Delcy Rodríguez fue juramentada como presidenta encargada el 5 de enero de 2026, dos días después del ataque estadounidense contra Nicolás Maduro, que llevó a su captura. La jefa de Estado en funciones lleva los dos últimos meses reconstruyendo el poder político en Venezuela. Imagen: Guacamaya.
Guacamaya, 08 de marzo de 2026. Cambios que van desde lo diplomático hasta lo económico, pasando por el desplazamiento de algunas figuras y entes, pero sin dejar de lado la gobernabilidad. Así, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, ha tejido, a dos meses de asumir el poder, una estructura de mando propia, apoyada en cuadros de confianza y cuidadosos movimientos para legitimar su autoridad en un país con una nueva realidad política.
Y esa capacidad no se ha fraguado únicamente desde el Ejecutivo, pues Delcy ha extendido su influencia a otros ámbitos del Poder Público. Con importantes leyes promovidas para su discusión y aprobación en la Asamblea Nacional, y recientes designaciones encargadas del Fiscal General y el Defensor del Pueblo, Rodríguez suma soportes clave en pro de una estabilidad gubernamental.
Más allá del Ejecutivo: Nuevas leyes y Larry Devoe como nuevo fiscal
Aunque los nuevos ordenamientos jurídicos y las designaciones encargadas del Poder Ciudadano son ejecutados por el Poder Legislativo, que es presidido por su hermano, Jorge Rodríguez, es atribuible la supervisión política de Delcy. Dicha orientación responde, por supuesto, al eje central de poder que ella ha construido en economía, petróleo y diplomacia, tras juramentarse como presidenta encargada en sustitución de Nicolás Maduro, tras los sucesos del 3 de enero.
Por un lado, Larry Devoe, quien estuvo durante 12 años al frente del Consejo Nacional de Derechos Humanos, ente adscrito a la Vicepresidencia de la República, representa el perfil técnico-leal que Delcy ha impulsado de manera consistente. Su inclusión en las juntas interventoras de Sunacrip y CVG en 2023 ocurrió precisamente durante la vicepresidencia ejecutiva de Rodríguez.
En enero de 2026, ya como presidenta encargada, Delcy integra a Devoe al Programa para la Convivencia Democrática y la Paz, que ha sido clave para gestionar la Ley de Amnistía y las liberaciones de presos políticos. Con él al frente del Ministerio Público, aunque de forma provisional, busca legitimar una narrativa de apertura, mientras mantiene control sobre investigaciones sensibles.
Mientras tanto, la recolocación de Tarek William Saab en la Defensoría del Pueblo responde a una lógica distinta pero complementaria. Saab, señalado internacionalmente por convertir al Ministerio Público en herramienta de persecución política durante casi una década, no resultaba compatible en el puesto de Fiscal General en medio de un gobierno que pretende apostar por una reconciliación.
Sin embargo, sacarlo del todo del sistema habría generado resistencias en sectores duros del chavismo. Mantener a Saab en la Defensoría, un rol defensivo ante narrativas de organismos como la CIDH y la ONU, aunque neutraliza sin duda su figura, le permite capacidad operativa como operador jurídico, con el beneficio, además, de la inmunidad, basado en los principios constitucionales.
Justamente, tras ser aprobadas la Ley de Hidrocarburos y la Ley de Amnistía, los últimos movimientos provisionales promovidos en el Poder Ciudadano pueden explicar una estrategia del Ejecutivo para asegurar gobernabilidad sin choques. Al atender tensiones internas del chavismo y también con la oposición, era previsible un relevo en las figuras encargadas de la acción penal y la vigilancia de derechos.
El Despacho como plataforma para un nuevo equilibrio de poder
Una cara más de este proceso es lo que Delcy ha hecho con el núcleo administrativo del Ejecutivo. Con una reconfiguración casi por completo del Despacho de la Presidencia, no solo en designaciones sino en su reorganización interna, en complemento de cambios y mantenimientos clave en varios ministerios, se distancia de la era Maduro sin romper del todo con el legado chavista.
Uno de los cambios esenciales en este órgano del Ejecutivo, tiene que ver con su nuevo responsable. A días de los sucesos del 3 de enero, y tras rumores de su muerte en medio de la operación estadounidense, el capitán Juan Escalona, edecán de Chávez y Maduro, fue designado oficialmente como el nuevo titular del llamado Ministerio del Despacho de la Presidencia y Seguimiento de la Gestión de Gobierno.
