Israel envía una primera delegación oficial cívico-militar en un contexto de pérdida de legitimidad internacional por sus acciones en Gaza. En la imagen, la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, se reúne con los integrantes de la misión israelí el 21 de julio. Fotografía: Prensa Presidencial.
Guacamaya, 25 de julio de 2026. En la tradición judía ortodoxa, el shidduch es un proceso de búsqueda y unión matrimonial basado en la identificación de compatibilidades entre dos personas. La palabra hebrea tradicionalmente implica la participación de familiares, amigos o un shadchan —un intermediario encargado de facilitar el encuentro— que evalúa aspectos como valores, carácter, antecedentes familiares, educación y objetivos de vida antes de propiciar una relación. Más que un encuentro espontáneo, el shidduch representa una unión cuidadosamente considerada entre dos partes que, en principio, podrían parecer distantes, pero que comparten intereses suficientes para construir un vínculo duradero.
En la geopolítica, existen momentos en los que actores externos cumplen un papel similar al de un shadchan e identifican afinidades estratégicas, reducen distancias y crean las condiciones para un acercamiento improbable. El inesperado reencuentro entre Israel y Venezuela tras los terremotos del 24 de junio puede leerse bajo esa lógica. Una relación congelada durante 17 años emprende una nueva etapa por la influencia de un actor central: Estados Unidos, que ocupa el rol de shadchan en este caso.
Tras el 3 de enero, el presidente Donald Trump ha promovido una nueva arquitectura política donde los roles de amigos y adversarios se invierten. Estados Unidos ha funcionado como un factor de convergencia entre Caracas y Tel Aviv, que durante años se situaron en posiciones opuestas en el tablero internacional. La apertura venezolana hacia Occidente y el interés israelí por fortalecer su presencia en América Latina encontraron así un punto de encuentro facilitado por una nueva realidad estratégica.
Como ocurre en un shidduch, el primer encuentro no significa que la relación esté consolidada ni que las diferencias hayan desaparecido. Las partes todavía deben definir intereses comunes, límites y condiciones para una cooperación más amplia. La misión humanitaria israelí en Venezuela representa ese primer acercamiento, ya que es un espacio donde la reconstrucción, la asistencia técnica y la diplomacia pública funcionan como elementos iniciales de una posible nueva relación.
Es notable que la delegación fuera principalmente militar, con varios representantes del Estado Mayor. Si bien es común que las fuerzas armadas de un país envíen contingentes tras una catástrofe natural, no es frecuente ver a altos mandos, y menos aún reunirse con jefes de Estado. Las Fuerzas de Defensa de Israel, al mismo tiempo, se encuentran en una crisis de legitimidad internacional por sus acciones, principalmente en Palestina.
En diciembre de 2023, Sudáfrica presentó una demanda contra Israel ante la Corte Internacional de Justicia, alegando violaciones de la Convención sobre el Genocidio de 1948 en Gaza. En noviembre de 2024, otro tribunal, la Corte Penal Internacional, emitió órdenes de arresto contra el primer ministro Netanyahu y el exministro de Defensa Yoav Gallant por presuntos crímenes de guerra. El gobierno israelí ha negado rotundamente estas acusaciones. Al mismo tiempo, varios países del “Sur Global”, como Colombia, Brasil, Sudáfrica y Turquía rompieron o redujeron sus relaciones con Tel Aviv, mientras que otros, como España, Noruega y Eslovenia, empezaron a reconocer formalmente al Estado de Palestina.
La reanudación de las relaciones con Venezuela es, por tanto, de relevancia estratégica para Israel. No regresa a un país cualquiera, sino a un antiguo aliado de sus rivales en Oriente Medio, con importantes reservas de hidrocarburos y minerales. Además, Caracas está ahora bajo la influencia de Estados Unidos, que también es el principal valedor de Israel. En un entorno internacional cada vez más adverso, el shidduch con Venezuela podría realizarse sobre bases sólidas, auspiciado por Washington.
Antecedentes históricos clave: de Chávez al 3 de enero
Las relaciones entre Israel y Venezuela han atravesado una transformación profunda en tiempos recientes, pasando de la cooperación cercana durante gran parte de la segunda mitad del siglo XX a 17 años de distanciamiento. La llegada a Caracas de una misión oficial israelí en julio de 2026, enviada tras los devastadores terremotos, adquiere una relevancia que trasciende el ámbito humanitario. Se trata del primer despliegue gubernamental israelí en territorio venezolano desde la ruptura de relaciones en 2009 y refleja un interés en fortalecer su influencia en la región.
