La narrativa apunta a una serie de reformas institucionales y jurídicas diseñadas para garantizar la justicia social, la estabilidad económica y la transparencia electoral. | Fotografía: Canal de Delcy Rodríguez en Telegram.
Guacamaya, 23 de septiembre de 2026. En su discurso pronunciado ante la 81ª Asamblea General de la ONU, la presidenta encargada de la República Bolivariana de Venezuela, Delcy Rodríguez, proclamó el inicio de una nueva etapa de «renacer» para la nación. La mandataria enmarcó su intervención tras dos eventos críticos enfrentados por el país en 2026: el agudizado conflicto político e internacional y la devastación causada por el doble terremoto del 24 de junio.
Uno de los anuncios centrales del discurso fue la ratificación del recién suscrito convenio energético bilateral con la administración estadounidense. Rodríguez destacó el impacto hemisférico de esta alianza. «Resalto así el recién acuerdo binacional Estados Unidos-Venezuela como uno de los más grandes jamás suscritos y que contribuirá al equilibrio energético del hemisferio y de la economía internacional», expresó.
Asimismo, la presidenta encargada extendió un agradecimiento público a la Casa Blanca por la reactivación de las conversaciones diplomáticas, un nivel de acercamiento que no se registraba desde 2009. «En esta 81.ª Asamblea General de la ONU quiero agradecer al presidente Donald Trump y a su Gobierno por su disposición a retomar el camino de las relaciones diplomáticas y de cooperación con Venezuela», dijo.
Rodríguez precisó que ambas naciones trabajan activamente para «abonar los caminos para el relacionamiento energético, la promoción de seguridad, la lucha común contra el crimen transnacional y la cooperación económica».
Reforma judicial, democracia y compromiso electoral
En el ámbito interno, Rodríguez expuso los fundamentos de una transformación democrática e institucional, afirmando que «una nación no renace solamente reconstruyendo edificios; renace cuando reconstruye la confianza en sus instituciones». Para ello, definió dos pilares de reforma:
- Seguridad jurídica y reforma judicial: Anunció un proceso de revisión institucional para fortalecer el funcionamiento del Estado y dar garantías a inversionistas y ciudadanos. Según enfatizó, «la reforma de la justicia y de su sistema es impostergable»
- Garantías electorales: Confirmó la realización de comicios tras abrir canales de conversación con sectores opositores. Al profundizar en el valor de la representatividad, aseveró:
«Quiero decirlo muy claro en esta Asamblea General: en Venezuela habrá elecciones. […] Pero la democracia no se mide por la existencia de elecciones; la democracia se mide por la calidad de la competencia que precede a esas elecciones».
Los siete ejes globales de la política venezolana
La presidenta encargada resumió las prioridades de Venezuela ante los grandes desafíos de la comunidad internacional.
- Apego a la paz: Apuesta por la negociación y el diálogo como únicas salidas frente al conflicto.
- Desarrollo inclusivo y rechazo a las sanciones: Denuncia del impacto de las medidas coercitivas unilaterales sobre el Sur global
- Derechos de la naturaleza: Compromiso con la preservación ambiental
- Revisión del comercio global: Crítica a esquemas supranacionales que afectan la industria nacional.
- Seguridad energética: Búsqueda del equilibrio entre suministro continuo, precios accesibles y descarbonización no forzada
- Uso ético de la inteligencia artificial: Responsabilidad colectiva para evitar el aumento de la brecha digital y potenciar la IA en salud y producción
- Soberanía sobre la Guayana Esequiba: Reafirmación de los derechos históricos venezolanos y llamado a Guyana a negociar bajo el Acuerdo de Ginebra.
Mensaje a las nuevas generaciones y reconciliación nacional
Frente a las secuelas del desastre natural y del éxodo migratorio de los últimos años, Rodríguez dirigió un mensaje explícito a la juventud y a los venezolanos en el exterior. «A los jóvenes que han crecido viendo un país fracturado y que muchas veces decidieron partir. Este es el momento de construir el país al que muchos quieran regresar, y no solamente aquel del que muchos quisieron huir».
Para concluir su intervención, la mandataria evocó el ideario de Simón Bolívar en vísperas del bicentenario de su proclama de 1826, recordando que «ni un poderoso, ni un partido, ni una facción, sino el pueblo es soberano».
