Este jueves fue aprobado por Unanimidad, el Proyecto de Ley para el Fomento y Promoción del Cacao venezolano.Fotografía: web de Ministerio del Poder Popular para las Relaciones Exteriores.
Guacamaya, 11 de junio de 2026. La Asamblea Nacional avanzó esta semana en la aprobación de la Ley para el Fomento y Promoción del Cacao Venezolano, al sancionar en segunda discusión los primeros 18 artículos del instrumento legal. La normativa busca impulsar el desarrollo sostenible del sector cacaotero mediante criterios agroecológicos, fortalecimiento de las cadenas de valor y mayor incorporación de valor agregado nacional.
La nueva legislación busca impulsar el desarrollo integral de la cadena productiva del cacao mediante mecanismos de apoyo al financiamiento, la comercialización, la asistencia técnica y la protección de los productores. Asimismo, contempla acciones destinadas a fortalecer las capacidades de pequeños y medianos agricultores, especialmente en las regiones tradicionalmente cacaoteras del centro y oriente de Venezuela.
El instrumento legal también promueve la preservación de los conocimientos tradicionales asociados al cultivo del cacao y establece lineamientos para que el crecimiento del sector se desarrolle bajo principios de soberanía económica, desarrollo rural y participación de las comunidades organizadas.
Durante la sesión parlamentaria, que contó con la presencia de productores y productoras en el hemiciclo, los diputados resaltaron la importancia de quienes trabajan en el campo y mantienen una actividad que ha dado reconocimiento internacional al cacao venezolano, considerado por muchos especialistas entre los de mayor calidad del mundo.
Tras verificarse el respaldo unánime de los legisladores, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, anunció la sanción formal de la ley y procedió a firmar la documentación correspondiente para remitirla al Ejecutivo nacional, en cumplimiento de lo establecido en el artículo 213 de la Constitución, paso previo a su promulgación.
Rodríguez destacó además el consenso alcanzado entre las distintas fuerzas políticas representadas en el Parlamento para respaldar al sector cacaotero y expresó su reconocimiento a los productores presentes, a quienes invitó a recibir el texto legal aprobado.
Con esta normativa, el Poder Legislativo busca dotar al Estado venezolano y a los actores del sector productivo de una herramienta jurídica destinada a fortalecer la competitividad del cacao nacional, mejorar su inserción en los mercados internacionales y afrontar los desafíos que enfrenta actualmente la actividad agrícola.
Entre los aspectos contemplados destacan medidas para la conservación y aprovechamiento del patrimonio genético del cacao venezolano, considerado uno de los más valiosos del mundo por sus características organolépticas, aromas y perfiles de sabor altamente apreciados por la industria chocolatera internacional.
A pesar de contar con algunas de las variedades de cacao más valoradas del mundo, amplias extensiones de tierras aptas para el cultivo y una coyuntura internacional favorable marcada por precios históricamente elevados, Venezuela continúa produciendo una fracción de su potencial. Diversos actores del sector coinciden en que el principal desafío ya no es la calidad del grano, sino las limitaciones estructurales que impiden transformar esa ventaja natural en una industria exportadora de gran escala.
Según explicó el presidente de la Comisión Permanente de Economía, Finanzas y Desarrollo Nacional, diputado Jesús Faría, la legislación también pretende corregir desequilibrios históricos en la cadena de comercialización, garantizando una distribución más justa de los ingresos generados por esta actividad y fortaleciendo la posición de los productores primarios.
La discusión parlamentaria ocurre en un contexto particularmente favorable para el sector. Durante los últimos años, el cacao ha experimentado un aumento significativo de precios en los mercados internacionales debido a la reducción de la oferta mundial, especialmente en África Occidental, donde países como Ghana y Costa de Marfil han enfrentado problemas asociados al cambio climático, enfermedades de los cultivos y envejecimiento de las plantaciones.
De acuerdo con la FAO, el cacao y el café constituyen rubros estratégicos para la economía venezolana por su capacidad para generar empleo, impulsar el desarrollo rural, fortalecer las exportaciones y contribuir a la diversificación productiva del país. Ambos productos poseen además un elevado potencial para incrementar la presencia venezolana en mercados internacionales especializados.