Venezuela fue uno de los primeros países latinoamericanos en reconocer al Estado de Israel tras su fundación en 1948. Durante décadas, ambos países mantuvieron vínculos diplomáticos estables y desarrollaron cooperación en áreas como agricultura, tecnología, salud, comercio y gestión del agua, favorecidos por la presencia de una importante comunidad judía venezolana y por una política exterior tradicionalmente orientada al equilibrio y al multilateralismo. Sin embargo, esta dinámica cambió radicalmente con la llegada de Hugo Chávez al poder en 1999, cuando Caracas reorientó su política exterior hacia una confrontación más marcada con Estados Unidos y un acercamiento estratégico a países como Irán, Libia y Siria.
La relación con Israel se deterioró progresivamente cuando Venezuela retiró a su embajador en Tel Aviv durante la guerra entre Israel y Hezbolá en 2006 y rompió oficialmente las relaciones diplomáticas en enero de 2009, tras la ofensiva israelí en Gaza conocida como “Operación Plomo Fundido”. Desde entonces, ambos países han mantenido una relación sin vínculos diplomáticos formales.
Un nuevo capítulo comenzó a abrirse tras la operación militar estadounidense del 3 de enero de 2026, dando paso a una redefinición de la política exterior de Caracas. En ese contexto, Nicolás Maduro Guerra, hijo del exmandatario, planteó públicamente la necesidad de que Venezuela estableciera relaciones con todos los países, incluyendo Estados Unidos e Israel. Sus declaraciones, realizadas durante un encuentro de la Red de Juristas en Caracas, reflejaron un giro significativo en el discurso chavista de las últimas décadas y coincidieron con un momento en el que Venezuela busca reconstruir sus vínculos internacionales.
En el nuevo escenario político venezolano, Israel manifestó su respaldo a la acción estadounidense contra la estructura del gobierno chavista y expresó su interés en fortalecer sus vínculos con América Latina, en un contexto de redefinición de alianzas en Caracas.
Esa posibilidad comenzó a materializarse tras los terremotos del 24 de junio de 2026, cuando Caracas aceptó una misión humanitaria israelí integrada por diplomáticos, oficiales del Comando del Frente Interno de las FDI, especialistas en ingeniería estructural, equipos de búsqueda y rescate y representantes de organizaciones humanitarias.
La composición de la delegación israelí reflejó una estrategia cuidadosamente estructurada: el embajador Yoed Magen aportó la conducción política e institucional de la misión; el general de brigada Elad Edri, jefe de Estado Mayor del Comando del Frente Interno de las FDI, encabezó el componente técnico de evaluación de infraestructura, búsqueda y rescate; y el rabino Yosef Garmon, presidente de la Coalición Humanitaria y director para América Latina de la organización de búsqueda y rescate ZAKA, incorporó la dimensión humanitaria, comunicacional y de diplomacia pública.
La aceptación del despliegue por parte de Caracas constituyó un hecho inédito desde la ruptura de relaciones en 2009, aunque ambas partes subrayaron su carácter técnico. Lejos de tratarse de una delegación improvisada, cada uno de sus principales integrantes responde a un objetivo específico que analizaremos a continuación.
Yoed Magen, el embajador que vivió su infancia en Venezuela
El embajador Yoed Magen representa uno de los perfiles más técnicos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel. Su rol a la cabeza de la misión diplomática responde a una combinación de factores humanitarios y estratégicos. Diplomático de carrera desde 1992, Magen cuenta con formación como ingeniero en programación por ORT Singalowsky y una licenciatura en Ciencias Políticas y Criminología por la Universidad Bar-Ilan. A lo largo de más de tres décadas de servicio ha desarrollado experiencia en planificación estratégica, cooperación internacional, gestión de crisis y coordinación civil-militar.
Su paso por la División de América del Norte del Ministerio de Relaciones Exteriores le otorgó un conocimiento profundo de la política estadounidense y de los mecanismos de coordinación entre Washington y Tel Aviv, un aspecto relevante en el caso venezolano debido al peso que Estados Unidos mantiene sobre la relación de Caracas con el Occidente político. También trabajó en la Dirección de Cooperación Económica del Ministerio, participando en iniciativas de comercio internacional y vínculos bilaterales, y fue asesor de políticas para la Dirección de Planificación Estratégica del Estado Mayor de las FDI, donde adquirió experiencia en logística, protección de infraestructura crítica y respuesta ante emergencias.
Sin embargo, el elemento que distingue especialmente a Magen es su vínculo personal con Venezuela, ya que durante su infancia y juventud residió en el país, domina el español venezolano y posee un conocimiento directo de su cultura, sociedad e instituciones. Esta conexión representa un activo diplomático en un contexto marcado por años de distanciamiento político, al facilitar la construcción de confianza y reducir barreras de comunicación.