«Sé que su lealtad, capacidad y compromiso llevará adelante el seguimiento del desarrollo de los planes de nuestro Gobierno Bolivariano, junto al pueblo. ¡Vamos siempre adelante!», expresó Delcy en su momento. El nombramiento de Escalona, sería efectivo en sustitución de Aníbal Coronado, quien pasaría —provisionalmente— al frente del Ministerio de Ecosocialismo, para relevar, a su vez, a Ricardo Molina.
Posteriormente, en relación a la cantera del Despacho, se sustituyó el Viceministerio para la Suprema Felicidad Social del Pueblo por el Viceministerio de Protección Social. Además, se crearon los Viceministerios de Apoyo Presidencial y de Comunicación Presidencial para coordinar las políticas ejecutivas y para la difusión de la información emanada de la gestión.
Finalmente, se ordenó la supresión y liquidación de siete misiones y fundaciones asociadas al Despacho de la Presidencia, entre ellas la Misión Jóvenes de la Patria “Robert Serra”, Propatria 2000, la Fundación José Félix Ribas y el Centro Estratégico de Seguridad y Protección de la Patria. Algunas de ellas redistribuyeron competencias a otros ministerios para una “reorganización del Ejecutivo”.
Relevos estratégicos y guiños políticos en imagen pública
Fuera del Despacho, la reestructuración de Delcy también se ha extendido a áreas clave de imagen pública, comunicación y otras carteras operativas del gabinete. Distintos nombramientos, combinados con la inamovilidad de ciertos actores, demuestran el desplazamiento de figuras de la era Maduro, a la par de alianzas tácticas para consolidar lealtades dentro del oficialismo que favorezcan la gobernabilidad.
Hace un mes destituyó a Leticia Gómez —ministra de Turismo de origen cubano— y nombró en su lugar a Daniella Cabello, hija del ministro de Interior, Justicia y Paz, Diosdado Cabello. Daniella, especialista en gestión aduanera y comercio exterior, con antecedentes familiares en el Ministerio (su madre Marleny Contreras lo ocupó entre 2015 y 2019), representa un guiño generacional y político al clan Cabello.
Daniella Cabello también asumió, en condición de encargada, la presidencia del Instituto Nacional de Turismo (Inatur), lo que le da control directo sobre la política turística y la red operativa nacional de ese sector. Bajo su paraguas quedó además Venetur, ahora dirigida por la exsuperintendenta de Sudeban, Dheliz Álvarez, quien fue trasladada de funciones como parte de la misma reestructuración de Gobierno.
En el Ministerio de Comunicación e Información, designó a Miguel Pérez Pirela, filósofo y comunicador con larga trayectoria en la órbita chavista. En esa misma línea, Pirela pasó a ocupar la Vicepresidencia Sectoral de Comunicación, Cultura y Turismo, sustituyendo en ambos cargos a Freddy Ñáñez, quien relevó a Aníbal Coronado en el Ministerio de Ecosocialismo, apenas a días de su designación.
Precisamente, Ñáñez también fue relevado por Hernán Canorea como presidente de la televisora estatal Venezolana de Televisión. Canorea ha formado parte del círculo de confianza de Diosdado Cabello, de cuyo programa Con el mazo dando ha sido productor y columnista, además de jefe de prensa de la Asamblea Nacional presidida por el propio Cabello entre 2012 y 2016.
Además, Delcy ha hecho cambios concentrados en varios ministerios clave. Aníbal Gutiérrez, quien venía del Despacho y designado a Ecosocialismo por apenas pocos días, asumió luego como ministro de Transporte, en reemplazo de Ramón Velásquez Araguayán. Mientras tanto, Nuramy Gutiérrez fue designada como ministra de Salud en sustitución de Magaly Gutiérrez Viña.

Seguridad y defensa: la cabeza permanece intacta
En contraste con estas renovaciones, Delcy ha preservado intactas las carteras de seguridad y control estatal. Diosdado Cabello se mantiene firme como ministro de Interior, Justicia y Paz, mientras que el Ministerio de Defensa, liderado por Vladimir Padrino López, conserva su alto mando pese a ajustes menores en comandos regionales (REDI y ZODI) anunciados por el CEO-FANB, Domingo Antonio Hernández Lárez.
Asimismo, por encima de estas estructuras, Diosdado Cabello se mantiene como vicepresidente sectorial de Política, Seguridad Ciudadana y Paz, lo que le garantiza el control directo sobre las fuerzas policiales, los servicios de inteligencia y los dispositivos de orden público. Mientras tanto, en paralelo, Vladimir Padrino López continúa al frente de la Vicepresidencia de Soberanía Política, Seguridad y Paz, conservando la jefatura política sobre la FANB y asegurando que la transición no altere la cúpula militar.