Entre 2024 y 2025 el precio internacional del cacao destinado a la producción industrial pasó de aproximadamente 2.000 dólares por tonelada a niveles cercanos a 12.000 dólares, un incremento que benefició directamente a los productores y permitió nuevas inversiones en infraestructura agrícola, renovación de plantaciones y mejoras tecnológicas.
Como resultado de este ciclo favorable, la producción nacional registró un crecimiento estimado entre 10% y 15% durante 2025. Según la Asociación Nacional de Productores de Cacao de Venezuela, el país produjo entre 19.800 y 20.700 toneladas métricas, distribuidas entre variedades criollas, forasteras y trinitarias.
Actualmente, alrededor de la mitad de la producción nacional se destina a la exportación, principalmente hacia mercados de Europa y Asia, incluyendo Japón, Países Bajos, España, Italia, Portugal y Rusia. El resto es absorbido por la agroindustria nacional para la elaboración de chocolates, manteca de cacao, polvo, productos de confitería e insumos para la industria cosmética y farmacéutica.
El potencial venezolano está lejos de alcanzarse plenamente. Aunque las cosechas actuales rondan las 20.000 toneladas anuales, diversas estimaciones sugieren que el país podría superar las 100.000 toneladas si se consolidan inversiones, asistencia técnica, financiamiento, organización de productores y mejoras en infraestructura logística.
Las perspectivas de expansión también se sustentan en la disponibilidad de tierras aptas para el cultivo. Venezuela cuenta con aproximadamente un millón de hectáreas con potencial para el cacao, de las cuales unas 650.000 presentan condiciones óptimas para su desarrollo. Estas áreas se distribuyen en regiones como los Llanos Occidentales, la Costa Oriental del Lago de Maracaibo, la región central y el oriente del país.
Los obstáculos que frenan el potencial del cacao venezolano: el desafío es institucional
Uno de los problemas más recurrentes es la falta de financiamiento adaptado a las características del sector agrícola. El cacao es un cultivo de largo plazo que requiere inversiones sostenidas en viveros, renovación de plantaciones, infraestructura de secado y fermentación, control fitosanitario y capacitación técnica. Sin embargo, muchos productores enfrentan dificultades para acceder a créditos con condiciones compatibles con los ciclos productivos del cultivo.
A ello se suma la insuficiencia de infraestructura en buena parte de las regiones productoras. La calidad del cacao no depende únicamente de la genética de la planta, sino también del manejo posterior a la cosecha. Deficiencias en los procesos de fermentación, secado, almacenamiento y transporte pueden reducir significativamente el valor comercial del producto y limitar el acceso a mercados premium. Diversos representantes del sector han señalado que el problema no radica en la calidad intrínseca del cacao venezolano, sino en la presentación final y la estandarización de los procesos.
Otro desafío importante es la baja productividad. Aunque Venezuela posee una reputación internacional extraordinaria por la calidad de sus cacaos finos de aroma, sus rendimientos por hectárea continúan siendo inferiores a los observados en algunos países competidores. Esto se relaciona con el envejecimiento de ciertas plantaciones, limitaciones tecnológicas, insuficiente asistencia técnica y dificultades para el control de plagas y enfermedades.
La fragmentación organizativa del sector también constituye una limitación. Miles de pequeños productores operan de manera dispersa, con dificultades para acceder a economías de escala, servicios técnicos, certificaciones internacionales y canales directos de exportación. En este contexto, los gremios y asociaciones productivas adquieren un papel fundamental para fortalecer la capacidad de negociación y mejorar el acceso a financiamiento y mercados.
A nivel industrial, existe además un problema de capacidad instalada subutilizada. Parte de la agroindustria nacional opera por debajo de su potencial, lo que limita la posibilidad de generar mayor valor agregado mediante la transformación local del cacao en chocolates, manteca, polvo y otros derivados. En consecuencia, una proporción significativa de la renta potencial sigue concentrándose fuera de las etapas de producción primaria.