El retorno tras ocho años de ausencia
La primera intervención de un presidente venezolano ante el pleno ocurrió en noviembre de 1976, cuando Carlos Andrés Pérez usó la tribuna para plantear la necesidad de un nuevo orden económico internacional que redujera las desigualdades entre el norte industrializado y el sur en desarrollo. Le siguieron otras participaciones presidenciales, como las de Jaime Lusinchi en 1984 y 1985.
Con la llegada de Hugo Chávez, el tono y la centralidad de la Asamblea General cambiaron. Su discurso más recordado fue el del 20 de septiembre de 2006, cuando llamó “diablo” al entonces presidente estadounidense George W. Bush y pidió refundar la ONU. Nicolás Maduro, primero como canciller y luego como presidente, mantuvo esa línea confrontacional hasta 2018, en su última comparecencia presencial.
En enero de 2020, Venezuela perdió su derecho al voto en la Asamblea General, en aplicación del artículo 19 de la Carta de la ONU. Dicha disposición establece que un Estado miembro pierde ese derecho cuando sus atrasos en las contribuciones obligatorias igualan o superan el monto correspondiente a los dos años completos anteriores.
El embajador, para el momento, Samuel Moncada,, denunció ante el secretario general António Guterres que las sanciones estadounidenses impedían transferir los fondos: “Cada una de las veces que hemos intentado transferir los recursos, las transacciones han sido rechazadas o devueltas a nuestras cuentas bancarias —en el mejor de los casos—, mientras que en otras ocasiones han sido congeladas o confiscadas”.
La deuda puntual ascendía a 21 millones de dólares en ese momento. En el seno de la Quinta Comisión, Venezuela denunció que algunos miembros del Comité de Contribuciones utilizaron políticamente su solicitud de exención bajo el artículo 19 para impedir su participación con voz y voto. Para 2025, la deuda del país con la ONU se estimaba en aproximadamente 38 millones de dólares, lo que mantenía la suspensión del derecho al voto.
En paralelo a esas dificultades financieras, Venezuela ha tenido una presencia significativa en el Consejo de Seguridad como miembro no permanente en cinco períodos distintos. El primero fue en 1962-1963; el segundo en 1977-1978, cuando el embajador Simón Alberto Consalvi llegó a presidir el órgano. El tercero correspondió a 1992-1993. El cuarto fue para el bienio 2015-2016, con 181 votos de los 193 miembros.
Durante esa última membresía, la entonces canciller y ahora presidenta encargada, Delcy Rodríguez, llevó al Consejo la voz del país en temas de paz y seguridad internacionales, en un contexto de creciente cuestionamiento internacional a la situación de los derechos humanos en Venezuela.
El regreso de un jefe de Estado venezolano al pleno de la Asamblea General, efectivo con la participación de Delcy Rodríguez, se produce tras ocho años de ausencia. Su intervención coincide con un contexto inédito marcado por el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos, la reunión prevista con Donald Trump y el hecho de que Nicolás Maduro se encuentra detenido en la misma ciudad de Nueva York.
La cita, por tanto, no solo ha marcado un retorno formal, sino que se inscribe en un reacomodo de la posición internacional de Venezuela que la Asamblea General contribuirá a visibilizar. Rodríguez llegó durante la madrugada de este lunes al Aeropuerto de Teterboro, en el condado de Bergen, Nueva Jersey, desde donde se trasladó a Nueva York para iniciar las actividades previstas durante su visita.
La agenda venezolana en el día del discurso
Según un comunicado de la cancillería venezolana, se elevó una propuesta quese enmarca en “una reforma integral que busca fortalecer la representación de África en las instituciones multilaterales con equidad, legitimidad y justicia histórica”. Yuri Pimentel, viceministro para África, sostuvo que en los últimos años se ha avanzado progresivamente en el acercamiento entre la CELAC y la Unión Africana.
El viceministro, en nombre de la presidenta Rodríguez, agradeció además la solidaridad de los países africanos tras el doblete sísmico que afectó a Venezuela el 24 de junio de 2026, y enmarcó la recuperación del país en lo que el propio gobierno ha denominado “Venezuela Renace”, una consigna que —de acuerdo con el comunicado— apunta no solo a reconstruir lo perdido, sino a “nuevas oportunidades de desarrollo y cooperación”.
El gesto hacia África se produce en un momento en que Rodríguez ha priorizado la salida del aislamiento internacional que Venezuela arrastra desde 2018, cuando Maduro pronunció el último discurso de un jefe de Estado venezolano ante ese foro. Rodríguez llegó a Nueva York a comienzos de esta semana y, según reportó CNN, se encuentra a apenas veinte minutos en taxi del lugar donde su antecesor permanece detenido.
