CAF y Proyecto Alcatraz: el modelo venezolano que muestra cómo la cooperación entre multilaterales y empresa privada puede construir la paz

Sergio Díaz-Granados y Alberto Vollmer firman el acuerdo de cooperación entre CAF y Proyecto Alcatraz. Fotografía: red social X/ @AgendaCAF

Guacamaya, 21 de mayo de 2026. La firma del Acta Protocolaria de la Fase II del proyecto “Atención Psicosocial Integral con Énfasis en Justicia Restaurativa para Privados de Libertad” entre CAF – Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe y la ONG Proyecto Alcatraz representa mucho más que una cooperación técnica enfocada en el sistema penitenciario venezolano. El acuerdo se ha convertido en un ejemplo concreto del potencial que puede tener la articulación entre organismos multilaterales y el sector privado para impulsar procesos de reinserción social, prevención de la violencia y construcción de paz en América Latina.

La nueva fase de la iniciativa fue encabezada por Sergio Díaz-Granados y Alberto Vollmer, y ampliará el alcance del programa a 16 centros penitenciarios venezolanos. El proyecto incorporará atención psicológica y psicoeducativa, formación en justicia restaurativa para familiares y funcionarios penitenciarios, así como acompañamiento a ex privados de libertad en sus procesos de reinserción.

Con esta cooperación técnica no reembolsable, CAF reafirma una línea de trabajo cada vez más relevante para los organismos multilaterales basada en apoyar iniciativas capaces de generar cohesión social desde el territorio, especialmente en contextos de violencia, exclusión y fragmentación institucional.

Un modelo nacido de una crisis local

La historia del Proyecto Alcatraz comenzó en 2003 en El Consejo, municipio Revenga del estado Aragua, una zona que entonces registraba una de las tasas de homicidios per cápita más altas de Venezuela. La pobreza, el desempleo y la presencia de bandas criminales coexistían alrededor de la Hacienda Santa Teresa, eje económico de la región.

Ese año, tras un ataque armado contra uno de los vigilantes de la empresa, los responsables fueron capturados. En lugar de impulsar únicamente un proceso penal tradicional, Alberto Vollmer tomó una decisión poco convencional que consistió en ofrecerles dos opciones, ir a prisión o trabajar durante tres meses sin remuneración como forma de reparación.

Los jóvenes aceptaron la segunda alternativa. Días después pidieron incorporar a otros miembros de su banda y, posteriormente, a integrantes de grupos rivales. Ese experimento improvisado terminó convirtiéndose en uno de los proyectos de reinserción social más conocidos de América Latina.

La iniciativa evolucionó bajo el lema “Delincuencia Cero”, con una metodología basada en trabajo comunitario, formación en valores cívicos, capacitación profesional, acompañamiento psicológico y práctica deportiva, particularmente rugby.

Rugby, disciplina y transformación social

Uno de los elementos más distintivos del Proyecto Alcatraz ha sido el uso del rugby como herramienta de transformación individual y comunitaria.

La práctica regular del deporte busca canalizar la agresividad y la energía de jóvenes vinculados a la violencia hacia dinámicas de disciplina, trabajo en equipo y sentido de pertenencia. Con el tiempo, el rugby pasó de ser una actividad complementaria a convertirse en uno de los símbolos del programa.

Actualmente más de 500 niños y adolescentes participan en entrenamientos organizados por la Fundación Santa Teresa en categorías infantiles, juveniles y senior como mecanismo de prevención del delito y consumo de drogas en el municipio Revenga.

La experiencia también llegó al sistema penitenciario venezolano. El programa de Rugby Penitenciario trabaja semanalmente con más de 800 privados de libertad recluidos en cárceles del país, quienes reciben formación técnica y práctica por parte de entrenadores del Proyecto Alcatraz, además de acompañamiento psicoeducativo orientado a facilitar su reinserción.

El origen de este componente penitenciario surgió de manera espontánea. Un ex participante del proyecto, detenido luego de abandonar el programa, pidió un balón de rugby para entrenar dentro de prisión junto a otros reclusos. Posteriormente solicitaron entrenadores de la Fundación Santa Teresa y, en 2013, aquel equipo penitenciario participó por primera vez en el Torneo de Rugby 7 organizado por la fundación.