La seguridad en las zonas rurales también ha surgido como una preocupación creciente. Productores han denunciado robos de cosechas, incluyendo la sustracción de mazorcas directamente en las plantaciones, una situación que genera pérdidas económicas y desincentiva nuevas inversiones en el sector.
Finalmente, el mercado internacional impone nuevos retos vinculados a la sostenibilidad y la trazabilidad. La entrada en vigor del Reglamento Europeo sobre Productos Libres de Deforestación (EUDR) exigirá sistemas de georreferenciación, seguimiento digital de la producción y certificaciones ambientales que requerirán inversiones adicionales y una coordinación efectiva entre productores, exportadores e instituciones públicas.
La situación del cacao venezolano presenta una paradoja singular. El país posee una ventaja competitiva natural que no puede ser fácilmente replicada por otros productores, principalmente una genética excepcionalmente valorada por la industria chocolatera internacional. Sin embargo, el verdadero cuello de botella no se encuentra en el campo, sino en el ecosistema económico e institucional que rodea la producción.
Mientras países como Ecuador, Perú o Costa de Marfil han logrado combinar expansión productiva, financiamiento, certificaciones y acceso a mercados, Venezuela continúa operando muy por debajo de su capacidad potencial. Algunas estimaciones del sector sostienen que apenas se aprovecha una pequeña fracción de las tierras aptas disponibles para este cultivo.
En este contexto, la nueva Ley para el Fomento y Promoción del Cacao Venezolano podría ser un primer paso importante, pero su impacto dependerá de su capacidad para traducirse en políticas concretas. Más que nuevas áreas de siembra, el sector requiere crédito agrícola, infraestructura poscosecha, investigación genética, seguridad rural, trazabilidad digital y apoyo a la exportación. Si estos elementos logran articularse, Venezuela podría aprovechar la actual revalorización global del cacao y recuperar parte del protagonismo que tuvo este cultivo en los siglos XVIII y XIX. De lo contrario, seguirá siendo un productor de enorme prestigio histórico, pero con una participación relativamente modesta en el mercado mundial.
Paralelamente, el sector enfrenta nuevos desafíos regulatorios derivados de las exigencias ambientales de los principales mercados internacionales. La Unión Europea comenzará a aplicar a partir de finales de 2026 el Reglamento sobre Productos Libres de Deforestación (EUDR), que exige plena trazabilidad de productos como el cacao y el café, garantizando que no provengan de áreas deforestadas después del 31 de diciembre de 2020.
El nuevo reglamento europeo: desafío y oportunidad para el cacao venezolano
Uno de los factores que marcará el futuro de las exportaciones venezolanas de cacao será la entrada en vigor del Reglamento de la Unión Europea sobre Productos Libres de Deforestación (EUDR), una de las normativas ambientales más ambiciosas adoptadas por el bloque comunitario en los últimos años.
El reglamento, aprobado en 2023, busca reducir la contribución del consumo europeo a la deforestación global y a la degradación de los bosques. Para ello, establece nuevos requisitos para la importación de una serie de productos agrícolas considerados de alto impacto ambiental, entre ellos el cacao, el café, la soja, el aceite de palma, la madera, el caucho y la carne bovina, así como sus derivados.
La normativa comenzará a aplicarse a partir del 31 de diciembre de 2026 para las grandes empresas y seis meses después para pequeñas empresas y microcomerciantes. A partir de esa fecha, cualquier operador que desee introducir cacao en el mercado europeo deberá demostrar que el producto es “libre de deforestación”, es decir, que no proviene de tierras que hayan sido deforestadas después del 31 de diciembre de 2020.
Para cumplir con este requisito, las empresas importadoras deberán presentar una declaración de diligencia debida que incluya información detallada sobre toda la cadena de suministro. Esto supone identificar con precisión la parcela donde fue cultivado el cacao mediante coordenadas geográficas, verificar el cumplimiento de la legislación nacional y demostrar que la producción no está asociada con procesos recientes de deforestación.
Además de los criterios ambientales, el reglamento incorpora elementos relacionados con el respeto de los derechos humanos, los derechos laborales y la protección de las comunidades indígenas. Los operadores deberán demostrar que la producción se realizó conforme a la legislación vigente en el país de origen y respetando los mecanismos de consulta y consentimiento cuando correspondan.