Turquía y Venezuela conversaron sobre cooperación energética
El ministro de Energía y Recursos Naturales de Turquía, Alparslan Bayraktar, se reunió en Nueva York con la ministra de Hidrocarburos de Venezuela, Paula Henao, en el marco de las actividades de la Asamblea General de Naciones Unidas. Ambos funcionarios abordaron nuevas posibilidades de cooperación en petróleo, gas natural y minería, con énfasis en medidas concretas para ampliar la participación de empresas y proyectos.
El encuentro se produce en un contexto de profundización de los vínculos energéticos entre Ankara y Caracas. Turquía ha mostrado interés en diversificar sus asociaciones internacionales en materia de hidrocarburos y minería, mientras Venezuela busca atraer capital, tecnología y nuevos socios para recuperar su capacidad productiva. En julio de 2025, Bayraktar ya había señalado que ambos países evaluaban oportunidades.
El interés turco también se extiende al sector minero. Bayraktar ha planteado públicamente la necesidad de ampliar la cooperación internacional en minerales y minería, vinculándola con las necesidades de la transición energética y la seguridad de las cadenas de suministro. En el caso venezolano, esto abre un espacio potencial de cooperación que trasciende los hidrocarburos y se conecta con las reservas minerales.
La reunión ocurrió además pocos meses después de la visita de Delcy Rodríguez a Turquía, donde el presidente Recep Tayyip Erdoğan destacó la intención de profundizar la cooperación bilateral, particularmente en comercio, energía y minería. En ese encuentro también participó Bayraktar, lo que evidencia que el componente energético ocupa un lugar central en la relación bilateral.
Para Ankara, Venezuela representa una oportunidad para ampliar su presencia en un país con grandes reservas de petróleo y gas; para Caracas, Turquía puede funcionar como un socio adicional en momentos en que el Gobierno venezolano intenta atraer inversiones internacionales y diversificar sus vínculos económicos. La reunión se produce, además, mientras Venezuela negocia simultáneamente nuevos proyectos.
Reunión con el primer ministro de Países Bajos
La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, también sostuvo este miércoles una reunión en Nueva York con el primer ministro de Países Bajos, Rob Jetten, en el marco de su agenda diplomática durante el 81.º período de sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas.
El encuentro se produjo en un momento de reactivación de los contactos entre Caracas y La Haya. En agosto, Rodríguez recibió las cartas credenciales de Carmen Gonsalves como nueva embajadora neerlandesa en Venezuela, ocasión en la que ambos gobiernos expresaron su intención de fortalecer los vínculos diplomáticos y comerciales.
Países Bajos mantiene además una relevancia particular para Venezuela por sus vínculos históricos y geográficos con el Caribe neerlandés y por su papel dentro de la Unión Europea. En mayo, Rodríguez viajó a La Haya para participar en las audiencias de la Corte Internacional de Justicia relacionadas con la disputa territorial entre Venezuela y Guyana por el Esequibo.
La reunión con Jetten también adquiere importancia por el papel que desempeña Países Bajos dentro de la política europea hacia Venezuela. El Gobierno neerlandés ha mantenido canales de diálogo con Caracas, mientras Bruselas ha buscado abrir espacios para una relación más constructiva y cooperación en áreas de interés común.
Jetten asumió como primer ministro neerlandés en febrero de 2026 y, además de encabezar el Gobierno, ejerce como ministro de Asuntos Generales y participa directamente en los asuntos internacionales del país. Su Gobierno incluye a D66, CDA y VVD, entre otras fuerzas de la coalición.
El encuentro en Nueva York se suma así a la intensa agenda internacional de Rodríguez durante la Asamblea General, en la que Caracas busca ampliar sus contactos con gobiernos occidentales y organismos multilaterales, mientras Países Bajos mantiene su interlocución con Venezuela tanto bilateralmente como en el marco europeo.
El deshielo con Trinidad y Tobago:
Al margen de la Asamblea General, la presidenta Rodríguez y la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar, sostuvieron una reunión en la Misión Permanente de Venezuela ante la ONU, en lo que ambas partes describieron como el inicio de una nueva etapa en las relaciones bilaterales. Según el comunicado venezolano, las mandatarias reafirmaron “los vínculos históricos de amistad”.
