones con entidades chinas en un rango que va de los US$10.000 a los US$20.000 millones. Pekín considera clave garantizar que esos compromisos sean reconocidos por cualquier nueva autoridad venezolana.
Un portavoz de la embajada china en Estados Unidos, Liu Pengyu, reafirmó que la cooperación entre China y Venezuela se rige por el derecho internacional y subrayó que su país “tomará todas las medidas necesarias” para proteger sus derechos e intereses legítimos. Al mismo tiempo, reiteró la postura oficial de Pekín, que considera la intervención estadounidense como una violación de la soberanía venezolana.
El peso económico de China en Venezuela es, en gran medida, un legado del modelo de “préstamos por petróleo” lanzado en 2007, que convirtió a Pekín en el principal acreedor bilateral del país sudamericano. A través de bancos estatales, China desembolsó más de US$60.000 millones, asegurando el repago mediante envíos de crudo a precios pactados, incluso cuando el flujo de nuevos préstamos se fue agotando.
En el plano energético, la exposición china sigue siendo relevante pero limitada. Empresas como CNPC y Sinopec mantienen participaciones en proyectos petroleros y gasíferos, aunque la producción ha sido irregular debido al deterioro de la industria venezolana. Para Pekín, el suministro de crudo ya no es la principal preocupación: aunque en 2025 China absorbió cerca del 80% de las exportaciones petroleras venezolanas, ese volumen representó apenas alrededor del 4% de sus importaciones totales.
Más allá del sector energético, la presencia china en Venezuela se ha concentrado en áreas como tecnología de vigilancia, energía y cooperación espacial, con un impacto operativo menor al que suele atribuirse en el debate geopolítico.
En este nuevo escenario, China parece apostar menos por una alianza estratégica profunda y más por una prioridad clara: asegurar que los compromisos financieros asumidos por Caracas no se diluyan en medio de los cambios y la reconfiguración del poder en Venezuela fuertemente tutelado por los Estados Unidos.
En ese orden de ideas, es pertinente resaltar que según Reuters, las importaciones de petróleo de China procedentes de Venezuela comenzarían a descender a partir de febrero, debido a la fuerte reducción en el número de buques que han logrado zarpar rumbo al principal comprador del crudo venezolano. Operadores y analistas explican que esta caída está directamente vinculada a las medidas adoptadas por Estados Unidos tras asumir el control del país sudamericano.
El flujo de petroleros con destino a China se redujo de manera abrupta después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, impusiera en diciembre un bloqueo a los buques sancionados que transportaban petróleo venezolano. Esta decisión formó parte de la estrategia de presión contra Nicolás Maduro, que culminó semanas después con una incursión militar estadounidense y su captura.
Tras ese episodio, Trump declaró que Estados Unidos tenía el control del país, miembro fundador de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), e instó a las empresas estadounidenses a comenzar a invertir en el sector petrolero venezolano. Sin embargo, el anuncio del bloqueo vino acompañado de acciones concretas: Washington incautó cinco buques vinculados a Venezuela, lo que llevó a varios armadores a retirar sus petroleros o a devolverlos a aguas venezolanas incluso después de haber cargado crudo, para evitar el riesgo de confiscación. Estas medidas se tradujeron en un control de facto sobre los flujos petroleros del país.
En medio de la redada estadounidense del 3 de enero, cerca de una docena de petroleros zarparon de Venezuela con los transpondedores apagados. No obstante, la mayoría regresó posteriormente al país, luego de que el gobierno interino de Caracas negociara con Washington un acuerdo de suministro de 50 millones de barriles de petróleo. Solo tres de esos buques continuaron su travesía hacia Asia y se espera que arriben a China a finales de febrero, según una fuente involucrada en el envío.
Esos petroleros transportan aproximadamente 3 millones de barriles de combustóleo y 2 millones de barriles de crudo pesado Merey, indicó la fuente, que solicitó anonimato debido a la sensibilidad del tema. Datos de la firma Kpler señalan que, desde la imposición del bloqueo en diciembre, unos 2,9 millones de barriles de crudo venezolano han salido rumbo a Asia en tres buques que transportaban Merey y otros crudos del país. La consultora estima además que otros 2,6 millones de barriles de combustóleo lograron superar las restricciones.
En total, los cerca de 5 millones de barriles de crudo y combustóleo que llegarán a China equivalen a unos 166.000 barriles diarios. Esta cifra representa una caída significativa frente al promedio de 642.000 barriles diarios que Venezuela exportó a China en 2025, volumen que constituyó el 75% de sus exportaciones totales de crudo y combustibles, estimadas en 847.000 barriles diarios, según documentos internos de PDVSA.
Aun así, las refinerías chinas no muestran urgencia por encontrar suministros alternativos. A finales del año pasado, China incrementó sus compras de crudo venezolano mientras millones de barriles aún estaban en tránsito, lo que ha permitido amortiguar, al menos por ahora, el impacto inmediato de la caída en los envíos.