Para Venezuela, donde una parte significativa de la producción se concentra en zonas con abundante cobertura forestal y gran biodiversidad, la nueva regulación plantea importantes retos técnicos e institucionales. La trazabilidad exigida por la Unión Europea requerirá sistemas de georreferenciación de fincas, registros digitales de producción, certificaciones y mecanismos de seguimiento que actualmente presentan distintos grados de desarrollo en las regiones productoras.
Sin embargo, la normativa también abre oportunidades. A diferencia de otros países productores que han expandido significativamente sus áreas de cultivo sobre ecosistemas forestales en las últimas décadas, buena parte de la producción cacaotera venezolana se desarrolla históricamente bajo sistemas agroforestales tradicionales. En muchos casos, los árboles de cacao crecen asociados a bosques secundarios y especies de sombra, configurando modelos productivos que pueden ser compatibles con los criterios de sostenibilidad que exige el mercado europeo.
La Unión Europea ha clasificado a Venezuela como un país de “riesgo estándar” dentro de su sistema de evaluación comparativa. Esto significa que las autoridades aduaneras europeas realizarán controles sobre aproximadamente el 3 % de las importaciones procedentes del país, una categoría intermedia que evita los niveles más estrictos de supervisión aplicados a territorios considerados de alto riesgo.
Las cifras muestran la importancia de preservar el acceso a este mercado. Según datos presentados por la Delegación de la Unión Europea en Caracas, las exportaciones venezolanas de cacao hacia el bloque alcanzaron aproximadamente 37 millones de euros en 2025, registrando un crecimiento respecto al año anterior. Europa continúa siendo uno de los principales destinos para los cacaos finos de aroma venezolanos y uno de los mercados con mayor capacidad para pagar primas por calidad y sostenibilidad.
En consecuencia, la adaptación al reglamento europeo no debe entenderse únicamente como una obligación regulatoria, sino como una inversión estratégica. Los países y productores que logren demostrar trazabilidad, sostenibilidad ambiental y cumplimiento de estándares internacionales estarán mejor posicionados para acceder a nichos de mercado de alto valor agregado. En el caso venezolano, esto podría representar una oportunidad para fortalecer la reputación internacional de sus cacaos premium y consolidar una ventaja competitiva basada no solo en la calidad genética del producto, sino también en la sostenibilidad de su producción.
El EUDR podría convertirse en una especie de “nuevo estándar de acceso” para el comercio agrícola internacional. Aunque inicialmente se aplica al mercado europeo, numerosos exportadores consideran que otras economías desarrolladas podrían adoptar regulaciones similares durante los próximos años.
Para Venezuela, esto implica que la competitividad futura del sector cacaotero dependerá tanto de la productividad y la calidad como de la capacidad para demostrar el origen y las condiciones de producción de cada lote exportado. En otras palabras, la trazabilidad está adquiriendo una importancia comparable a la que históricamente tuvieron la genética, el sabor o el rendimiento agrícola.
La normativa europea obligará a importadores y exportadores a demostrar el origen exacto de la producción y el cumplimiento de estándares ambientales, laborales y de respeto a los derechos de las comunidades locales e indígenas. Aunque Venezuela ha sido clasificada como un país de riesgo estándar dentro del sistema europeo, el cumplimiento de estos requisitos será determinante para mantener y ampliar el acceso a uno de los mercados más atractivos para el cacao de alta calidad.
En 2025, las exportaciones venezolanas de cacao hacia la Unión Europea alcanzaron aproximadamente 37 millones de euros, reflejando un crecimiento cercano al 5% respecto al año anterior, mientras que las ventas de café verde registraron un aumento aún más significativo.
¿Puede el cacao convertirse en una nueva apuesta exportadora para Venezuela?
La aprobación de una ley específica para el cacao refleja un cambio importante en la política económica venezolana. Más allá de la tradicional dependencia petrolera, el Estado parece identificar en ciertos sectores agroexportadores una oportunidad para generar divisas, empleo rural y desarrollo regional.
