Banderas de Venezuela y China. Fotografía: Prensa Presidencial
Guacamaya, 8 de enero de 2026. El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, defendió la estrategia de Washington hacia Venezuela: permitir un comercio con Pekín, pero evitar que China se convierta en el actor dominante de la economía petrolera del país sudamericano. En una entrevista con Fox Business Network, Wright afirmó que hay “margen para equilibrar” los intereses estadounidenses y chinos en Venezuela, pero dejó claro que Estados Unidos no aceptará que China ejerza un papel de control estratégico sobre la economía venezolana.
Wright explicó que, bajo la nueva política norteamericana, mientras Estados Unidos mantenga el Estado de derecho y el control del flujo de petróleo venezolano, la participación comercial de China podría ser compatible con los intereses de Washington. Señaló además que espera que compañías como Chevron, ConocoPhillips y ExxonMobil amplíen su presencia en Venezuela tras la reciente reorganización del sector petrolero.
“¿Puede haber comercio con China? Claro. ¿Vamos a permitir que Venezuela se convierta en un estado cliente de China? Por supuesto que no”, subrayó Wright, delineando la diferencia entre intercambio comercial y dominio económico.
China: principal comprador y acreedor con intereses petroleros y financieros
La relación entre China y Venezuela ha estado profundamente marcada por el petróleo y la deuda financiera en las últimas décadas. Pekín se consolidó como el principal importador de crudo venezolano y el mayor acreedor del país, mediante acuerdos que mezclan financiamiento con suministro de petróleo.
Según datos de 2025, **China importó cerca de 389.000 barriles diarios de petróleo venezolano, lo que representó alrededor del 4 % de sus importaciones marítimas de crudo ese año, pese a las tensiones geopolíticas y las sanciones estadounidenses.
Además, investigaciones y datos de AidData, el centro de investigación de la Universidad William & Mary (EE. UU.), ubican a Venezuela como el cuarto mayor receptor de préstamos chinos en el mundo entre 2000 y 2023, con un total de 106 000 millones de dólares otorgados por Beijing, sólo detrás de Estados Unidos, Rusia y Australia.
Aunque el importe exacto de la deuda venezolana con China no es público, analistas financieros estiman que podría ser mucho mayor que los US$10 000 millones que habitualmente se citan, dado el tamaño de los compromisos financieros y los términos de los acuerdos de financiamiento.
Presencia de empresas chinas en el sector energético venezolano
Más allá de la compra de crudo, las petroleras chinas también han mantenido inversiones y participaciones en campos petroleros venezolanos:
Sinopec, uno de los gigantes energéticos chinos, es socio de una **empresa conjunta que controla alrededor de 2 800 millones de barriles de reservas en Venezuela, la mayor participación extranjera en el país, según análisis de mercado.
China National Petroleum Corporation (CNPC), a través de acuerdos conjuntos con la estatal PDVSA, controla aproximadamente 1 600 millones de barriles de reservas y sigue produciendo crudo junto a la estatal venezolana.
Estas asociaciones reflejan la estrategia de Beijing de integrar no solo la compra de crudo sino también la producción y participación accionarial en yacimientos petroleros venezolanos.
Un contexto estratégico en transformación
En tiempo reciente Venezuela dependió fuertemente de China como cliente y fuente de financiamiento para sostener su producción petrolera, especialmente durante años de sanciones y dificultades económicas. China compraba una proporción significativa de los envíos venezolanos, a menudo a precios descontados, y parte de ese crudo se destinaba a repagar deuda contraída con Pekín.
Sin embargo, en el contexto actual de control estadounidense sobre las ventas de petróleo venezolano y la voluntad de Washington de reposicionar a las petroleras y empresas estadounidenses como actores centrales, la relación energética y económica entre Venezuela y China enfrenta nuevos desafíos y límites. El resultado es una dinámica de coexistencia comercial con restricciones, donde China puede seguir y mantener algunos vínculos económicos, pero no puede dominar la economía venezolana, según los planteamientos expresados por el gobierno estadounidense.






