En la imagen, el ministro de Relaciones y Comercio Exterior de Venezuela, Félix Plasencia, con el canciller de Arabia Saudita, el príncipe Faisal bin Farhan Al Saud. Fotografía: Ministerio de Relaciones y Comercio Exterior.
Guacamaya, 20 de julio de 2026. La primera gira internacional del canciller Félix Plasencia confirmó una tendencia que se ha venido consolidando desde el 3 de enero: la política exterior de la administración encabezada por Delcy Rodríguez está concentrando buena parte de sus esfuerzos en Oriente Próximo, particularmente en las monarquías de la Península Arábiga.
Más allá del fortalecimiento de las relaciones bilaterales, Caracas busca atraer inversiones para la reconstrucción del país, abrir nuevos mercados, consolidar alianzas energéticas y establecer canales de interlocución con Washington a través de algunos de los actores con mayor influencia regional.
La gira de Plasencia, ahora ministro de Relaciones Exteriores y de Comercio Exterior, comenzó en Catar, donde asistió al funeral del ex emir Hamad bin Khalifa Al Thani. Durante la visita sostuvo al menos dos encuentros con el actual emir, Tamim bin Hamad Al Thani, un gesto diplomático poco habitual y de alto significado político.
Catar: un puente clave con Washington
La relación entre Doha y Caracas se ha fortalecido en los últimos años, en particular en torno a la figura de Delcy Rodríguez. Incluso cuando ejercía como vicepresidenta ejecutiva, el emir Tamim bin Hamad mantenía reuniones directas con ella, rompiendo con los protocolos tradicionales reservados a jefes de Estado. Esa cercanía ha convertido a Catar en uno de los principales interlocutores internacionales de Venezuela.
El rol de Doha en Venezuela no ha sido pequeño: durante años, ha desempeñado un papel discreto como facilitador del diálogo entre Venezuela y Estados Unidos, aprovechando su posición única como aliado estratégico de Washington y, al mismo tiempo, interlocutor confiable de actores enfrentados entre sí. Su capacidad de mediación ha quedado demostrada en conflictos como Afganistán, Gaza e Irán, convirtiéndose en uno de los países con mayor influencia diplomática de Oriente Próximo.
Ese papel adquiere aún mayor relevancia bajo la administración Trump. La creciente coordinación entre Washington y Doha en materia de seguridad regional, energía y negociación de conflictos ha fortalecido la influencia catarí dentro de la política exterior estadounidense. Para Caracas, mantener una relación privilegiada con Catar representa también mantener abierto un canal indirecto de comunicación con Washington.
En el ámbito económico, la principal empresa que actualmente representa los intereses de la familia real catarí en Venezuela es UCC Holding. La misma estudia inversiones en el Bloque 4 del Arco Minero del Orinoco, en la mina de bauxita Los Pijiguaos y en proyectos en Carbozulia, aunque los acuerdos se mantienen en una fase preliminar y no vinculante.
A pesar de ser una empresa privada, UCC Holding ha servido como brazo ejecutor de iniciativas extranjeras del emir, con un papel relevante en la reconstrucción de Siria tras la guerra, en la que ha comprometido 7 mil millones de dólares.
Arabia Saudita: energía y acceso a Washington
La segunda parada de Plasencia fue Arabia Saudita, donde fue recibido por el ministro de Relaciones Exteriores, el príncipe Faisal bin Farhan Al Saud, además de sostener una videoconferencia con el ministro de Comercio, Majid Alkassabi.
Según la información oficial, ambas partes discutieron oportunidades de inversión en agricultura, turismo, infraestructura y petróleo. Sin embargo, el alcance de la relación es mucho más amplio.
Arabia Saudita continúa siendo uno de los principales socios de Estados Unidos en Oriente Próximo y mantiene una influencia significativa dentro de la administración Trump. Su liderazgo en los mercados energéticos internacionales y su papel central dentro de la OPEP la convierten en un actor imprescindible para cualquier estrategia venezolana de reinserción económica.
Para Caracas, fortalecer los vínculos con Riad no solo abre oportunidades de inversión, sino que también permite estrechar relaciones con uno de los gobiernos con mayor capacidad de influencia sobre Washington.
Es pertinente mencionar que Arabia Saudita ha sido sede de conversaciones de alto nivel entre Estados Unidos y Rusia para explorar una salida dialogada a la guerra de Ucrania. Adicionalmente, es relevante precisar que Rusia es uno de los principales acreedores bilaterales de Venezuela y su presencia en el país ha sido objeto de debate entre Washington y la administración interina de Caracas.
Emiratos Árabes Unidos: inversiones, seguridad y reconstrucción
Un actor importante a mencionar es Emiratos Árabes Unidos, aunque la nación no formó parte de la gira de Plasencia, es clave para entender el contexto de los acercamientos con las monarquías del Golfo por parte de Caracas.
La estrategia venezolana hacia el Golfo no se limita a Catar. Durante febrero, Delcy Rodríguez recibió en el Palacio de Miraflores a Ali Mohammed Hammad Al Shamsi, enviado especial del presidente de los Emiratos Árabes Unidos y secretario general del Consejo Supremo de Seguridad Nacional.