El contexto internacional favorece esta estrategia. La combinación de precios elevados, problemas productivos en África y una creciente demanda de cacao premium ha abierto una ventana de oportunidad para productores con atributos diferenciados. En este aspecto, Venezuela posee una ventaja comparativa difícil de replicar: la reputación histórica de sus cacaos criollos y finos de aroma, considerados entre los mejores del mundo.
No obstante, transformar esa ventaja natural en una industria exportadora competitiva requiere resolver problemas estructurales acumulados durante décadas. La baja productividad por hectárea, las limitaciones de financiamiento, la insuficiente infraestructura de procesamiento, las deficiencias logísticas y los problemas de seguridad en las zonas productoras continúan limitando el crecimiento del sector.
Asimismo, la entrada en vigor de las regulaciones ambientales europeas podría convertirse tanto en un riesgo como en una oportunidad. Los productores que logren adaptarse a los nuevos sistemas de trazabilidad podrán acceder a mercados premium con mayores márgenes de ganancia, mientras que aquellos que no lo hagan podrían enfrentar barreras crecientes para exportar.
La clave estará en si la nueva legislación logra trascender el plano declarativo y se traduce en políticas concretas de financiamiento, asistencia técnica, certificación, investigación genética y fortalecimiento organizativo de los productores. Si estas condiciones se materializan, el cacao podría convertirse en uno de los principales ejemplos de diversificación exportadora de Venezuela durante la próxima década, aprovechando una coyuntura internacional excepcionalmente favorable y un patrimonio genético que pocos países poseen.
El cacao: de las primeras riquezas exportadora de Venezuela
Mucho antes de que el petróleo transformara la estructura económica del país en el siglo XX, el cacao fue uno de los principales motores de la economía venezolana. Durante gran parte de la época colonial, especialmente entre los siglos XVII y XVIII, el cacao constituyó el principal producto de exportación de la entonces Capitanía General de Venezuela y una de las fuentes más importantes de ingresos para la Corona española en el Caribe.
La demanda europea de chocolate impulsó el desarrollo de extensas haciendas cacaoteras en las regiones costeras de Caracas, Barlovento y el oriente venezolano. El comercio del cacao fue tan relevante que dio origen a buena parte de las élites económicas coloniales, conocidas posteriormente como los “grandes cacaos”, expresión que aún permanece en el lenguaje venezolano para referirse a personas con gran poder económico o influencia.
A finales del período colonial, Venezuela exportaba cerca de 20.000 toneladas anuales de cacao, una cifra notable para la época y comparable a la producción nacional actual. La importancia del cultivo fue tal que durante décadas representó el principal vínculo económico del territorio con los mercados internacionales.
Sin embargo, durante el siglo XIX el cacao comenzó a perder protagonismo frente al auge del café, que se convirtió en el principal producto de exportación venezolano. Posteriormente, el descubrimiento y explotación masiva de petróleo en el siglo XX desplazó progresivamente a ambos rubros como pilares de la economía nacional.
Pese a este declive relativo, Venezuela conservó una ventaja competitiva única: la calidad genética de sus variedades de cacao. Los cacaos criollos venezolanos son considerados entre los más finos del mundo y han contribuido a la reputación internacional del país como productor de cacao de alta calidad, utilizado por algunas de las más prestigiosas casas chocolateras.
Existe una paradoja en el sector cacaotero venezolano. Mientras el país fue uno de los principales exportadores mundiales durante la colonia, hoy su participación en el mercado global es marginal frente a gigantes como Costa de Marfil, Ghana e Indonesia. Sin embargo, Venezuela mantiene una ventaja que muchos de esos países no poseen y se trata de la diferenciación por calidad.
La oportunidad actual no parece estar en competir por volumen, sino en consolidar una estrategia basada en cacao fino de aroma, trazabilidad, sostenibilidad y productos con valor agregado. En un mercado internacional donde los consumidores están cada vez más dispuestos a pagar primas por origen, calidad y sostenibilidad, Venezuela podría recuperar parte de la relevancia histórica que tuvo el cacao en su economía, aunque bajo un modelo distinto al de los siglos coloniales.