Su perfil técnico y discreto permite además que Caracas presente la cooperación como una iniciativa humanitaria, alejada de disputas ideológicas o presiones políticas. Al mismo tiempo, su experiencia en Washington y en planificación estratégica lo convierte en un interlocutor capaz de comprender los límites regulatorios y diplomáticos que condicionan cualquier acercamiento entre Venezuela, Israel y Estados Unidos.
Elad Edri, comandante del Frente Interno
El general de brigada Elad Edri, actual jefe de Estado Mayor del Comando del Frente Interno de las FDI, representa uno de los perfiles operativos más especializados de Israel en protección civil, rescate urbano y gestión de emergencias. Su trayectoria combina una formación inicial como oficial de infantería en la Brigada de Paracaidistas, una unidad de élite de las FDI, con una posterior especialización en evaluación de infraestructura crítica y coordinación civil-militar. Su experiencia en escenarios complejos, especialmente en Gaza y Cisjordania, marcó su evolución desde el ámbito del combate hacia la gestión integral de crisis.
Durante su carrera, Edri participó en operaciones de seguridad y combate urbano, y como comandante de la Brigada de Rescate y Entrenamiento del Comando del Frente Interno lideró unidades dedicadas a la remoción de escombros, evaluación de estructuras dañadas y apoyo en zonas de alta complejidad.
Posteriormente, como comandante del Distrito de Haifa y luego jefe del Estado Mayor del Comando del Frente Interno, asumió responsabilidades sobre preparación civil, respuesta ante desastres, coordinación con organismos de emergencia y protección de la población frente a amenazas militares y naturales.
Su designación para liderar el componente operativo de la misión israelí en Venezuela tras los terremotos del 24 de junio de 2026 refleja la importancia estratégica de sus capacidades en rescate, ingeniería y estabilización de infraestructura.
El “rabino influencer” Yosef Garmon
El rabino Yosef Garmon se ha convertido en una de las figuras más visibles de la diplomacia humanitaria israelí en América Latina, combinando liderazgo religioso, acción social y coordinación internacional. Nacido en Jerusalén y con formación rabínica y jurídica, ejerció como abogado en México, Colombia y Guatemala antes de dedicarse al trabajo comunitario.
Es fundador de la Coalición Humanitaria y director para América Latina de ZAKA, organización israelí especializada en búsqueda, rescate y recuperación de víctimas. Su trayectoria incluye operaciones de asistencia tras terremotos, inundaciones y otros desastres, además de experiencia en escenarios de crisis como reservista de las FDI. Como reservista, fue movilizado tras los ataques del 7 de octubre de 2023 y posteriormente participó en tareas vinculadas al esfuerzo nacional israelí durante la guerra.
Uno de los escenarios más relevantes en los que participó Garmon antes de su llegada a Venezuela fue Somalilandia, un territorio autónomo del Cuerno de África que busca reconocimiento internacional como Estado independiente de Somalia. La presencia de Garmon en la región se enmarca en los esfuerzos de Israel por fortalecer sus vínculos estratégicos en el Mar Rojo, una zona de creciente importancia geopolítica, particularmente ante la actividad de los rebeldes hutíes en Yemen, aliados de Irán.
En la misión israelí en Venezuela tras los terremotos del 24 de junio de 2026, Garmon aportó la dimensión humanitaria, comunitaria y espiritual. Fue uno de los primeros representantes israelíes en llegar al país, coordinando el ingreso de voluntarios y equipos de rescate, y posteriormente integrándose a la delegación oficial junto a ZAKA. Su dominio del español y su amplia red de contactos en América Latina facilitaron la interacción con comunidades y autoridades locales.
Más allá de la asistencia técnica, su presencia reforzó la estrategia de diplomacia humanitaria de Israel, utilizando la ayuda y la cooperación social como un puente de comunicación en ausencia de relaciones diplomáticas formales con Caracas. Garmon ha sido clave para intentar mostrar “un rostro humano” y ha tenido presencia en los principales medios de comunicación del país durante su estancia, siendo clave para mostrar en redes sociales las labores en terreno de la misión de Israel.
Una misión bajo el seguimiento directo de Netanyahu
Hay que resaltar que las declaraciones del primer ministro Benjamin Netanyahu constituyen uno de los principales indicios de que la misión israelí en Venezuela tras los terremotos trasciende el ámbito estrictamente humanitario. Al afirmar que los especialistas israelíes están “reconstruyendo ruinas y también reconstruyendo relaciones”, Netanyahu vinculó explícitamente la asistencia técnica con una estrategia diplomática más amplia: aprovechar la emergencia para abrir espacios de diálogo con un país con el que Israel tiene relaciones suspendidas desde 2009.