Justicia restaurativa: del castigo a la reconciliación

Otro de los pilares fundamentales del Proyecto Alcatraz ha sido la incorporación de mecanismos de justicia restaurativa, un enfoque que busca recuperar las relaciones afectadas entre víctimas y victimarios mediante procesos de reconciliación, reparación del daño y participación comunitaria.

La metodología procura que quien cometió un delito reconozca el daño causado y proponga mecanismos de reparación, mientras la víctima puede participar activamente en un proceso orientado a reconstruir confianza y reducir ciclos de violencia.

Con el tiempo, este trabajo evolucionó hacia un diplomado de formación especializado en justicia restaurativa, dirigido tanto a líderes comunitarios como a operadores del sistema de justicia, con el objetivo de desarrollar estrategias humanistas y alternativas para la resolución pacífica de conflictos.

El proyecto también desarrolló Diamante, un plan piloto de acompañamiento psicológico individual y grupal destinado a fortalecer el proceso de transformación de personas privadas de libertad y ex participantes.

La dimensión familiar y comunitaria

La Fundación Santa Teresa entendió rápidamente que la reinserción no podía limitarse únicamente al individuo. En 2005 creó la Red de Madres, un programa orientado a esposas, madres y familiares de los participantes.

Las mujeres reciben formación humana y laboral, fortaleciendo autoestima, responsabilidad y compromiso comunitario. Según testimonios recogidos por el proyecto, muchas familias describen la transformación de sus hijos o esposos como “volver de la oscuridad”.

La inclusión familiar ha sido considerada uno de los factores centrales del éxito del programa, especialmente en contextos donde la ausencia de figuras paternas aparece recurrentemente entre jóvenes involucrados en dinámicas criminales.

Resultados e impacto

El principal indicador utilizado por el Proyecto Alcatraz ha sido la reducción de homicidios en el municipio Revenga. Desde el inicio del programa, la tasa habría disminuido aproximadamente un 65%.

En siete años, cinco pandillas fueron reinsertadas en la sociedad mediante oportunidades de empleo y formación. Además, antiguos integrantes de bandas pasaron a ser trabajadores, emprendedores y líderes comunitarios.

El proyecto también logró modificar la percepción social sobre los ex pandilleros. En comunidades donde anteriormente predominaba el miedo, antiguos delincuentes comenzaron a ser reconocidos como vecinos, compañeros de trabajo y referentes positivos.

En el plano económico, la metodología busca transformar la lógica del “dinero rápido” asociado al delito por una cultura de trabajo formal, ahorro y construcción de proyectos de vida sostenibles. Muchos graduados terminaron creando negocios propios o adquiriendo viviendas.

La iniciativa incorpora además elementos culturales y ambientales. Los participantes trabajan en cosechas de café orgánico y aprenden técnicas agrícolas y constructivas tradicionales venezolanas, fortaleciendo el vínculo con el territorio y el cuidado ambiental.

Reconocimiento internacional y el rol de Ron Santa Teresa

El alcance internacional del Proyecto Alcatraz ha sido inusual para una iniciativa comunitaria nacida en Venezuela.

En 2004 fue seleccionado por el Banco Mundial como modelo replicable en la lucha contra la pobreza y apareció en la portada del Wall Street Journal. Posteriormente se convirtió en caso de estudio de Harvard y fue reseñado por medios como Financial Times, Washington Post, BBC y ESPN.

En 2007 recibió reconocimiento de la comunidad de Jóvenes Líderes Globales del Foro Económico Mundial y en 2008 fue invitado por la Organización de Estados Americanos (OEA). En 2009 recibió el premio Beyond Sport tras presentarse en la Universidad de San Diego.

Detrás de esta experiencia se encuentra Ron Santa Teresa, la casa ronera más emblemática de Venezuela y América Latina. Fundada hace más de dos siglos en la Hacienda Santa Teresa, la empresa ha combinado el posicionamiento internacional de sus rones premium con una estrategia sostenida de inversión social en el municipio Revenga.

La marca ha sido ampliamente reconocida por la calidad de sus productos y por convertir la responsabilidad social empresarial en un eje estructural de su identidad corporativa. En el marco de los 225 años de la Hacienda Santa Teresa, incluso lanzó una edición especial diseñada por embajadores del Proyecto Alcatraz.

