Rusia busca su lugar en la nueva Venezuela

Rusia es una de las mayores potencias energéticas del mundo; aunque Estados Unidos trata de apartarla de la nueva Venezuela. Sin embargo, Moscú sigue manteniendo importantes intereses financieros y petroleros en la nación suramericana. Fotografía: Qweasdqwe.

Guacamaya, 27 de octubre de 2026. En Moscú, la ministra de Hidrocarburos, Paula Henao, defendió el potencial gasífero del país ante el Foro de Países Exportadores de Gas (GECF) y Vladímir Putin prometió seguir cooperando con Caracas.

Venezuela participó el lunes en la 28.ª Reunión Ministerial del GECF, en Moscú, con una delegación encabezada por la ministra Paula Henao. Allí subrayó que el país posee la cuarta reserva probada de gas natural del mundo y reafirmó su disposición a profundizar la cooperación internacional y el diálogo entre productores y consumidores. El foro reúne a países productores para discutir seguridad energética, estabilidad del mercado y desarrollo sostenible.

El martes, en la cumbre del foro, la presidenta encargada Delcy Rodríguez intervino de forma telemática y advirtió sobre los riesgos de excluir a Rusia del mercado del gas. Putin agradeció su participación y respondió con un mensaje cuidadosamente calibrado: “Estamos dispuestos a colaborar con las autoridades oficiales de Venezuela, con nuestros socios venezolanos y también con representantes de terceros países. Estamos llevando a cabo las consultas pertinentes tanto con las estructuras gubernamentales oficiales de Venezuela como con las empresas interesadas. Y también con otros terceros países , quiero subrayarlo”.

La presidenta añadió que los operadores económicos rusos invirtieron miles de millones de dólares en el sector energético venezolano y que confía en que la cooperación continuará.

Este es el primer contacto virtual entre Rodríguez y Putin desde el 3 de enero, cuando Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro. Moscú calificó entonces la operación de “agresión” y pidió su liberación, pero desde entonces ha mantenido una postura reservada, sin críticas directas al presidente Donald Trump.

Calixto Ortega, vicepresidente sectorial de Economía y Finanzas, también viajó a Moscú para asumir la representación del país en la cumbre, junto con la ministra Paula Henao.

¿Qué busca Rusia?: lecciones de Siria y diferencias con Venezuela

La explicación geopolítica del acercamiento ruso parte de un precedente y ese es Siria. Tras la caída de Bashar al Asad, Moscú no se retiró; negoció con las nuevas autoridades para intentar preservar sus bases de Tartus y Hmeimim. La lógica es la de un actor extrarregional que, perdido el control político del aliado, apuesta por conservar una presencia mínima, activos y canales de acceso para el día en que el equilibrio vuelva a moverse.

Venezuela comparte esa lógica, con diferencias importantes. En Siria cayó el gobierno; en Venezuela se mantiene la estructura de poder, mientras el sistema se reforma bajo una notable influencia estadounidense cuya premisa es la Doctrina Donroe, que tiene en la mira la influencia de potencias extracontinentales como China o Rusia en el Hemisferio Occidental. El contexto venezolano de continuidad administrativa le permite a Moscú hablar con “las estructuras gubernamentales oficiales” sin tener que reconocer una ruptura. También cambia la naturaleza de la presencia, dado que en Siria era militar y logística; en Venezuela es sobre todo financiera, petrolera y de venta de equipamiento. En Venezuela además hay un tercer actor dominante, Estados Unidos, que ejerce influencia directa sobre la economía, el petróleo y buena parte de la política.

La referencia de Putin a “terceros países” admite al menos dos lecturas que se dividen en una apertura a esquemas con socios no rusos para conservar posición, o un mensaje velado a Washington de que Moscú está dispuesto a conversar. Es una interpretación y no una declaración, y conviene tratarla como tal. Lo que sí es claro es que el Kremlin evita la confrontación pública con Trump, prioriza proteger lo que ya tiene y usa foros como el GECF, para mostrar que no está aislado pese a las sanciones.

La herencia rusa: deuda y activos que siguen en pie

La deuda bilateral de Venezuela con Rusia se calcula en un total aproximado de entre 7.500 y 11.000 millones de dólares, entre líneas de crédito a nivel estatal, empresas mixtas petroleras y contratos de defensa.

La relación financiera es antigua y densa. Rusia y Venezuela acordaron, en 2017, reestructurar unos 3.150 millones de dólares de deuda soberana, compuesta por un principal de unos 3.120 millones y 217 millones en intereses, con pagos anuales de 133 millones entre 2019 y 2022 y de 684 millones entre 2023 y 2026.

Ese acuerdo no cubría las obligaciones de PDVSA con Rosneft, que eran un capítulo aparte y que  a finales de 2017 sumaban unos 4.600 millones de dólares y se redujeron a unos 800 millones en el tercer trimestre de 2019, según Rosneft. Moscú y la energética estatal, además, habían entregado al menos 17.000 millones de dólares en préstamos y líneas de crédito desde 2006, e Interfax estimaba en unos 11.000 millones los contratos técnico-militares. Parte de la deuda se ha pagado históricamente con hidrocarburos.

Tras las sanciones de 2020 a dos filiales de Rosneft, sus participaciones pasaron a Roszarubezhneft y luego Petromost, ambas propiedad del Estado ruso, que opera cinco empresas mixtas con PDVSA: Petromonagas (40 %), Petroperijá (40 %), Boquerón (26,67 %), Petromiranda (32 %) y Petrovictoria (40 %).

Petromonagas es el principal activo ruso, con unos 87.000 barriles diarios, mientras que las otras cuatro aportan entre 2.000 y 4.500. En enero, la empresa afirmó que todos sus activos en Venezuela son propiedad del Estado ruso y que mantendría sus compromisos con socios internacionales.

El obstáculo

Las licencias generales de la OFAC que ampliaron las operaciones petroleras en Venezuela excluyen transacciones con personas o entidades rusas, tampoco permiten hacerlas con empresas chinas, iraníes, norcoreanas y cubanas. El Kremlin pidió aclaraciones y habló de discriminación. Sin posibilidad de repatriar flujos bajo ese esquema, el futuro de los activos rusos queda en una zona gris donde no han sido expulsados del todo ni integrados a la apertura.

Rusia, que fue durante dos décadas el gran acompañante financiero y militar de Caracas, ha quedado fuera de los marcos de licencias que abrieron el sector.

Sin embargo, Moscú sigue manteniendo intereses sobre yacimientos estratégicos de hidrocarburos a través de empresas mixtas, y se mantiene como acreedor bilateral. Dos puntos que, a pesar del giro hacia Estados Unidos, no pueden ignorarse.

El gas es el punto donde esa tensión es más visible. Venezuela tiene reservas enormes pero una producción que depende en buena medida del gas asociado al petróleo y una infraestructura de captación, compresión y transporte deteriorada.  Sin infraestructura, la octava reserva del mundo sigue siendo un dato y no un flujo de exportación.

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