La operación refleja una característica recurrente de la política exterior israelí y es el uso de la diplomacia humanitaria como herramienta de proyección internacional. A través del despliegue de equipos de rescate, ingenieros y especialistas en desastres, Israel busca responder a crisis humanitarias, pero también fortalecer su imagen internacional, generar confianza con gobiernos receptores y establecer canales de comunicación en contextos donde existen profundas diferencias políticas.
La referencia a mostrar “la verdadera cara del Estado de Israel” evidencia además un componente de diplomacia pública y poder blando, orientado a proyectar ante las autoridades y la sociedad venezolana una imagen de cooperación, tecnología y asistencia más allá de las disputas políticas. También fue un mensaje de propaganda al mundo que hoy cuestiona a Israel.
Lo económico más allá de lo humanitario
El interés mostrado por empresas israelíes como Dream en expandir sus operaciones hacia América Latina permite analizar el potencial que Venezuela podría representar en un escenario de apertura económica y acercamiento con Estados Unidos e Israel. Tras más de dos décadas de cooperación tecnológica con Rusia, China e Irán en áreas como telecomunicaciones, vigilancia, defensa y ciberseguridad, una eventual reorientación estratégica venezolana implicaría modernizar parte de esa arquitectura, especialmente en protección de datos, redes críticas, comunicaciones gubernamentales y seguridad digital.
En ese contexto, Venezuela podría convertirse en un mercado atractivo para compañías especializadas en ciberseguridad, inteligencia artificial y protección de infraestructura crítica. La reconstrucción del país no solo requeriría recuperar carreteras, hospitales o sistemas eléctricos, sino también desarrollar capacidades digitales para enfrentar amenazas híbridas y atraer inversión internacional.
Más allá de la ciberseguridad, un eventual acercamiento con Estados Unidos e Israel podría abrir oportunidades en la infraestructura física necesaria para la inteligencia artificial. La competencia tecnológica global se está desplazando hacia la capacidad de construir centros de datos, redes de alta velocidad y sistemas energéticos capaces de sostener grandes volúmenes de procesamiento. Venezuela posee ventajas potenciales en este ámbito, pues cuenta con abundantes recursos energéticos, reservas de gas natural, capacidad hidroeléctrica, disponibilidad de suelo y una ubicación estratégica entre América del Norte, el Caribe y Sudamérica.
Este escenario coincide con la creciente convergencia entre inteligencia artificial, seguridad nacional y defensa. Empresas estadounidenses como Palantir Technologies, vinculada al ecosistema tecnológico de Peter Thiel y con cooperación con instituciones israelíes, reflejan esta tendencia. A su vez, compañías israelíes especializadas en inteligencia artificial y ciberdefensa buscan ampliar su presencia internacional. Si Venezuela logra consolidar estabilidad política, seguridad jurídica, energía confiable y conectividad suficiente, podría aspirar a integrarse en cadenas de valor vinculadas a la economía digital, pasando de ser un receptor tecnológico a un potencial nodo regional.
Otra dimensión estratégica es el potencial de Venezuela en minerales críticos para la transición tecnológica y la industria de defensa. El país posee importantes recursos de hierro, bauxita, níquel, oro, cobre, coltán y otros minerales cuyo potencial requiere mayor exploración y desarrollo industrial. Varios de estos materiales son esenciales para sectores como semiconductores, baterías, sistemas electrónicos, telecomunicaciones, inteligencia artificial y tecnologías militares avanzadas. En un contexto donde Estados Unidos y sus aliados buscan diversificar cadenas de suministro dominadas en gran medida por China, Venezuela podría adquirir relevancia geoeconómica si desarrolla estos recursos bajo estándares de transparencia y sostenibilidad.
El panorama regional latinoamericano atraviesa una transformación política que ha generado un entorno más favorable para Israel en varios países del continente. La llegada de gobiernos con posiciones más cercanas a Washington y a la administración Trump como el de Javier Milei en Argentina, Daniel Noboa en Ecuador, sectores políticos emergentes en Colombia como el liderado por Abelardo de la Espriella, y gobiernos aliados de Estados Unidos en Centroamérica como Honduras— ha abierto mayores espacios para fortalecer vínculos con Jerusalén en áreas como seguridad, tecnología, innovación y comercio. Esta tendencia representa un cambio respecto a la última década, cuando varios gobiernos de la región mantuvieron posiciones más críticas hacia Israel, especialmente en el marco del conflicto palestino-israelí.
