El embajador Félix Plasencia ya ocupó la Cancillería entre 2021 y 2022. Fotografía: Ministerio de Relaciones Exteriores.
Guacamaya, 13 de julio de 2026. La última reorganización del gabinete de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, marca un punto de inflexión para la política exterior venezolana, con el diplomático y político Félix Plasencia en el centro.
Se fusionan los ministerios de Relaciones Exteriores y Comercio Exterior, mientras que ya han cambiado más de la mitad de las carteras ministeriales desde que Delcy Rodríguez asumió la presidencia el 5 de enero de 2026.
Plasencia encabezará el nuevo ministerio, dejando atrás su rol como embajador ante el Reino Unido y representante diplomático en los Estados Unidos, mientras que el antiguo canciller, Yván Gil, se desempeñará como ministro de Ciencia y Tecnología.
Más que un relevo de funcionarios, la decisión refleja una reconfiguración de las prioridades del Estado venezolano en su nueva etapa de desafíos. El país enfrenta simultáneamente un proceso de conflicto político, el enorme desafío de la reconstrucción tras los terremotos y una nueva etapa de reinserción internacional, marcada por una relación radicalmente distinta con los Estados Unidos.
Diplomático de carrera y una relación de confianza duradera con Delcy y Jorge Rodríguez
La trayectoria de Félix Plasencia combina más de tres décadas de experiencia diplomática y en el Gobierno, con responsabilidades en comercio exterior, promoción de inversiones, negociación política y relaciones con potencias extranjeras.
Sin embargo, su importancia no deriva únicamente de los cargos, sino también de la estrecha relación que ha mantenido con Delcy y Jorge Rodríguez, los que ha conocido por más de 30 años, y con los que ha trabajado en cargos clave.
Plasencia ingresó al cuerpo diplomático venezolano en 1991 mediante concurso público, durante el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez. Fue formado así con una lógica profesional propia de la institucionalidad del Estado venezolano previa a la Revolución Bolivariana. A diferencia de muchos cuadros políticos posteriores, Plasencia logra atravesar el cambio de régimen sin romper con el aparato diplomático.
Su formación académica refuerza la visión de un perfil de diplomático con enfoque en los países occidentales. Egresado de Estudios Internacionales de la Universidad Central de Venezuela, cuenta además con una maestría en Estudios Europeos en la Universidad Católica de Lovaina, en Bélgica, y un posgrado en Estudios Diplomáticos en la Universidad de Oxford. Esta trayectoria lo inserta plenamente en la cultura diplomática europea y multilateral, algo que luego sería crucial para Venezuela en contextos de aislamiento y sanciones.
En 1994, trabaja con Delcy Rodríguez en la embajada en Londres, empezando a construir una relación cercana que dura hasta la actualidad, explicando gran parte de su ascenso. Cuando los hermanos Rodríguez se consolidan como uno de los núcleos de poder más importantes del chavismo, Plasencia se convierte en un operador diplomático de absoluta confianza.
En 2012 es nombrado director de Relaciones Internacionales de la Alcaldía de Caracas y presidente de Fundapatrimonio bajo la gestión de Jorge Rodríguez, actual presidente de la Asamblea Nacional. En 2014, Delcy Rodríguez lo designa director de Protocolo del Ministerio de Relaciones Exteriores, una posición estratégica para el manejo de relaciones formales y contactos de alto nivel. Posteriormente, en 2016 y 2018, es nombrado viceministro para Asia, Medio Oriente y Oceanía, y luego viceministro para Temas Multilaterales, respectivamente.
2019-2021: Cargos clave en un período de crisis política
Con el ascenso de Delcy Rodríguez a la vicepresidencia, Plasencia alcanza varios cargos de alto nivel, consolidándose como gestor de diplomacia bajo presión.
En junio de 2019 actúa como anfitrión del gobierno venezolano durante la visita de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, cuando el Estado estaba siendo sometido a un fuerte escrutinio y denuncias internacionales. El informe de Bachelet fue sumamente crítico respecto a la situación de derechos humanos en Venezuela, especialmente en lo relacionado a la situación de los presos políticos.
Ese mismo año forma parte de la delegación oficialista en los diálogos de Noruega con la oposición venezolana, poco después del intento fallido de golpe de Estado del 30 de abril de 2019. El espacio exigía discreción, capacidad de interlocución con mediadores europeos y manejo simultáneo de presiones internas y externas.
En agosto de 2019, Nicolás Maduro lo designó ministro de Turismo y Comercio Exterior, y posteriormente jefe de gobierno del Territorio Insular Francisco de Miranda. También fue presidente del Centro Internacional de Inversión Productiva (CIIP); estas funciones lo introducen de lleno en la diplomacia económica, particularmente en la captación de inversión extranjera en un contexto de sanciones.