En este sentido, la nueva Ley para el Fomento y Promoción del Cacao Venezolano puede interpretarse no solo como una política agrícola, sino como un intento de reconectar al país con una de sus actividades económicas más emblemáticas y con una tradición exportadora que antecede en varios siglos a la industria petrolera.
El cacao venezolano y su conexión con Europa a finales del siglo XIX
Aunque para finales del siglo XIX el café ya había desplazado al cacao como principal producto de exportación venezolano, el sector cacaotero seguía siendo una actividad económica importante, especialmente en regiones como Barlovento, el litoral central y parte del oriente del país. Su funcionamiento reflejaba la inserción de Venezuela en la economía mundial como exportadora de materias primas agrícolas destinadas principalmente a los mercados europeos.
La producción se desarrollaba en haciendas relativamente extensas ubicadas en zonas húmedas y cercanas a la costa o a vías fluviales. Tras la cosecha, los granos eran sometidos a procesos de fermentación y secado, etapas fundamentales para desarrollar los aromas y sabores que hicieron famoso al cacao venezolano. Posteriormente, eran transportados en mulas, embarcaciones fluviales o pequeños barcos costeros hacia los principales puertos de exportación.
Los puertos de Caracas-La Guaira, Puerto Cabello, Carúpano y Cumaná funcionaban como puntos de conexión con las redes comerciales internacionales. Desde allí, el cacao era embarcado hacia centros comerciales europeos como Hamburgo, Londres, Ámsterdam, Burdeos y Marsella, ciudades que concentraban importantes casas mercantiles y procesadoras de cacao.
El comercio estaba dominado por una compleja red de intermediarios. Los productores rara vez exportaban directamente. En cambio, vendían su producción a comerciantes locales o a casas exportadoras, muchas de ellas vinculadas a capitales extranjeros. Estas empresas adelantaban créditos, financiaban cosechas y organizaban la logística internacional, convirtiéndose en actores clave de la economía exportadora venezolana.
Durante este período, el desarrollo de la navegación a vapor redujo considerablemente los tiempos de transporte entre Venezuela y Europa. Lo que en siglos anteriores podía tomar varios meses comenzó a realizarse en pocas semanas, facilitando un flujo más estable de mercancías y fortaleciendo los vínculos comerciales transatlánticos.
Europa experimentaba simultáneamente una creciente industrialización del consumo de chocolate. La expansión de empresas chocolateras en países como Suiza, Bélgica, Francia y Alemania generó una demanda sostenida por cacaos de alta calidad. En ese contexto, las variedades venezolanas gozaban de una reputación excepcional debido a sus características aromáticas y a la calidad de sus granos.
Sin embargo, la relación comercial no era completamente equilibrada. Venezuela exportaba principalmente materia prima, mientras que el procesamiento industrial y la generación de mayor valor agregado ocurrían en Europa. El cacao salía de los puertos venezolanos como producto agrícola y regresaba, en muchos casos, convertido en chocolate manufacturado, reproduciendo un patrón típico de las economías latinoamericanas de la época.
Una comparación con la actualidad
Resulta llamativo que, más de un siglo después, Venezuela vuelva a encontrarse ante una oportunidad similar. Si en el siglo XIX el desafío era conectar las haciendas con los puertos y los mercados europeos, hoy el reto consiste en conectar la producción nacional con cadenas globales que exigen certificaciones ambientales, trazabilidad digital, estándares laborales y sostenibilidad.
La diferencia es que ahora Venezuela no solo puede aspirar a exportar granos, sino también chocolates premium, manteca de cacao, productos cosméticos y alimentos procesados. En otras palabras, el desafío contemporáneo no es únicamente recuperar el volumen exportador que tuvo el cacao en el pasado, sino capturar una mayor proporción del valor agregado que históricamente quedó en manos de los centros industriales europeos.
El cacao fue el motor de la apertura internacional de Venezuela
Durante el siglo XIX, el comercio de cacao y posteriormente el café impulsaron la necesidad de establecer representaciones consulares venezolanas en los principales puertos comerciales del Atlántico. Los consulados no eran únicamente oficinas diplomáticas; cumplían funciones económicas fundamentales ya que protegían los intereses de comerciantes venezolanos, facilitaban contratos marítimos, certificaban cargamentos y servían como puntos de contacto entre productores, navieras y casas comerciales europeas.
