Oliver Blanco es el ministro de Relaciones Exteriores más joven de la historia reciente de Venezuela, y destaca por su perfil sin militancia en el partido oficialista. Fotografía: Prensa Presidencial.
Guacamaya, 30 de octubre de 2026. La presidenta encargada designó este 29 de octubre a Oliver Blanco, internacionalista de la UCV y antiguo cuadro juvenil de Acción Democrática, como canciller de Venezuela. Blanco, que fue voz comunicacional de la Asamblea Nacional bajo Henry Ramos Allup y ocupaba desde febrero el Viceministerio para Europa y América del Norte.
Blanco sustituye a Félix Plasencia, quien la presidenta Delcy Rodríguez envía a Londres con la misión de recuperar las reservas de oro retenidas en el Banco de Inglaterra, mientras se efectúan otros cambios en la Cancillería.
La jefa de Estado anunció la designación durante una transmisión de VTV. “He decidido designar a Oliver Blanco como canciller de la República Bolivariana de Venezuela. Yo espero que este equipo fortalecido siga avanzando en los cambios y en la recuperación geopolítica de Venezuela en ámbitos de cooperación y amistad con todos los países”, dijo.
El nombramiento llega con un reacomodo más amplio en el equipo de política exterior. Félix Plasencia, nombrado canciller en julio, pasa a dirigir los Asuntos Internacionales de la Presidencia con una tarea concreta. “Le dije que su primera tarea era instalarse en el Reino Unido hasta que recuperemos el oro que es de los venezolanos”, explicó Rodríguez, que añadió que Plasencia representará a la Presidencia en las labores “esenciales, estratégicas” que el país requiera.
Blanco se convierte así en uno de los cancilleres más jóvenes de la historia contemporánea de Venezuela y el más joven en el siglo XXI, destacando también por su pasado de militancia fuera del PSUV, el partido del gobierno.
Un internacionalista con pasado en la oposición
Blanco es licenciado en Estudios Internacionales por la Universidad Central de Venezuela y tiene un máster en Estudios Políticos y de Gobierno por la Universidad Metropolitana. Su trayectoria combina la política y la comunicación, y está ligada históricamente a la oposición y, en particular, a Acción Democrática. Dentro del partido fue dirigente juvenil, participó en movilizaciones y pronunciamientos públicos sobre la crisis del país y defendió en varias ocasiones la negociación como vía para una salida política.
Se dio a conocer tras las elecciones parlamentarias de 2015, cuando la oposición ganó el control de la Asamblea Nacional. Durante la presidencia de Henry Ramos Allup en 2016 ocupó cargos relevantes en el aparato comunicacional del Parlamento. Fue director de Comunicaciones Estratégicas y Relaciones Institucionales y una de las voces visibles de la institución en un periodo de alta confrontación. Fue asistente de Ramos Allup, de quien se le consideraba cercano. También se le vincula con Diego Arria, el diplomático venezolano que llegó a presidir el Consejo de Seguridad de la ONU y que participó en misiones de paz en Bosnia y Herzegovina.
Aquellos años lo expusieron a la tensión política, concretamente en 2016 cuando denunció haber sido agredido por simpatizantes oficialistas cerca de la sede legislativa. En 2017, durante las protestas, intervino ante el Senado de México para denunciar la situación venezolana y buscar apoyo externo. Esas actuaciones lo consolidaron como vocero internacional de la oposición en ciertos círculos, aunque lejos de los reflectores de otros liderazgos. Pertenece a una generación formada entre redes sociales, activismo y comunicación estratégica, con un discurso dirigido a audiencias internacionales y a la diáspora.
A lo largo de su carrera ha mantenido encuentros con líderes de peso, entre ellos el expresidente brasileño Fernando Henrique Cardoso. Cardoso es una figura clave de la consolidación democrática de Brasil tras la dictadura (1964-1985) siendo senador, canciller y luego presidente, impulsó el Plan Real y reformas de gobernabilidad, transparencia y derechos civiles.
De viceministro a canciller
En febrero de 2026, Rodríguez lo designó viceministro para Europa y América del Norte dentro de una reestructuración de cuatro viceministerios. El anuncio oficial lo presentó como un internacionalista joven con pasado opositor y compromiso declarado con el país. Tras el nombramiento, Blanco divulgó un comunicado donde afirmó mantener independencia respecto al partido de gobierno. Presentó su designación como muestra de apertura a “perspectivas diversas al servicio del país” y dijo que busca promover la unidad nacional, porque “generar confianza es fundamental para definir nuestro futuro”.
Desde ese cargo encabezó visitas oficiales a Suiza, a la Unión Europea y a varios países del bloque. Además, estuvo presente en el encuentro entre Rodríguez y Donald Trump al margen de la Asamblea General de la ONU.
Blanco ha sido una figura fundamental en la reconstrucción de las relaciones internacionales de Venezuela con el Occidente político, especialmente con la Unión Europea, Suiza y los Estados Unidos, en esta nueva etapa que vive el país tras el 3 de enero.
También desempeñó un papel clave en la coordinación de la ayuda humanitaria y la asistencia internacional a Venezuela tras los terremotos de junio, y se ha convertido en un operador clave de la política exterior de reforma de Delcy Rodríguez.
