Nuevas designaciones reflejan cómo el Gobierno redistribuye confianza en sectores donde se cruzan dinero, poder y estabilidad política. Imágenes: Prensa Presidencial.
Guacamaya, 07 de julio de 2026. En lo que representa el cambio más significativo en la administración fiscal venezolana en casi veinte años, la mandataria encargada, Delcy Rodríguez, anunció este martes el cese de José David Cabello como superintendente del Servicio Nacional Integrado de Administración Aduanera y Tributaria (Seniat). Este relevo marca el fin de una hegemonía histórica en el control de las aduanas y tributos del país.
La salida de José David Cabello del Seniat no es un movimiento burocrático ordinario. Como hermano de Diosdado Cabello, su figura ha sido central en el andamiaje de poder y disciplina fiscal del oficialismo durante 18 años. El Seniat es una institución que hoy aporta más del 80 % del presupuesto nacional anual, y financia sectores críticos como salud, educación y defensa.
El fin de una era
Cabello, quien se mantuvo de forma ininterrumpida al frente del organismo tributario desde el año 2008, pasará ahora a presidir la Petroquímica de Venezuela (Pequiven). Su traslado a esta empresa estatal es visto como una reubicación estratégica dentro del “círculo de hierro” del poder para dar cierta continuidad en la administración de posiciones para garantizar estabilidad y lealtad política.
En abril, Delcy Rodríguez anunció que impulsaría una reforma tributaria como parte de un paquete más amplio de modernización económica. La instalación del Consejo Nacional de Economía Productiva, para ese entonces, se enmarcó en una agenda que también incluía la simplificación de trámites, la reducción de burocracia y otras medidas para hacer más competitiva la economía.
Cuando un gobierno prepara modificaciones en esa materia, suele necesitar reorganizar equipos, redefinir controles y repartir responsabilidades. José David pierde el despacho más importante en términos de poder fiscal, pero no sale del núcleo duro. Con su nombramiento al frente de Pequiven, lo trasladan a otra posición con peso estratégico, lo que sugiere continuidad de protección y estabilidad.
Roman Maniglia como nuevo al mando
Para ocupar su lugar al frente del Seniat, el Ejecutivo ha designado al economista Román Maniglia, quien venía justo desempeñándose como presidente de Pequiven y del Banco de Venezuela (BDV). Maniglia, quien no es precisamente un desconocido en la alta gestión pública, asume las riendas del ente tributario con el mandato expreso de ejecutar la “digitalización total” del sistema.
Comunicador social de profesión, con un MBA en Finanzas y especialización en criptomonedas, fintech y blockchain, Román Maniglia deja la presidencia encargada de Pequiven para asumir como nuevo superintendente del Seniat. Maniglia, quien también ejercía como presidente del Banco de Venezuela, tendrá ahora como tarea principal la “digitalización del sistema tributario”.
Nueva estructura económica para la reconstrucción
Estos cambios también movieron piezas en el Banco de Venezuela y en el Centro Internacional de Inversión Productiva (CIIP). Calixto Ortega, actual vicepresidente sectorial de Economía, releva a Román Maniglia en la presidencia del banco público y, a su vez, cede la presidencia del CIIP a Alejandro Puglia, quien ejercía como su vicepresidente.
Alejandro Puglia emerge como uno de los perfiles que llegan desde fuera del partido gobernante, el PSUV. Su designación como vicepresidente del CIIP fue apenas en junio de 2026, hace menos de un mes. En el pasado, fue cuadro de Acción Democrática, y entre 2020 y 2025 vivió en Nueva York, donde trabajó en el banco de inversión Barclays y como consultor en Ernst & Young.
Este reencuadre ocurre en un contexto en el que el gobierno también intenta proyectar capacidad de respuesta frente a la emergencia generada por los terremotos del 24 de junio. Recientemente, el Ejecutivo anunció la Gran Misión Venezuela Renace como marco para la reconstrucción de infraestructuras, viviendas y atención social en las zonas afectadas.
Con los nombramientos, el oficialismo sigue ajustando su mapa interno para sostener gobernabilidad, ingresos y lealtades en un momento de presión política y social.