Uno de los casos más relevantes fue el de la ciudad de Hamburgo, que durante el siglo XIX se convirtió en uno de los mayores centros de distribución de productos agrícolas latinoamericanos hacia Europa Central. Las ciudades hanseáticas de Hamburgo, Bremen y Lübeck desarrollaron una intensa relación comercial con Venezuela, hasta el punto de firmar tratados de amistad, comercio y navegación con la joven república venezolana en 1837. Comerciantes alemanes se establecieron en La Guaira, Puerto Cabello y Maracaibo, participando activamente en la exportación de cacao y café venezolano.
La importancia de Hamburgo para el comercio venezolano explica por qué Venezuela mantuvo representación consular en esa ciudad durante largos períodos. No era una decisión diplomática únicamente, pues respondía a la necesidad de gestionar un flujo constante de mercancías, seguros marítimos, financiamiento comercial y relaciones con casas importadoras europeas.
La conexión con Suiza y el nacimiento de la industria chocolatera
La relación entre Venezuela y Suiza fue más indirecta, pero igualmente significativa.
Aunque Suiza no tenía colonias ni acceso marítimo propio, durante el siglo XIX se convirtió en uno de los principales centros mundiales de transformación de cacao en chocolate. Empresas suizas pioneras adquirían cacao a través de redes comerciales establecidas en puertos como Hamburgo, Ámsterdam y Marsella. Parte del cacao utilizado por fabricantes suizos provenía de Venezuela, cuyos granos criollos gozaban de enorme prestigio por sus características aromáticas. Comerciantes suizos participaron activamente en el comercio internacional del cacao y ayudaron a consolidar la posición de Suiza como potencia chocolatera mundial.
Puede argumentarse que parte de la reputación histórica del chocolate suizo se construyó utilizando materias primas procedentes de regiones productoras como Venezuela. En otras palabras, el cacao venezolano contribuyó indirectamente al desarrollo de marcas y tradiciones chocolateras que hoy forman parte de la identidad económica suiza.
Un efecto diplomático poco reconocido
En cierto sentido, el primer proceso de globalización venezolana no fue petrolero sino cacaotero. Las primeras élites económicas del país construyeron relaciones internacionales, demandaron tratados comerciales, promovieron consulados en puertos estratégicos y desarrollaron infraestructura portuaria precisamente para sostener las exportaciones de cacao. El petróleo heredaría posteriormente muchas de esas conexiones internacionales, pero el cacao fue uno de los productos que abrió originalmente las puertas de Venezuela a los mercados europeos.
La sanción definitiva de la Ley para el Fomento y la Promoción del Cacao Venezolano representa un nuevo paso en la estrategia de fortalecimiento de sectores productivos distintos al petróleo y refleja el creciente interés institucional por consolidar al cacao como uno de los motores de la diversificación económica del país. La normativa, aprobada por unanimidad en la Asamblea Nacional, busca crear condiciones más favorables para el financiamiento, la capacitación técnica, la protección del patrimonio genético y el fortalecimiento de las cadenas de valor asociadas a este cultivo histórico.
Su aprobación ocurre en un contexto particularmente favorable para el mercado internacional del cacao, caracterizado por precios elevados, una creciente demanda de cacaos finos y la necesidad de adaptar la producción a nuevos estándares de sostenibilidad y trazabilidad. No obstante, el verdadero impacto de la ley dependerá de su capacidad para traducirse en políticas públicas concretas que permitan superar desafíos históricos como el acceso al crédito, la infraestructura rural, la organización de los productores y la inserción en mercados de alto valor agregado.
Para un país que durante la época colonial y el final del siglo XIX construyó buena parte de su inserción internacional alrededor del cacao y que aún conserva algunas de las variedades más apreciadas del mundo, la nueva legislación podría convertirse en una herramienta para recuperar parte de ese protagonismo histórico. El desafío ahora será transformar el prestigio del cacao venezolano en una plataforma sostenible de desarrollo rural, generación de divisas y diversificación productiva en un escenario global cada vez más competitivo y exigente.