Este nuevo contexto coincide con una creciente discusión sobre el aumento del gasto en defensa impulsado por Estados Unidos dentro de iniciativas regionales como el denominado Escudo de las Américas, orientadas a reforzar capacidades de seguridad, cooperación militar, control territorial y respuesta frente a amenazas transnacionales. Aunque Venezuela no forma parte directamente de estos esquemas, una eventual profundización de la cooperación entre Washington y Caracas en el marco de la estabilización venezolana podría generar una revisión integral de las capacidades de defensa del país. Tras años de dependencia tecnológica de proveedores rusos, chinos e iraníes, Venezuela enfrentaría el desafío de modernizar sus sistemas militares, de comunicaciones e inteligencia bajo nuevos estándares de interoperabilidad con Occidente, especialmente con Estados Unidos y sus aliados como Israel.
En ese contexto, las empresas israelíes de defensa, ciberseguridad e inteligencia podrían encontrar una oportunidad estratégica. Israel posee una amplia experiencia en sistemas de vigilancia, protección fronteriza, guerra electrónica, análisis de datos y cooperación contra amenazas híbridas, capacidades que podrían resultar relevantes para Venezuela en la reconstrucción de sus instituciones de seguridad y en la lucha contra organizaciones armadas como el ELN, que mantienen presencia en zonas fronterizas.
El papel de Israel en la reconstrucción de Venezuela tras los terremotos
La delegación israelí encabezada por el general de brigada Elad Edri presentó al gobierno venezolano un plan técnico para la recuperación de La Guaira, una de las zonas más afectadas por los terremotos. El documento refleja la experiencia acumulada por Israel en gestión de emergencias, combinando ingeniería estructural, evaluación de riesgos, planificación urbana y coordinación civil-militar. Más que una respuesta de rescate inmediata, el plan plantea una estrategia de recuperación integral basada en seis etapas: diagnóstico de daños, remoción de escombros, demolición controlada, manejo de residuos, estabilización y reconstrucción resiliente.
La experiencia del Comando del Frente Interno de las FDI resulta clave por su especialización en protección civil ante conflictos armados, terremotos y otras emergencias. En el caso venezolano, la permanencia de la delegación por solicitud del gobierno de Delcy Rodríguez al canciller israelí Gideon Sa’ar evidencia que la cooperación superó la fase simbólica inicial. Las inspecciones técnicas de edificios y estructuras buscan determinar condiciones de habitabilidad, reducir riesgos secundarios y establecer prioridades para la reconstrucción.
Desde una perspectiva geopolítica, la participación de Israel en la reconstrucción de Venezuela ocurre en un momento particularmente complejo para su imagen internacional. Tras la guerra en Gaza y las profundas divisiones generadas en torno a sus operaciones militares en Oriente Medio, Israel enfrenta crecientes cuestionamientos diplomáticos, presión en organismos multilaterales y un deterioro de su percepción pública en diversos sectores de la comunidad internacional.
La operación en Venezuela funciona así como una expresión de diplomacia humanitaria, propaganda y poder blando, mediante la cual Israel busca mantener abiertos canales internacionales, construir vínculos con nuevos interlocutores y contrarrestar la imagen exclusivamente asociada al conflicto.
Para un país cuya legitimidad internacional se encuentra bajo intenso escrutinio, demostrar capacidad de respuesta ante desastres naturales y disposición a cooperar incluso con gobiernos históricamente distantes representa una herramienta para ampliar su margen diplomático, recuperar espacios de influencia global y contar con elementos claves para su propaganda y quizás no exista mejor forma de hacerlo que restableciendo relaciones con el país que posee las mayores reservas de petróleo del mundo, cuya reconstrucción puede representar una oportunidad de negocios para empresarios israelíes y que tiene unas interesantes potenciales reservas de minerales clave para la industria de defensa global donde las empresas de esa nación son una fuente de ingresos clave para su gobierno en un momento de boicots y conflicto.
Será pertinente seguir la evolución de los intercambios que dependen de factores políticos más amplios, como la relación de Venezuela con Irán, la posición de Estados Unidos y las decisiones futuras de ambos gobiernos. Aun así, la participación israelí en la recuperación de una zona estratégica como La Guaira representa un cambio significativo, puesto que una relación marcada por la distancia política encontró un punto de encuentro en la ingeniería, la gestión de riesgos y la respuesta humanitaria.
Si la dinámica actual evoluciona favorablemente, el siguiente paso podría ser la institucionalización de ese “kesher”, que significa vínculo en hebreo, mediante mecanismos de diálogo permanente, oficinas de representación o incluso la eventual reapertura de embajadas en Caracas y Tel Aviv.







