Pedro Elías Hernández es periodista, analista político y económico.
Guacamaya, 27 de agosto de 2026. Las nuevas corrientes de pensamiento que estudian los procesos de la ocupación del espacio, la nueva geografía urbana, junto a importantes escuelas económicas abocadas a la teoría del crecimiento y que hacen vida en las principales universidades y círculos académicos del mundo, atribuyen al desarrollo de las ciudades y de las regiones, más que al desempeño de los estados y naciones, el impacto positivo sobre la inmensa prosperidad material que ha traído el fenómeno de la globalización.
Por ejemplo, la ciudad de Yakarta crece dos veces más que lo que crece económicamente Indonesia. La famosa City de Londres crece tres veces más que El Reino Unido. La metrópoli de Nueva York genera el doble de riqueza que Suecia. Igualmente, Sao Paulo tiene mayor peso económico individual en sus relaciones con el mundo que lo que tiene Brasil. Sólo la ciudad de Estambul mueve hacia Berlín y otras ciudades germanas cada año dos tercios del volumen de negocios que transa toda Turquía con Alemania. Y Texas y Florida son las dos nuevas locomotoras económicas de EE.UU.
El fenómeno de la globalización ha marcado una tendencia: tener en determinados centros urbanos, con atributos geográficos particulares, sus emplazamientos territoriales fundamentales. De hecho, los ejes de poder en el mundo se han venido conformando, no tanto en atención a las relaciones que se establecen entre Estados y naciones, sino entre ciudades y regiones, lo cual ha dado paso a una nueva forma de gobernanza internacional.
Surge de esta manera la categoría conocida como ciudades globales. ¿En qué consisten? Son ejes espaciales de negocios trasfronterizos, que configuran una geografía urbana de diferente tipo. La experta en este apasionante tema, la socióloga neerlandesa Saskia Sassen, ha profundizado sus estudios sobre la materia y desde la Universidad de Chicago ha hecho un listado de las 50 ciudades globales más importantes y que constituyen las locomotoras del progreso material de las sociedades contemporáneas.
El concepto de ciudades globales se define en base a la evaluación de estos espacios urbanos de acuerdo a parámetros como desempeño económico, recurso humano (educación), intercambio de flujos de información (conectividad tecnológica con el resto del mundo), fortaleza institucional, compromiso político y diversidad cultural.
Entre las primeras 10 ciudades globales, de Categoría Alfa se encuentran Nueva York, Londres, París, Tokio, Hong Kong, Houston, Singapur, Chicago, Seúl y Toronto. Ya aquí vemos cómo se alinean los ejes de poder en el mundo actual, en donde Norteamérica y Asía, han superado abiertamente a Europa.
Las regiones del mundo en donde se localiza el llamado Sur Global, que han logrado torcerle el brazo a la pobreza y sacar a centenares de millones de personas de sus penosas condiciones de vida, han visto surgir ciudades globales tan importantes como Shanghái, Dubái, Shenzhen, Beijing, Dublín, Sídney, Manila, Bombay, Yakarta, Ciudad Ho Chi Minh, Nueva Delhi, Johannesburgo entre otras. En América Latina figuran en el ranking de las 50 más importantes del orbe Ciudad de México, Sao Paulo, Buenos Aires, Rio de Janeiro y Bogotá.
Lamentablemente, no hay ninguna ciudad venezolana en esa lista. Un dato por demás relevante y trágico.
Como resultado de la pandemia de coronavirus y otros fenómenos, se ha producido un reacomodo en el orden de la globalización. La grave crisis de las redes de suministro de mercancías a nivel global ha sido una de esas consecuencias. Al igual que el encarecimiento de la mano de obra en China.
Por eso ha surgido una nueva tendencia, el llamado nearshoring, una trasferencia de procesos de negocios o tecnología desde países de alto nivel de desarrollo hacia regiones ahora más cercanas geográficamente, con pocas diferencias en el huso horario. Al fenómeno se le ha dado en llamar “relocalización”. Igualmente, esta nueva práctica ha descubierto un mejor desempeño gerencial cuando es presencial y personalizado que a distancia por vías informáticas.
Venezuela debería aprovechar esta novedosa circunstancia, como lo están aprovechando México, Guatemala, Costa Rica, El Salvador y otros países de América Latina.
Maracay y Palo Negro pueden convertirse en un gran corredor industrial, aeroportuario y logístico. Su ubicación en el centro del país, su tradición industrial, su cercanía con Puerto Cabello y su conexión con los principales mercados venezolanos ofrecen condiciones excepcionales para atraer inversiones vinculadas a manufactura, logística, exportaciones y servicios. Pero esta visión no debe detenerse en Aragua.
Caracas puede recuperar su papel como centro financiero, empresarial, tecnológico y de servicios profesionales del Caribe. Allí se concentra buena parte del talento universitario, empresarial e institucional del país, además de una infraestructura que, modernizada y acompañada por reglas económicas confiables, puede volver a atraer capital regional e internacional.
Barquisimeto puede consolidarse como el gran nodo logístico y agroindustrial del centro-occidente venezolano, aprovechando su posición estratégica entre los Andes, los Llanos, el centro del país y los puertos del Caribe. Su vocación comercial, industrial y agrícola puede convertirla en una plataforma natural para producción, distribución y exportación.
Y San Cristóbal puede transformarse en una de las principales puertas de Venezuela hacia Colombia y la región andina. La recuperación plena de la frontera permitiría desarrollar un corredor binacional de manufactura, comercio, servicios, logística y turismo conectado con Cúcuta, Bucaramanga, Bogotá y, desde allí, con las cadenas productivas del Pacífico.
No se trata, por tanto, de escoger una ciudad sobre otra. Se trata de construir una red venezolana de ciudades competitivas, complementarias y conectadas internacionalmente. En ese contexto, convertir al estado Aragua y especialmente a la Gran Maracay en un centro nacional e internacional de inversiones constituye una oportunidad concreta.
La inédita iniciativa de cooperación entre el diputado Antonio Ecarri y la Alcaldía del municipio Libertador, encabezada por el alcalde Gonzalo Díaz, para impulsar con inversión privada la construcción del Aeropuerto Internacional Libertadores de América representa una apuesta estratégica para Maracay y para Venezuela. El proyecto busca aprovechar la ubicación privilegiada y las condiciones de la Base Aérea de Palo Negro, con 1.300 hectáreas de extensión y una pista de 1.300 metros, para convertir al área metropolitana de Maracay en un nodo logístico y empresarial conectado con los grandes flujos comerciales y financieros internacionales.
La culminación del eje ferroviario La Encrucijada–Puerto Cabello, bajo esquemas transparentes de concesión y participación privada, permitiría integrar transporte aéreo, marítimo, ferroviario y terrestre.
A ello podría sumarse un puerto seco en Cagua, capaz de recibir y distribuir mercancías provenientes de Puerto Cabello y de conectar la producción industrial y agrícola de la región con mercados nacionales e internacionales.
En este momento de reconstrucción nacional, tanto física como institucional y espiritual, nada más importante que pensar en grande. Dejar de administrar las ruinas económicas que nos han dejado décadas de trágicos errores y soñar en la Venezuela posible, como decía Arturo Uslar Pietri.