La visita tuvo un significado especial porque Al Shamsi no es un diplomático convencional. Es uno de los principales responsables del aparato de seguridad del Estado emiratí, con experiencia como embajador en Jordania, Pakistán y Afganistán y responsabilidades en materia de puertos, fronteras, identidad y seguridad nacional. Su presencia en Caracas evidenció que la cooperación bilateral trasciende el ámbito económico y se extiende hacia áreas estratégicas.
Pocas semanas después del 3 de enero, el principal asesor económico del gobierno venezolano, Calixto Ortega, participó en la Cumbre Mundial de Gobiernos celebrada en Dubái. Desde allí presentó el nuevo escenario político venezolano y explicó, en una entrevista con Tucker Carlson, la visión económica de la administración de Delcy Rodríguez, enviando un mensaje de apertura a inversionistas internacionales y a los gobiernos del Golfo.
En el plano energético, ADNOC (Abu Dhabi National Oil Company), el gigante petrolero estatal de Abu Dabi, ha evaluado oportunidades para participar en proyectos relacionados con la producción y comercialización de gas natural en Venezuela. Estas conversaciones forman parte del esfuerzo de Caracas por atraer empresas con capacidad financiera y tecnológica para desarrollar su sector energético.
Tras los terremotos de junio, Emiratos Árabes Unidos también brindó apoyo financiero a la reconstrucción del país, complementando la asistencia humanitaria desplegada por otros socios del Golfo. Su participación refuerza la percepción de Abu Dabi como uno de los principales aliados potenciales de Venezuela para la recuperación económica.
Pakistán: un nuevo actor diplomático
Otro país que comienza a adquirir importancia dentro de la estrategia venezolana es Pakistán.
El canciller venezolano Félix Plasencia, tras su gira en Oriente Próximo, sostuvo una conversación con su homólogo pakistaní, Mohammad Ishaq Dar, con el objetivo de profundizar la cooperación bilateral en sectores como comercio, inversiones y transferencia tecnológica. Durante el encuentro, Caracas destacó el potencial de Pakistán como un mercado estratégico, dada su población cercana a los 300 millones de habitantes, mientras Plasencia agradeció el respaldo y la solidaridad expresada por Islamabad tras los recientes terremotos que afectaron a Venezuela.
Durante décadas, Islamabad concentró su política exterior en el sur de Asia y en la protección de sus intereses fronterizos. Sin embargo, en los últimos años ha comenzado a proyectarse como un mediador cada vez más relevante entre Estados Unidos y algunos de sus principales adversarios.
Su experiencia facilitando las negociaciones con los talibanes, su creciente participación en iniciativas relacionadas con Oriente Próximo y su inclusión en nuevos mecanismos diplomáticos impulsados por la administración Trump reflejan un reconocimiento creciente de su valor estratégico.
Al mismo tiempo, Washington considera a Pakistán un socio fundamental para mantener influencia sobre Afganistán y ejercer presión sobre los talibanes, especialmente en un contexto marcado por el renovado interés estratégico en la base aérea de Bagram. Esta evolución ha fortalecido el peso político del general Asim Munir, jefe del Estado Mayor del Ejército y principal figura de poder dentro del país.
En ese contexto, el acercamiento entre Caracas e Islamabad adquiere una dimensión más amplia. Para Venezuela, fortalecer los vínculos con Pakistán significa aproximarse a un actor cuya capacidad de interlocución con Washington y con las monarquías del Golfo continúa creciendo. Su posición como puente entre distintas potencias regionales lo convierte en un socio diplomático con un valor estratégico superior al que tradicionalmente había tenido para América Latina.
Una prioridad en la política exterior venezolana bajo Delcy Rodríguez
La prioridad otorgada al Golfo también quedó reflejada durante los primeros meses del nuevo gobierno. Entre enero y febrero, Caracas recibió delegaciones de alto nivel de Catar, Emiratos Árabes Unidos y Jordania, mientras Delcy Rodríguez intensificó sus contactos con los principales líderes de la región.
Después de los terremotos de junio, esa relación comenzó a traducirse en resultados concretos. Brigadas cataríes participaron en las labores de asistencia humanitaria y Emiratos Árabes Unidos aportó financiamiento para la reconstrucción, reforzando la presencia de ambos países en Venezuela.
La evolución de la postura venezolana frente a la reciente escalada entre Irán e Israel también ofrece pistas sobre este cambio de prioridades. A diferencia de crisis anteriores, Caracas adoptó un tono más moderado y condenó la respuesta iraní, una posición que fue interpretada como un mensaje dirigido a las monarquías del Golfo, con las cuales busca profundizar su cooperación política y económica.
Igualmente significativa fue la decisión de que la primera comunicación internacional de Delcy Rodríguez tras la crisis no fuera con Teherán, sino con Catar. El gesto representó una declaración de prioridades y confirmó el papel central que Doha ocupa dentro de la nueva arquitectura diplomática venezolana.
En conjunto, estos movimientos muestran que la política exterior de Venezuela está entrando en una nueva etapa. Sin abandonar completamente sus alianzas tradicionales, Caracas parece apostar por una estrategia más pragmática, orientada a fortalecer relaciones con los países del Golfo, atraer inversiones para la reconstrucción, ampliar sus canales de interlocución con Estados Unidos y posicionarse junto a algunos de los actores con mayor capacidad de influencia en la geopolítica contemporánea.