Su nombramiento como embajador de Venezuela en la República Popular China entre 2020 y 2021 lo coloca en uno de los escenarios geopolíticos más relevantes del siglo XXI. Allí opera en plena disputa estratégica entre Estados Unidos y China, gestionando una relación vital para Venezuela en términos energéticos, financieros y políticos. Esta experiencia le otorga una comprensión real del orden multipolar y de los límites —y condiciones— del apoyo chino, alejándose de visiones idealizadas habituales en el chavismo y reforzando su pragmatismo diplomático.
Primer paso por la Cancillería: reinserción internacional
Félix Plasencia asumió la Cancillería por primera vez en un momento de deshielo político entre 2021 y 2022, tras años de colapso económico conflicto político. Su llegada al cargo respondió a una necesidad estratégica del Gobierno de Maduro de transitar desde una diplomacia conformacional y defensiva hacia una diplomacia más pragmática, técnica y orientada a la gestión del daño internacional.
Plasencia sustituyó a Jorge Arreaza, un canciller de fuerte perfil ideológico con fundamentos técnicos, muy identificado con la etapa de máxima confrontación con Estados Unidos, el Grupo de Lima y la Unión Europea. El relevo marcó un cambio de tono más que de objetivos. Bajo Plasencia, la política exterior venezolana no abandonó sus posiciones de fondo, pero moduló el lenguaje, priorizó la discreción y buscó reconstruir canales de interlocución con actores que hasta entonces estaban prácticamente cerrados.
En noviembre de 2021, las elecciones municipales y regionales recibieron observadores de la Unión Europea, mientras que en esa etapa se volvieron a retomar contactos con la administración del entonces presidente Joe Biden.
En el plano multilateral, su gestión se concentró en reinsertar a Venezuela en foros internacionales donde su presencia había quedado debilitada, particularmente en el sistema de Naciones Unidas. Continuó la línea iniciada tras la visita de Michelle Bachelet, manteniendo abiertos los canales con la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos. Aunque el Gobierno venezolano seguía rechazando buena parte de los informes críticos, bajo Plasencia se apostó a una estrategia de cooperación limitada y controlada, con el objetivo de reducir el aislamiento total y ganar margen político.
Plasencia fue también una de las figuras encargadas de articular el discurso venezolano contra las sanciones unilaterales, pero, a diferencia de etapas anteriores, lo hizo combinando denuncia política con búsqueda de interlocución práctica, especialmente con actores europeos y con sectores del gobierno estadounidense. En este período, Venezuela comenzó a explorar con mayor claridad mecanismos de flexibilización parcial, licencias específicas y entendimientos técnicos que no implicaran un reconocimiento político inmediato, pero sí aliviaran restricciones económicas clave.
Durante su gestión también se produjo un reacomodo regional. Plasencia trabajó en la reconstrucción de vínculos con gobiernos latinoamericanos que comenzaban a girar políticamente —México, Argentina, Bolivia y, posteriormente, Colombia— preparando el terreno para el restablecimiento formal de relaciones que él mismo encabezaría luego como embajador en Bogotá.
Asimismo, su relación con potencias extrarregionalas como China, Rusia, Irán y Turquía se mantuvo, pero con un enfoque más funcional que ideológico. Plasencia priorizó acuerdos operativos, cooperación concreta y respaldo diplomático en foros multilaterales, evitando escalar discursos que pudieran cerrar definitivamente puertas con Occidente.
Con Rusia, la relación fue más política y simbólica. Como canciller, Plasencia sostuvo la línea de respaldo diplomático mutuo en foros internacionales, particularmente en la ONU. Sin embargo, tras el inicio de la guerra en Ucrania, Venezuela se mantuvo neutral más allá de mensajes de apoyo, mientras iniciaba acercamientos con Washington y Bruselas.
Marzo de 2022: el primer deshielo con Washington
En marzo de 2022, siendo Plasencia canciller, se produjo un contacto directo de alto nivel entre Venezuela y los Estados Unidos. Visitaron Caracas Juan González, director Principal para el Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca durante la administración de Joe Biden, junto al Enviado Especial Presidencial para Asuntos de Rehenes, Roger Carstens, y el entonces embajador de los Estados Unidos, Jimmy Story.
Este episodio es particularmente relevante por su contexto temporal y geopolítico. Ocurrió apenas semanas después del inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania, un evento que alteró de manera abrupta el equilibrio energético global y obligó a Washington a reconsiderar su política hacia países productores de hidrocarburos previamente sancionados, entre ellos Venezuela.
