Carlos Delgado Flores es periodista, profesor en la UCAB, e investigador en sociedad del conocimiento y cultura digital.
Guacamaya, 24 de julio de 2026. De las respuestas que la ciudadanía autoorganizada ha dado a la emergencia producida por los dos terremotos del 24 de junio en Venezuela, una de las más impresionantes ha sido la cocreación, en menos de 72 horas, de cerca de 130 aplicaciones digitales para reportar información, muchas de ellas catalogadas por Acceso Libre, organización dedicada a proteger la libertad de expresión en línea, la privacidad digital y el acceso libre a la información para todas y todos los venezolanos, según su propia definición.
Las aplicaciones —127 hasta ahora— fueron desarrolladas en su mayoría por voluntarios y se reúnen en las siguientes categorías: Acopios, Desaparecidos, Directorio general, Donaciones, Mapas, Mascotas, Médicos, Niñez, Rescate, Refugios y Salud mental; asimismo, sus registros están actualizados a la fecha de esta publicación.
Marianne Díaz, directora de Acceso Libre, es escritora, abogada y activista por los derechos humanos digitales. La explicación que da de la iniciativa es elocuente, nucleándose en la misma contingencia: “Originalmente surgió un mensaje de alguien que estaba buscando a su mamá entre los desaparecidos de la tragedia; esa búsqueda llevó a un mapa y a que le surgieran seis capas más, de datos aportados por la gente, en un ejercicio de crowdsourcing humano de clasificar, generar categorías, generar criterios de confiabilidad, para luego hacer scrapping de datos potenciado con Inteligencia Artificial” (Claude, para más señas, que no opera en el país por decisión de la misma Antrophic).
Díaz prosigue el relato: “Hice una convocatoria por voluntarios y acudieron 500, y cuando se vio que era demasiada información para verificar y que no se podía unificar en una sola aplicación, se pensó en una solución que agregara valor y fue cuando se montó el directorio.
Una revisión del directorio da acceso a mapas colaborativos para reportar heridos, desaparecidos, donaciones, refugios, disponibilidad de recursos o albergues para mascotas, entre otras categorías. Algunos desarrollados en Google Maps, otros en Kobo©, otros en Arcgis©, no-code, en versiones fremium de aplicaciones de pago; no todos estarán disponibles por largo tiempo.
Estas aplicaciones hablan de tres cosas: de la voluntad de la gente de organizarse para gestionar, de operar en enjambre y de no esperar por el Estado ni por el liderazgo institucionalizado para colaborar. “Hay una red, una estructura que no es, de entrada, loable, en la cual la sociedad civil suple al Estado”, señala Díaz y agrega: “Es bellísimo esto”. Pero esto, ¿es un ejercicio de democratización de la sociedad civil por la vía del aprendizaje social? Hay que seguir mirando.
Las catástrofes -es un hecho- aceleran el aprendizaje social y permiten el surgimiento de nuevos liderazgos, primero centrados en la contingencia, luego ganados para la agencia política.
Un ejercicio importante para hacer en esta hora, es identificar a los colaboradores activos en comunidades y su capacidad para articular en forma estratégica las redes. Marianne Díaz identifica tres estadios de la comunicación luego de los terremotos: 1) “ayudo porque necesito ayudar”; 2) “identifico acciones que realmente ayudan” y 3) “me oriento al otro, destacando la identidad”.
“En el proceso con los voluntarios, me ha tocado distinguir momentos de guía de los momentos donde se hace lo que ellos dicen. El verdadero líder renuncia al ego”, reconoce, a la vez que enfatiza que culturalmente sí nos es posible gestar un liderazgo distinto, porque “somos un país profundamente bueno, con todo y la echadera de vaina; un país que está más allá de los antivalores, que se articula como un puente: somos amigos, nos vamos a ayudar, construimos familiaridad y desde ésta se conforma el tejido social”. Sus palabras tienen eco en el tema del venezolano convivial.
Marianne Díaz retomará, luego de esta emergencia, las tareas de su curso en línea Reconstruir la república, dedicado al tema de la generación de consenso en democracia, para el cual se quedó gente en lista de espera. Y lo hará con los pelos en la mano.