Las otras piezas del relevo
La más importante sin duda es Félix Plasencia, quien deja la Cancillería, pero no sale del círculo de la presidenta. Diplomático de carrera, ingresó al servicio exterior en 1991 por concurso público, bajo el gobierno de Carlos Andrés Pérez. Conoció a Delcy Rodríguez en 1994 en la embajada de Venezuela en Londres, y esa relación se convirtió en un vínculo de confianza política. Estudió Relaciones Internacionales en la UCV, Estudios Europeos en la Universidad Católica de Lovaina y Estudios Diplomáticos en Oxford. Fue viceministro, ministro de Turismo y Comercio Exterior, embajador en China (2019-2021), canciller (2021-2022), embajador en Colombia y representante ante la Organización Marítima Internacional en Londres. En febrero ya figuraba como representante de las autoridades interinas ante Estados Unidos. Su nueva misión se apoya en esa experiencia, y en su vínculo con Londres.
Por su parte, Marynna Saatdjian será viceministra para Europa y Norteamérica, el despacho que ocupaba Blanco. Hasta ahora era viceministra de Comercio Internacional. En sus funciones se ha reunido con la embajadora de Brasil, el encargado de Negocios de la UE y los agregados comerciales de la Embajada de Estados Unidos, además de coordinar talleres de diversificación de exportaciones con la UNCTAD y la CAF.
Otro nombramiento fue el de Saúl Ameliach, hasta ahora viceministro de Economía y Finanzas, asumirá el Viceministerio de Comercio Internacional, que deja Saatdjian.
El nombramiento de Blanco no es solo administrativo. Su pasado opositor y su perfil comunicacional pueden resultar menos ideologizados para gobiernos europeos y para Washington, y servirían de interlocutor en asuntos delicados como las sanciones, la cooperación económica y los acuerdos multilaterales. Además, reforzaría una narrativa de inclusión, “reencuentro” y renovación generacional.
El gesto encaja con la fase de reconciliación del plan de tres fases atribuido a Marco Rubio y respaldado por Trump. Rubio ha defendido que la normalización debe incluir a actores políticos diversos y construir confianza entre gobierno y oposición. El gesto podría, además, enviar a la oposición el mensaje de que hay canales de participación dentro del Estado.
El nombramiento indica que el gobierno busca acercarse a los actores internacionales con un discurso más inclusivo y profesionalizado sin comprometer la línea política central del Ejecutivo. Queda por ver si podrá consolidarlo en hechos concretos y cómo lo valorará la comunidad internacional.
La designación de Oliver Blanco como canciller de Venezuela ha generado una señal de particular relevancia para el nuevo escenario político del país. Especialmente tras el respaldo público de Rocío San Miguel, abogada y defensora de derechos humanos que fue presa política durante el gobierno de Nicolás Maduro. Su mensaje, además de constituir una felicitación personal, plantea elementos importantes para comprender los desafíos de la reconciliación nacional y la reconstrucción de la convivencia democrática.
“Querido @OliverBlanco, te felicito por tu nombramiento como canciller de Venezuela. Te deseo sabiduría y templanza en una responsabilidad que exige representar a todos los venezolanos, sin distingo, y contribuir desde la política exterior a la seguridad, los derechos humanos y el diálogo democrático. Un abrazo, amigo”, expresó San Miguel en su mensaje dirigido al nuevo titular de la diplomacia venezolana.
Las palabras de San Miguel adquieren relevancia por su trayectoria y por el contexto político en el que se produce este intercambio. Su referencia a la necesidad de representar a todos los venezolanos, sin distinción, introduce uno de los principios fundamentales para cualquier proceso de reconciliación y es el reconocimiento de que el Estado debe actuar en nombre del conjunto de la sociedad, independientemente de las diferencias políticas, ideológicas o de cualquier otra naturaleza.
El gesto también resulta significativo por la trayectoria de Blanco, vinculado en el pasado a sectores de la oposición y su incorporación al frente de la política exterior venezolana. En un país marcado por años de confrontación, desconfianza y exclusión política, el reconocimiento entre figuras con experiencias diferentes puede contribuir a crear condiciones para una interlocución más amplia, aunque por sí solo no garantice cambios estructurales.
Otro elemento central del mensaje es la asociación que establece entre política exterior, seguridad, derechos humanos y diálogo democrático. La referencia apunta a una concepción de la diplomacia que trasciende la representación formal del Estado y sitúa la protección de las personas, la estabilidad y la búsqueda de entendimientos entre actores políticos entre sus prioridades. Para Venezuela, esto supone un desafío especialmente relevante, el de recuperar la confianza internacional mientras se avanza en la construcción de garantías dentro del país.
La experiencia venezolana demuestra que la superación de la polarización requiere algo más que gestos individuales, pues exige instituciones capaces de garantizar derechos, espacios efectivos para la participación política y condiciones que permitan procesar las diferencias sin persecución ni exclusión. El diálogo democrático solo puede consolidarse cuando está acompañado de garantías verificables y de un compromiso real con el Estado de derecho.
En este contexto, el mensaje de San Miguel puede interpretarse como una señal favorable a la posibilidad de construir puentes en una sociedad profundamente dividida. Su felicitación a Blanco no implica necesariamente un respaldo general al Gobierno ni a todas sus decisiones, pero sí pone de relieve la importancia de distinguir entre las diferencias políticas y la necesidad de encontrar puntos de encuentro en torno a objetivos compartidos.
La nueva etapa venezolana estará marcada, en buena medida, por la capacidad de convertir estas señales en hechos concretos. La representación de todos los ciudadanos, la defensa de los derechos humanos y la apertura de canales de diálogo serán algunos de los criterios con los que podrá evaluarse la voluntad de avanzar hacia una convivencia democrática. En ese sentido, el intercambio entre San Miguel y Blanco ofrece una oportunidad para reflexionar sobre una cuestión fundamental: la reconciliación no exige que los venezolanos piensen igual, sino que puedan reconocerse como parte de una misma sociedad y contar con garantías para convivir en sus diferencias.