Estas vicepresidencias y ministerios —claves para el control de FANB, PNB, DGCIM y SEBIN— no han sufrido movimientos significativos, lo que evidencia la prioridad de Delcy por evitar fracturas en las instituciones coercitivas que garantizan su estabilidad física. Aunque hubo un ajuste clave como el de Gustavo González López al frente de la DGCIM y la Guardia de Honor Presidencial, la continuidad en en Interior y Defensa busca evitar paranoia o incertidumbre en las fuerzas del orden y soberanía política.
En su conjunto, el blindaje de Defensa e Interior, funciona como contrapeso de estabilidad frente a los ajustes previamente nombrados en otras carteras del Gabinete. Mientras Delcy desplaza símbolos de la era Maduro en áreas operativas y de imagen pública, sostiene lealtades históricas en las fuerzas coercitivas para lograr así un equilibrio que sostiene su poder sin rupturas mayores.
La nueva proyección hacia EE. UU.: Plasencia como pieza central
Desde luego, del círculo diplomático cerrado que ha construido Delcy, no puede dejar de nombrarse a Félix Plasencia, designado como representante diplomático de Venezuela ante Estados Unidos, y primer enviado de Caracas a Washington desde la ruptura de relaciones en 2019. Su perfil técnico y leal convierte a Plasencia en la cara “presentable” del chavismo ante los Estados Unidos.
Plasencia, diplomático de carrera, excanciller, exembajador en China y Reino Unido, contaba ya con una larga trayectoria en la política exterior del chavismo. Cabe destacar que fue ministro de Turismo cuando acompañó a Delcy en el vuelo del “Delcygate” a Barajas, en 2020, mientras Delcy permanecía sancionada por la Unión Europea, lo que evidencia una relación de confianza personal desde la era Maduro.
Otros movimientos llamativos se produjeron en el Ministerio de Relaciones Exteriores, donde Delcy decidió cambiar casi por completo la línea de mando intermedia. Mauricio Rodríguez fue nombrado viceministro para América Latina; Rander Peña pasó a Comunicación Internacional; Andrea Corao Faría a Asia, Medio Oriente y Oceanía; y Oliver Blanco asumió Europa y América del Norte.
En particular, resultó vistoso el nombramiento de Oliver Blanco, quien fue presentado explícitamente como “un joven con militancia opositora previa”, lo que puede venderse como gesto de apertura a otras visiones dentro de la política exterior. De esta manera, es otra señal que evidencia un contraste con la era Maduro al mostrar, al menos en el plano internacional, inclusión y pragmatismo sin perder el control.
Asimismo, al mover a Rander Peña desde América Latina hacia Comunicación Internacional y sacar a Camilla Fabri, esposa de Alex Saab, Delcy refuerza un equipo más profesionalizado y menos asociado al círculo duro madurista para manejar el relato hacia afuera. Eso encaja con el intento de mostrar un gobierno más “presentable” luego de la captura/salida de Maduro.
De la misma manera, colocar a Mauricio Rodríguez en América Latina y a Corao (hija de la diputada oficialista Jacqueline Faría) en Asia–Medio Oriente–Oceanía apunta a reforzar dos ejes: el vecindario inmediato, en búsqueda de restablecer o recomponer vínculos tras años de aislamiento; y afianzar los aliados estratégicos no occidentales que han sido clave en financiamiento y respaldo político.
Delcy no solo cambió nombres en la diplomacia, sino que terminó de alinear la política exterior con el proceso de desmontaje y recomposición del aparato gubernamental que viene marcando desde que tomó formalmente el poder. Del mismo modo, refuerza así el margen de maniobra internacional de su gobierno encargado en un momento de alta fragilidad interna.
Donde realmente se gobierna: el poder económico en manos de Delcy
Si los movimientos diplomáticos construyen el relato hacia afuera, el verdadero núcleo de poder de Delcy está en el triángulo economía–finanzas–petróleo a lo interno del país. Allí ella no ha improvisado, y hasta parece haber previsto el actual escenario, al colocar y reposicionar a fichas con las que viene trabajando desde hace años, y en quienes hoy concentra la gestión de recursos, inversiones y caja del Estado.