Finalmente se logró la liberación de prisioneros estadounidenses y se empezó a construir un canal de diálogo que luego continuó con altos y bajos respecto a los acuerdos energéticos y políticos. Aunque Plasencia no fue el articulador de estos encuentros, sí construyó las capacidades del chavismo y el Estado para que se lograran. También dejó instalada una lógica de diplomacia por capas, mientras el discurso político se mantiene firme en lo público, en lo operativo se construyen entendimientos técnicos, licencias, excepciones y canales de comunicación que no necesariamente van de la mano con la retórica pública. Esta lógica es hoy central para la política exterior venezolana y explica, por ejemplo, la coexistencia entre sanciones formales y mecanismos prácticos de flexibilización.
Embajador en Colombia, Reino Unido y la OMI
Tras ejercer como canciller, en 2022 Plasencia es nombrado como primer embajador en Colombia tras el restablecimiento de relaciones, con la llegada de Gustavo Petro al poder. Su misión allí fue reconstruir una relación rota durante años, normalizando vínculos políticos, comerciales y fronterizos.
Posteriormente, es designado embajador y representante permanente de Venezuela ante el Reino Unido y varias organizaciones multilaterales con sede en Londres, la más importante siendo la Organización Marítima Internacional.
El primer enviado a Washington en la etapa post-3 de enero
Tras la asunción de Delcy Rodríguez como presidenta encargada, elegir un emisario para el contacto con los Estados Unidos requería encontrar un perfil experimentado en política y diplomacia occidental, y más importante aún, de confianza absoluta. Plasencia se convirtió así en la figura ideal para esta nueva relación atípica, siendo designado como representante de Venezuela en Washington.
Plasencia ha viajado a los Estados Unidos ya en varias ocasiones, entre ellas una visita en marzo con el viceministro Oliver Blanco para comenzar el proceso de reabrir la embajada venezolana. Esta permanecía cerrada desde 2019, mientras que los Estados Unidos ya han enviado un importante contingente diplomático a Caracas desde enero, inicialmente encabezado por Laura Dogu.
En la primera mitad de 2026, Plasencia ha estado presente en varios hitos del nuevo entorno internacional de Venezuela. Entre ellos están la visita del secretario de Energía de EE. UU. Chris Wright, y la reanudación de los vuelos directos de American Airlines, mientras que ya se ha reunido con la directora ejecutiva del FMI, Kristalina Georgieva.
La nueva arquitectura de la política exterior venezolana
La fusión de los dos ministerios, con Félix Plasencia al frente, puede interpretarse como una de las transformaciones institucionales más importantes de la política exterior venezolana de los últimos años.
Más que una simple reorganización administrativa o un cambio de gabinete, la medida parece reflejar una redefinición de las prioridades estratégicas del Estado en un momento en el que Venezuela enfrenta simultáneamente un proceso de transición política, la reconstrucción tras los terremotos y el restablecimiento gradual de sus relaciones con actores internacionales clave, particularmente Estados Unidos.
La unión de los ministerios y sugiere que el Gobierno considera que la política exterior y la política económica internacional ya no pueden funcionar como ámbitos independientes. Este cambio responde, además, a una tendencia observable en numerosos países que han fortalecido la llamada diplomacia económica.
Plasencia, precisamente, combina en su currículum experiencia en ambos vectores: como diplomático y después canciller, así como ministro de Comercio Exterior y Turismo y presidente del CIIP, y como embajador en países de alto valor estratégico para Venezuela.
La creación del nuevo ministerio también debe analizarse a la luz del nuevo contexto nacional. Los terremotos modificaron profundamente las prioridades del Estado venezolano. Antes del desastre, buena parte de la política exterior estaba orientada hacia la flexibilización de sanciones, la normalización diplomática y la reinserción internacional. Tras los terremotos, esas prioridades permanecen, pero pasan a estar subordinadas la reconstrucción nacional y la garantía de estabilidad interna.
La magnitud de los daños implica que Venezuela necesitará recursos financieros, asistencia técnica, cooperación humanitaria, inversión extranjera, reconstrucción de infraestructura crítica, recuperación del aparato productivo y acceso a financiamiento internacional durante varios años. En ese escenario, la política exterior deja de ser únicamente un instrumento de representación política y se convierte en una herramienta fundamental para la recuperación económica del país.
También está claro que el nuevo ministerio estará enfocado en los Estados Unidos: la potencia extranjera más importante en Venezuela por motivos políticos, mientras se perfila como principal socio comercial y de inversión. En este caso, la experiencia reciente de Plasencia como representante diplomático en Washington resulta especialmente valiosa.
Elías Ferrer colaboró en la redacción de este artículo.