Las representantes estatales acordaron una agenda de trabajo en comercio, energía, seguridad, conectividad aérea, turismo, gestión de riesgos de desastres, protección del medio ambiente, agricultura y cultura. La parte venezolana señaló además que Persad-Bissessar es hoy “persona grata” en el país.
Ese detalle no es menor, si se recuerda que la Asamblea Nacional venezolana había declarado a Persad-Bissessar persona non grata el 28 de octubre de 2025, en represalia por lo que calificó como una postura “belicista” al permitir ejercicios militares estadounidenses en territorio trinitense, en plena escalada de tensiones entre Washington y Caracas bajo el gobierno de Maduro.
La ruptura llegó a un punto crítico cuando Maduro canceló un acuerdo gasífero con Trinidad y Tobago después de que un buque de guerra estadounidense, el USS Gravely, atracara en Puerto España. En abril de 2026, Trinidad y Tobago reconoció formalmente a Rodríguez como presidenta encargada, y desde entonces ambos gobiernos han reconstruido el vínculo con el sector energético como eje central.
En junio, Venezuela otorgó a la británica Shell una licencia para desarrollar una primera fase del campo de gas Loran, que cuenta con siete yacimientos, seis de ellos transfronterizos con territorio trinitense. A comienzos de septiembre, los cancilleres de ambos países —Félix Plasencia por Venezuela y Sean Sobers por Trinidad y Tobago— ya habían delineado en Caracas la agenda de trabajo.
La geografía explica buena parte de la urgencia y es que apenas unas siete millas separan a ambos países en su punto más estrecho, lo que convierte a la infraestructura trinitense en una vía natural para procesar y exportar el gas venezolano. Persad-Bissessar ha dicho tener “confianza absoluta” en que ese gas llegará a Trinidad y Tobago en el próximo año.
Aun así, persisten tensiones de fondo, dado que la propia primera ministra ha insistido en que su país busca “la parte justa” de los recursos de hidrocarburos que comparte con Venezuela a través de la estatal NGC, y ha subrayado públicamente que Trinidad y Tobago “no depende de Venezuela y nunca lo ha hecho”.
Mercosur, el otro frente de la ofensiva diplomática
La agenda multilateral de Rodríguez coincidió este día con un espaldarazo cuando el presidente de Paraguay, Santiago Peña, pidió este miércoles ante la Asamblea General la reintegración de Venezuela al bloque comercial Mercosur, según reportó Reuters.
El pedido de Peña se suma a un debate que Mercosur reabrió formalmente a partir de abril de este año, cuando el vicepresidente de Brasil, Geraldo Alckmin, señaló que el bloque revisaría la suspensión impuesta a Venezuela por considerar que el país atraviesa “un momento diferente” tras la salida de Maduro del poder.
Venezuela ingresó como miembro pleno de Mercosur el 31 de julio de 2012 y fue suspendida en dos etapas: primero en diciembre de 2016, por no incorporar la normativa comunitaria a su legislación interna, y de forma indefinida el 5 de agosto de 2017, cuando el bloque activó el Protocolo de Ushuaia —la cláusula democrática— al constatar la ruptura del orden constitucional venezolano.
Un eventual reingreso no depende de un simple gesto político, pues requiere consenso entre los Estados parte y una evaluación de si Venezuela vuelve a cumplir los estándares democráticos y económicos que motivaron la sanción original. La 68.ª Cumbre de Presidentes de Mercosur, celebrada en Asunción el 30 de junio de 2026, ya había puesto sobre la mesa el Estado de derecho y el funcionamiento institucional como condiciones ineludibles para cualquier revisión del caso venezolano.
En mayo, una delegación parlamentaria de Venezuela viajó a Montevideo para reclamar su reincorporación ante el Parlasur, en un debate que —según la cobertura regional— dividió a legisladores de la región, particularmente en Argentina.
Una diplomacia de normalización
Tomadas en conjunto, la intervención sobre África, el deshielo con Trinidad y Tobago y el respaldo paraguayo a la vuelta a Mercosur dibujan una misma estrategia: la de un gobierno encargado que busca traducir el cambio político interno en capital diplomático externo, en un año marcado por la flexibilización de sanciones estadounidenses, la reanudación de vínculos con el FMI y la apertura a inversión petrolera occidental.
Queda por verse si esa ofensiva de imagen basta para resolver las condiciones —democráticas, económicas y de legitimidad— que los propios interlocutores de Rodríguez, desde Mercosur hasta Washington, han puesto como precio de la reintegración plena de Venezuela.