Desde sus inicios, Alberto Vollmer impulsó la idea de reinvertir parte de las ganancias de la empresa en el proyecto social. Con el tiempo, otras organizaciones nacionales e internacionales comenzaron a sumarse, entre ellas CAF, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco Mundial, Campari, General Motors, Venezuela Sin Límites, Suisse Chamber y el Instituto Nacional de Capacitación y Educación Socialista (INCES).

Multilaterales y sector privado: una alianza con potencial para Venezuela

La nueva alianza entre CAF y Proyecto Alcatraz adquiere relevancia en un contexto regional marcado por el aumento de la violencia urbana, el hacinamiento penitenciario y las dificultades de reinserción social en América Latina.

Durante décadas, gran parte de las políticas de seguridad en la región estuvieron centradas exclusivamente en enfoques punitivos. Sin embargo, experiencias como la de Proyecto Alcatraz muestran que existen alternativas híbridas donde el sector privado, las comunidades y los organismos multilaterales pueden colaborar para reducir violencia y reconstruir tejido social.

El caso venezolano resulta especialmente significativo porque combina inversión empresarial, acompañamiento psicosocial, deporte, capacitación laboral, justicia restaurativa y cooperación internacional dentro de un mismo ecosistema.

Para organismos multilaterales como CAF, este tipo de iniciativas también abre nuevas posibilidades de acción. Más allá de financiar infraestructura o programas tradicionales de desarrollo, la cooperación puede dirigirse hacia proyectos capaces de generar estabilidad social, disminuir violencia y fortalecer capital humano desde las comunidades.

La expansión del programa a 16 centros penitenciarios venezolanos podría convertirse en un laboratorio regional sobre modelos alternativos de reinserción y justicia restaurativa, particularmente en países donde las cárceles continúan funcionando como espacios de reproducción de violencia y exclusión.

En un continente donde la seguridad suele abordarse desde la confrontación y el castigo, Proyecto Alcatraz ha construido durante más de dos décadas una narrativa distinta basada en la posibilidad de transformar liderazgo violento en liderazgo comunitario, utilizando deporte, trabajo, reconciliación y oportunidades reales de reinserción.

Más allá de las cifras, los reconocimientos internacionales o los convenios institucionales, iniciativas como Proyecto Alcatraz tienen un significado profundamente humano para un país como Venezuela. En una sociedad marcada durante años por la crisis económica, la violencia, la fragmentación social y la pérdida de oportunidades, apostar por la reinserción significa apostar por la idea de que las personas pueden cambiar y que las comunidades pueden reconstruirse.

Quizás allí radica la importancia más profunda de esta alianza entre CAF – Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe y Ron Santa Teresa y no es otra que demostrar que incluso en contextos difíciles todavía es posible crear espacios de esperanza, reconciliación y movilidad social.

En Venezuela, donde durante años muchos jóvenes crecieron entre la exclusión, la ausencia de referentes y la normalización de la violencia, programas como este buscan recuperar algo que suele perderse primero en medio de las crisis y eso es la posibilidad de imaginar un futuro distinto. No se trata únicamente de evitar que alguien vuelva a delinquir, sino de devolverle sentido de pertenencia, dignidad y una oportunidad real de reintegrarse a la sociedad.

También es relevante que este modelo haya nacido desde el sector privado y luego lograra articularse con organismos multilaterales. Eso rompe con la idea de que la construcción de paz depende exclusivamente del Estado. La experiencia de Proyecto Alcatraz demuestra que empresas, comunidades, organizaciones sociales y actores internacionales pueden convertirse en aliados para atender problemas estructurales que afectan a toda la sociedad.

En el fondo, el proyecto plantea una pregunta poderosa para Venezuela y para América Latina: ¿qué ocurre cuando en lugar de responder únicamente con castigo y exclusión, se crean mecanismos para transformar liderazgo violento en liderazgo comunitario?.

Después de más de dos décadas, el mensaje del Proyecto Alcatraz parece ser que la paz no se construye solamente con instituciones o discursos, sino también ofreciendo segundas oportunidades.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *