¿Por qué India se está volviendo indispensable para el plan de  estabilización de Washington en Venezuela?

Como parte de la visita oficial de alto nivel a la República de la India en junio la presidenta encargada de la República Bolivariana de Venezuela, Delcy Rodríguez, sostuvo un encuentro con el Primer Ministro, Narendra Modi, en las instalaciones de la emblemática Hyderabad House. Fotografía: Prensa Presidencial.

Guacamaya, 21 de octubre de 2026. Con Rusia bajo sanciones, Irán en el centro de la tensión y Ormuz como punto de estrangulamiento, el secretario de Estado Marco Rubio recorrió la mayor refinería del mundo para hablar de un petróleo que solo unas pocas plantas pueden procesar el crudo pesado de Venezuela.

El secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, recorrió este miércoles el complejo petrolero de Jamnagar, en el estado de Guyarat, en el oeste de la India. Es considerado la mayor refinería del mundo en un único sitio y pertenece a Reliance Industries, el conglomerado de la familia Ambani. La visita forma parte de una gira por Uzbekistán y la India (17 al 22 de octubre) que incluyó Samarcanda y Bombay, según el cronograma difundido por el Departamento de Estado.

La imagen fue cuidadosamente producida con casi toda la familia de Mukesh Ambani, el hombre más rico de Asia, encabezada por su hijo Anant Ambani y su esposa Radhika Merchant, posó junto a Rubio, su esposa Jeanette y el embajador estadounidense, Sergio Gor, en una fotografía que el propio Gor difundió en X. “Es un honor unirme al secretario Rubio en las instalaciones de Jamnagar de Reliance Industries”, escribió el embajador, el mismo con quien Delcy Rodríguez se reunió durante su visita a la India hace algunos meses.

Un día antes, desde Bombay, Rubio había calificado a la India como una “superpotencia en refinación” y adelantó que abordaría con Reliance un plan para refinar más petróleo venezolano. Este miércoles fue más explícito: “Esta empresa tiene la capacidad de refinar el crudo pesado producido en el hemisferio occidental, incluyendo el de Venezuela”. Antes de viajar a Guyarat se reunió con Gautam Adani, presidente del Grupo Adani, y con N. Chandrasekaran, presidente de Tata Sons, es decir, con los tres grandes poderes empresariales del país.

Jamnagar: el punto de encuentro entre Washington y Caracas

La clave es técnica. El crudo de la Faja Petrolífera del Orinoco es pesado, extrapesado y con alto contenido de azufre; el Merey 16, uno de sus grados de referencia, es difícil de procesar sin unidades de conversión profunda. Jamnagar fue diseñado precisamente para ese tipo de crudos. Reliance llegó a firmar en 2012 un contrato a plazo con PDVSA por hasta 400.000 barriles diarios, y fue uno de los mayores compradores mundiales de petróleo venezolano hasta que las sanciones cortaron el flujo.

Esa ventaja explica porqué el comercio se concentra en una sola empresa. Un análisis de Energy Intelligence sostiene que Reliance es el único actor capaz de absorber grandes volúmenes de Merey de forma sostenida; para el resto de las refinerías indias, el crudo venezolano sigue siendo poco más que una prueba de laboratorio. Los datos de seguimiento de buques de Kpler lo confirman ya que  todos los cargamentos venezolanos con destino a la India declaran como puerto final Sikka, la terminal que sirve a Jamnagar.

Del veto a la reapertura: la cronología

India interrumpió sus compras de crudo venezolano durante casi un año tras el endurecimiento de las sanciones estadounidenses y las retomó en febrero de 2026, cuando Washington aflojó las restricciones. Reliance recibió del Tesoro de EE. UU. una licencia general que le permite comprar petróleo venezolano directamente, y fue el primer refinador indio en obtenerla.

El resultado ya se ve en las cifras. Según estimaciones de Kpler divulgadas por Bloomberg, las entregas de crudo venezolano a la India alcanzarían unos 465.000 barriles diarios en octubre, frente a 196.000 en septiembre, el nivel mensual más alto desde diciembre de 2019 si todos los buques descargan a tiempo. Reliance concentró alrededor del 76 % de los envíos de septiembre. El factor que mueve a los compradores es el precio, debido a que los descuentos sobre el crudo venezolano son profundos, y eso pesa más cuando el petróleo ruso se encarece o implica riesgo de sanciones.

El tablero ruso: sanciones, aranceles y un acuerdo comercial

Para entender porqué Washington facilita este flujo hay que mirar hacia Moscú. 

Desde 2022, la India convirtió el crudo ruso con descuento en pilar de su abastecimiento. Según CREA, pasó de menos del 1 % a cerca del 40 % de sus importaciones totales. En octubre de 2025, EE. UU. sancionó a Rosneft y Lukoil, las dos mayores petroleras rusas, y dio plazo hasta el 21 de noviembre para cerrar las transacciones. Reliance, HPCL-Mittal y Mangalore Refinery suspendieron entonces compras, aunque otros refinadores siguieron buscando barriles de productores no sancionados.

Washington, además, utilizó el arancel como palanca cuando duplicó a 50 % los gravámenes sobre importaciones indias citando las compras de crudo ruso. El posterior acuerdo entre Trump y Modi redujo esos aranceles a cambio de que Nueva Delhi dejara el petróleo ruso con descuento, y es allí donde el crudo venezolano entró como pieza de repuesto. Cada barril venezolano que sustituye a uno ruso en una refinería india es una forma indirecta de presión sobre los ingresos del Kremlin mientras la guerra en Ucrania continúa.

No se trata, sin embargo, de una sustitución total, ni lo necesita ser. Basta con que Venezuela funcione como alternativa disponible que dé a Nueva Delhi margen para diversificar sin pagar un costo político excesivo frente a Washington. Los datos más recientes muestran cuánto margen hay y es que según un titular de OilPrice, los flujos rusos hacia la India habrían caído a unos 310.000 barriles diarios.

El factor Irán y Ormuz

La segunda vertiente es el Golfo. India depende históricamente de Oriente Medio, y la guerra entre EE. UU. e Irán, iniciada hacia marzo de 2026, alteró el cálculo: las interrupciones en el estrecho de Ormuz tensaron los flujos regionales y encarecieron los fletes. En ese contexto, según Kpler, Rusia llegó a ser el principal proveedor de la India, amparada por una exención temporal de sanciones de EE. UU. de tres meses, y las importaciones rusas rozaron máximos históricos en junio. Un memorando de paz interino entre Washington y Teherán abrió después la expectativa de normalizar el tránsito marítimo.

Para Washington, la lógica es doble, por una parte busca que la India reduzca su exposición al crudo iraní y limite así la capacidad financiera de Teherán en un momento de máxima tensión bilateral, y que tenga una alternativa al ruso cuando la exención expire. El petróleo venezolano, en el hemisferio occidental y fuera de Ormuz y del mar Rojo, ofrece una ruta de suministro que no pasa por esos cuellos de botella, aunque el viaje a la costa de Guyarat es largo y los fletes pesan en la ecuación.

Más allá de la India: la arquitectura estratégica de EE. UU.

India no es el único cliente. Corea del Sur, Japón y Filipinas también han sumado compras de crudo venezolano bajo supervisión y coordinación crecientes con Washington. Para estos países, una interrupción prolongada en Ormuz o el mar Rojo es un problema estratégico de primer orden, y Japón y Corea del Sur son además aliados centrales de Estados Unidos. Garantizar su seguridad energética forma parte cada vez más explícita de la estrategia estadounidense en el Indo-Pacífico, en paralelo a la que construye para Europa a través del GNL.

De ahí la paradoja de fondo. EE. UU. es uno de los mayores productores del mundo, pero no puede abastecer indefinidamente y a la vez a aliados europeos y asiáticos sin comprometer su propia planificación y reservas. Un proveedor adicional relativamente seguro le permite surtir indirectamente mercados que prefiere no cubrir por sí mismo, proyectando influencia energética sin drenar sus reservas. 

Venezuela, con las mayores reservas de crudo del planeta, es el mecanismo.

Lo que India aporta por sí misma

India tiene peso propio más allá de los barriles. Su crecimiento económico y demográfico implica una demanda energética en expansión constante, y su posición es central para el equilibrio frente a China en el Indo-Pacífico. A eso se suma una dimensión doméstica en EE. UU., dado que  la visita ocurre en pleno repunte de los precios del diésel antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato, y en marzo Trump anunció que Reliance se asociará para construir en Brownsville, Texas, la primera y mayor refinería nueva en el país en 50 años. El vínculo con los Ambani es energético, comercial y político a la vez.

Para Venezuela, la relación abre una oportunidad real al ampliar destinos de exportación, reducir la dependencia de mercados tradicionales, recuperar espacio en el comercio energético asiático y sostener ingresos petroleros. Delcy Rodríguez, presidenta interina, visitó el complejo en junio, y la reunión con el embajador estadounidense Gor se inscribe en el mismo esfuerzo.

India se ha consolidado como un mercado estratégico para el petróleo venezolano, gracias a su capacidad de refinación y a la infraestructura industrial necesaria para procesar crudos pesados y extrapesados, característicos de la Faja Petrolífera del Orinoco. Esta compatibilidad técnica convierte al país asiático en un comprador potencialmente relevante para la colocación de los hidrocarburos venezolanos, al permitir que sus refinerías transformen materias primas de alta densidad y complejidad en combustibles y otros derivados de mayor valor comercial.

Más allá de su capacidad industrial, el atractivo de India radica en la expansión de su demanda energética, su estrategia de diversificación de proveedores y el peso de sus principales empresas refinadoras en el mercado internacional. Para Venezuela, fortalecer esta relación supone una oportunidad para ampliar sus destinos de exportación, reducir la dependencia de mercados tradicionales y recuperar espacios en el comercio energético asiático. Sin embargo, la materialización de este potencial depende de factores como las sanciones estadounidenses, las condiciones de pago, los costos de transporte, los descuentos comerciales y la disponibilidad de crudo venezolano.

En este contexto, India representa mucho más que un destino de exportación, pues constituye un interlocutor clave para la estrategia venezolana de inserción energética internacional. La relación entre ambos países puede contribuir a sostener los ingresos petroleros y abrir oportunidades de cooperación comercial, siempre que las condiciones geopolíticas y financieras permitan mantener flujos estables y competitivos.

Los límites del esquema

El potencial depende de variables que Caracas no controla del todo. La primera son las sanciones y licencias de EE. UU., que pueden ampliarse o revocarse; el acceso de Reliance existe por una licencia, no por un cambio estructural. La segunda son las condiciones de pago, los descuentos y los costos de transporte. El atractivo del crudo venezolano reside en el descuento, y los fletes más altos lo erosionan. La tercera es la oferta y es que el propio Rubio reconoció que Venezuela no puede compensar por sí sola las pérdidas de suministro derivadas de los conflictos internacionales, aunque puede aliviar parcialmente la situación a corto plazo.

Y existe un riesgo de concentración pues con un solo comprador indio capaz de absorber el grueso, la apuesta depende de una empresa y de un puerto. Un cambio en la política de Washington, un acuerdo de paz definitivo con Irán que baje la presión sobre el mercado, o una renegociación del pacto comercial con Nueva Delhi podrían reordenar el tablero con rapidez.

La visita de Delcy Rodríguez a India

Cuatro meses antes de que Marco Rubio pisara Jamnagar, la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, ya había recorrido ese mismo complejo. Aterrizó en Nueva Delhi el 3 de junio para una visita de cinco días, hasta el 7 de junio, que Nueva Delhi describió como una revisión de la relación bilateral en energía, comercio, inversión, productos farmacéuticos, salud, transporte y energías renovables. Al llegar dijo que esperaba una agenda “muy fructífera”. El portavoz de la Cancillería india, Randhir Jaiswal, habló de “profundizar aún más los lazos entre la India y Venezuela”

Es pertinente recordar que dicha visita de Delcy Rodríguez a India fue anunciada en primicia por el propio Marco Rubio a la prensa internacional dejando en claro el interés de Washington en promover un mayor acercamiento entre Venezuela y el país asiático.

El 4 de junio fue recibida por el primer ministro Narendra Modi en Hyderabad House, la sede de los encuentros bilaterales de alto nivel, y sostuvo reuniones con el canciller S. Jaishankar y con el ministro de Petróleo y Gas Natural, Hardeep Singh Puri. El 5 de junio, acompañada por el  entonces canciller Yván Gil y la ministra de Hidrocarburos, Paula Henao, recorrió la refinería de Jamnagar, en el estado de Guyarat, donde fue recibida por altos directivos de Reliance Industries y plantó un árbol como símbolo de amistad. Según Puri afirmó el respaldo de la India a la reconstrucción energética venezolana y señaló que las empresas indias están listas para ampliar su presencia en el país.

Una visita con otro escenario

No era su primer viaje a la India. Rodríguez había estado en febrero de 2025 como ministra de Petróleo, cuando Caracas buscaba ampliar sus ventas al país asiático.

 La diferencia es de naturaleza y motivo ya que entonces viajaba una ministra de un Gobierno bajo sanciones; en junio llegó como presidenta encargada, en lo que fue, según la prensa económica, una de sus primeras salidas al exterior tras asumir el cargo después de la captura de Nicolás Maduro en enero.

El contexto comercial también había cambiado por completo. Según Kpler, citado por EFE, Venezuela había pasado en apenas dos meses de no vender crudo a la India —desde mayo de 2025— a ser su cuarto proveedor, detrás de Rusia, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita. La guerra en Oriente Medio y el bloqueo de facto del estrecho de Ormuz, por donde antes pasaba cerca de la mitad del crudo que consume la India, empujaron a Nueva Delhi a buscar proveedores alternativos. La India importa alrededor del 90 % del petróleo que consume, de modo que cada ruta de suministro nueva tiene valor estratégico.

¿Por qué la India pesa en la política exterior de Caracas?

La visita de junio permite leer un giro en el mapa de relaciones externas de Venezuela. Durante los años de sanciones, el eje de apoyo político y financiero del chavismo se apoyó en Rusia, China e Irán. En el nuevo escenario, con Washington supervisando de cerca el destino de cada barril, la India ofrece algo distinto siendo  un comprador de gran escala, con capacidad técnica probada para el crudo pesado, que es a la vez socio estratégico de Estados Unidos y que no exige alineamientos ideológicos. Para Caracas, es un cliente que permite colocar volumen y recuperar ingresos sin chocar con la política de licencias de EE. UU.

Hay además un componente de inversión. En ese sentido, es clave recordar que las empresas públicas indias tienen intereses importantes en el sector energético venezolano, y la agenda de Rodríguez incluía a ONGC Videsh, la filial internacional de la petrolera estatal india. Para Venezuela, la India es entonces cliente y potencial inversionista a la vez, algo que pocos de sus compradores actuales pueden ofrecer.

Y hay una dimensión simbólica y de legitimación. Una presidenta encargada recibida por Modi, con foto en Hyderabad House y recorrido por el mayor complejo de refinación del planeta, proyecta normalidad diplomática en un momento en que su Gobierno busca reinsertarse en los circuitos económicos internacionales. 

La conclusión es que la India dejó de ser un cliente más para convertirse en un instrumento de la estrategia energética estadounidense y, al mismo tiempo, en la puerta de salida más conveniente para el petróleo venezolano. Jamnagar es el punto donde ambas necesidades coinciden.

Visto en conjunto, el orden cronológico dice mucho, puesto que Rodríguez abrió la puerta en junio, Reliance recibió licencia estadounidense para comprar directamente y las importaciones se dispararon durante el verano; en octubre, Rubio llegó a Jamnagar para convertir ese flujo en un plan político. 

La coincidencia de itinerarios, la misma refinería, la misma familia empresarial y el mismo crudo, sugiere que Caracas y Washington están empujando en la misma dirección, aunque con intereses distintos: Venezuela busca ingresos y mercados; Estados Unidos, reducir la dependencia india del crudo ruso e iraní.

A medida que se consolidan los acuerdos comerciales y se profundizan los vínculos energéticos entre Caracas y Nueva Delhi, India adquiere una relevancia creciente como mercado potencial para el crudo venezolano. La expansión de esta relación podría contribuir a diversificar los destinos de exportación, generar ingresos adicionales y fortalecer la capacidad de Venezuela para recuperar progresivamente su actividad petrolera. Por lo tanto, India no solo representa una oportunidad comercial, sino también un factor que podría incidir en la viabilidad económica del proceso de estabilización impulsado por Estados Unidos en Venezuela.

Esta dimensión adquiere especial importancia si se considera que el plan estadounidense de tres fases contempla la estabilización como una etapa fundamental, estrechamente vinculada a la recuperación de la producción petrolera, la generación de ingresos y la reactivación de la economía. Bajo esta lógica, la capacidad de Venezuela para asegurar compradores dispuestos a absorber volúmenes crecientes de crudo constituye una variable estratégica. India, por su demanda energética y su capacidad para procesar crudos pesados, podría desempeñar un papel relevante en este proceso, al contribuir a sostener los ingresos derivados de las exportaciones y mejorar las perspectivas de recuperación del sector.

Por tanto, el fortalecimiento de la relación energética entre ambos países podría generar una convergencia de intereses entre Venezuela, India y Estados Unidos. Para Caracas, supondría ampliar sus oportunidades comerciales; para Nueva Delhi, acceder a una fuente adicional de suministro energético; y para Washington, favorecer las condiciones económicas necesarias para avanzar en su estrategia de estabilización. No obstante, este potencial dependerá de la continuidad de los acuerdos, las condiciones regulatorias y financieras, la evolución de las sanciones y la capacidad venezolana para incrementar su producción. India podría convertirse así en un socio comercial fundamental para la recuperación petrolera venezolana y en una pieza relevante, aunque no suficiente por sí sola, para la sostenibilidad económica del proceso de estabilización.

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