Calixto Ortega Sánchez es quizá el ejemplo más nítido. Economista con experiencia en Citgo y en el Banco Central de Venezuela, fue una pieza clave en la gestión de activos y sanciones bajo Maduro. Una vez que Delcy asume la presidencia encargada, lo reincorpora al Gobierno y lo nombra como vicepresidente sectorial de Economía y, poco después, presidente del Centro Internacional de Inversión Productiva (CIIP) en sustitución de Alex Saab, vinculado a acusaciones de corrupción.
Saab también sale por completo del gabinete tras la fusión de los ministerios de Industrias y Producción Nacional y de Comercio Nacional en una sola cartera, que finalmente quedaría al mando de Luis Antonio Villegas. Posteriormente se daría a conocer la detención de Saab, aunque sin respuesta o versión oficial por parte del Estado venezolano, hecho que de confirmarse, expresaría el distanciamiento claro y contundente con lealtades maduristas.

En comercio exterior, por su parte, Coromoto Godoy encarna otra pieza del sostén económico. Bajo Maduro, la diplomática primero asumió el Ministerio de Comercio Exterior y luego, bajo Delcy, fue ubicada al frente de la Agencia de Promoción de Exportaciones. Es el complemento natural del CIIP, pues mientras Ortega atrae inversiones, Godoy trabaja en la colocación de bienes y servicios venezolanos en mercados estratégicos.
En dicha cartera de Comercio Exterior, Andreína Tarazón asumió el Viceministerio de Política Comercial Internacional, además de la presidencia encargada de la Fundación Instituto Marca País, que dirigía Daniella Cabello. En el movimiento, el Ejecutivo también nombró a Johann Carlos Álvarez Márquez, como viceministro de Promoción de Exportaciones.
En el vértice de todo está Pdvsa. Héctor Obregón fue nombrado presidente de la estatal petrolera durante el gobierno de Maduro, en el marco de la reconfiguración de los 13 motores productivos, en la que Delcy era la jefa política del motor de Hidrocarburos y hoy aún ministra. Desde entonces, Obregón y Rodríguez han formado una dupla en la que la toma de decisiones petroleras pasa por un circuito estrecho.
Junto a estos cambios, Anabel Pereira se mantiene en el Ministerio de Economía y Finanzas, después de formar parte, bajo Delcy como vicepresidenta ejecutiva, del esquema que articulaba los llamados 13 motores productivos. Ello puede explicar que Rodríguez ya la tuviera como pieza de confianza para coordinar políticas económicas y financieras antes de asumir la presidencia.
En esta misma línea, otro nombramiento reciente tiene que ver con la Superintendencia de las Instituciones del Sector Bancario de Venezuela (Sudeban), en la que Delcy designó a Amny Ivonett Pérez como nueva titular. El movimiento se vincula estrechamente con Pereira, de quien Pérez fue colaboradora y consultora jurídica cuando la hoy ministra de Economía y Finanzas era la que estaba al frente de Sudeban en 2023.
Porr último, el Banco Central de Venezuela, aún se mantiene Laura Carolina Guerra Angulo, con formación en Petróleo y experiencia en manejo de fondos, nombrada por Nicolás Maduro en abril de 2025. Su designación renovó todo el directorio del BCV en un contexto de emergencia económica, lo que la posicionó como figura técnica en la gestión monetaria bajo la titularidad de Delcy Rodríguez en el Ministerio de Economía y Finanzas y Vicepresidencia Ejecutiva.
Un poder que se redefine tras la salida de Maduro
La nueva realidad política del país —marcada por la salida de Maduro, la liberación de presos políticos y el inicio de un desmontaje parcial del viejo aparato— ha exigido a Delcy una mezcla de control interno y capacidad de negociación externa. En este sentido, Rodríguez parece haber entendido que no basta con administrar la herencia institucional, sino que también hay que rediseñarla para que responda a un liderazgo distinto.
El resultado, hoy por hoy, es un gobierno que, aunque se sostiene sobre la arquitectura del chavismo, ya no depende de las mismas lealtades que sostuvieron a Maduro. La construcción de un poder propio, es aparentemente más tecnocrático en la forma, selectivamente aperturista en el discurso, pero aún profundamente centralizado en la práctica.
Es pronto para vislumbrar si la consolidación de esta nueva estructura le bastará a Delcy para navegar las tensiones sociales, económicas e internacionales que pueda enfrentar. Lo que sí parece claro es que, en la disputa por el legado y el control del Estado, ella ya ha dado un zarpazo significativo. Sus cuadros son de su absoluta confianza, forjados en años de colaboración, que le permiten navegar la nueva realidad.







