La ministra de Hidrocarburos, Paula Henao (centro-izquierda) y el vicepresidente ejecutivo de PDVSA, Jovanny Martínez (centro-derecha) en un foro en Houston en agosto de 2026. La participación en la cumbre del G20 marca la tercera vez que ambos viajan a la ciudad texana este año. Fotografía: Ministerio de Hidrocarburos.
Guacamaya, 14 de septiembre de 2026. Los últimos nombramientos en Cancillería e Hidrocarburos coinciden con la primera participación venezolana en un foro ministerial del Grupo de los 20, en Houston, en medio de la consolidación de la relación entre Caracas y la Casa Blanca de Donald Trump.
Delcy Rodríguez volvió a realizar cambios en la diplomacia venezolana, afectando dos viceministerios de la Cancillería, el viceministerio de Geopolítica de los Hidrocarburos y la Agencia de Promoción de Exportaciones (VENEXPORTA). Las designaciones reflejan una política exterior cada vez más entrelazada con la comercial, mientras la ministra de Hidrocarburos llegó a Houston para la cumbre energética del G20.
Una diplomacia reconfigurada tras enero de 2026
La Cancillería ha sido la cartera en la que hemos visto más cambios desde que Delcy Rodríguez asumió la presidencia el 5 de enero. Es destacable la fusión con el Ministerio de Comercio Exterior con el nombramiento de Félix Plasencia como Canciller, así como el rol protagónico de Oliver Blanco, un perfil ajeno al partido de gobierno que ha liderado las relaciones con Estados Unidos.
El ministerio también ha pasado de enfocarse en tejer alianzas con movimientos políticos en otros países a promover la inversión y el intercambio comercial en Venezuela. Al mismo tiempo, deja atrás las alianzas con Teherán, Pekín, Moscú y La Habana para mirar principalmente a Estados Unidos, y en un grado menor a sus aliados occidentales.
Los cinco cargos reorganizados este lunes —cuatro en el Ministerio para Relaciones Exteriores y Comercio Internacional (que dirige Félix Plasencia) y uno en el Ministerio de Hidrocarburos (a cargo de Paula Henao)— deben leerse en esa clave y no como una simple rotación burocrática, sino como el ajuste fino de un aparato exterior que en unas semanas ha pasado de la confrontación abierta a la búsqueda de acuerdos petroleros con Estados Unidos.
Andrea Gabriela Corao — Presidenta de VENEXPORTA
Corao llegaba a este nombramiento tras apenas siete meses como viceministra para Asia, Medio Oriente y Oceanía, cargo que asumió el 23 de febrero de 2026 en sustitución de Tatiana Pugh. Su paso por ese cargo fue breve pero coincidió con un periodo de intensa diplomacia asiática del chavismo, con encuentros de la Cancillería con representantes de China, India y Bielorrusia.
Su traslado a VENEXPORTA, la agencia encargada de promover las exportaciones no petroleras venezolanas, sugiere un intento del Gobierno de dar peso mayor a la diversificación comercial en un momento en que la economía busca insertarse de nuevo en mercados occidentales tras años de sanciones. El cargo la saca de la primera línea geopolítica para ubicarla en un rol más comercial, aunque conserva rango de alta funcionaria del aparato de política exterior.
Carlos Amador Pérez — Viceministro para el Caribe
Amador Pérez sustituye a Raúl LiCausi al frente de un despacho con peso histórico desproporcionado a su tamaño. El Viceministerio para el Caribe ha sido, desde los años de Hugo Chávez, el canal institucional de mecanismos como Petrocaribe y el Banco del ALBA, instrumentos con los que Caracas construyó influencia política en el Caribe insular a cambio de petróleo subsidiado. Esa arquitectura se ha erosionado con el colapso de la producción petrolera venezolana, pero la región conserva votos valiosos para Venezuela en foros como la OEA y la CARICOM.
La información pública disponible sobre la trayectoria previa de Amador Pérez es limitada; los comunicados oficiales no detallan su recorrido profesional anterior al nombramiento, algo que vale la pena verificar con fuentes adicionales antes de afirmar continuidad o ruptura respecto a la gestión de LiCausi.
Eduardo Antonio Ramírez — Viceministro para Asia y Oceanía
Ramírez hereda el despacho que dejó Corao. Geopolíticamente, el cargo es sensible debido a que China es el principal acreedor bilateral de Venezuela y fue uno de los pocos socios dispuestos a sostener comercio pese a las sanciones estadounidenses, mientras India se ha convertido en comprador cada vez más importante de crudo venezolano. Cualquier gestión en ese cargo debe equilibrar esos vínculos con el actual deshielo con Washington.
Ahora escindido de “Medio Oriente” en su denominación (la fórmula usada esta vez es “Asia y Oceanía”), podría anticipar una reorganización interna de esa área geográfica dentro de la Cancillería. Esta región ha dado lugar a algunos de los cambios más significativos, y también más polémicos.
Por un lado, Delcy Rodríguez ha reforzado aún más los lazos con las monarquías del Golfo Pérsico, en especial con Catar, que sirvió de mediador en la madrugada del 3 de enero. Por otro lado, Venezuela restablece relaciones con Israel tras años de enemistad.
Por los momentos, Más que un abandono de las alianzas construidas durante la era de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, el movimiento podría interpretarse como un intento de diversificarlas y adaptarlas al nuevo escenario. La diferencia estaría en que Caracas parece otorgar mayor peso al pragmatismo económico y diplomático por encima de la afinidad ideológica. Si esta tendencia continúa, la relación con las monarquías del Golfo y una eventual normalización con Israel podrían convertirse en algunos de los instrumentos más importantes de la nueva política exterior venezolana para ampliar su margen de maniobra internacional y reconstruir su relación con Estados Unidos.
Radamés Gómez Azuaje — Viceministro de Geopolítica de los Hidrocarburos
Es, junto con la reconfiguración de la cúpula diplomática, la designación más reveladora. El cargo en sí —”Geopolítica de los Hidrocarburos”— es una figura relativamente nueva dentro de la estructura del Ministerio de Hidrocarburos y apunta a una función muy concreta basada en articular la política petrolera venezolana con la dinámica de mercados globales, la OPEP y los foros energéticos internacionales, justo cuando Caracas negocia su reinserción en esos circuitos.
Medios oficialistas describen a Gómez Azuaje como ingeniero con trayectoria en el sector petrolero venezolano, aunque no se han hecho públicos detalles verificables sobre su carrera previa dentro de PDVSA o el Ministerio. Su nombramiento se produce en el mismo mes en que una delegación venezolana viaja a Houston para participar, por primera vez, en un evento ministerial del G20 —un dato que conecta directamente ambas piezas de esta nota.
Raúl LiCausi — Embajador ante la Unión Europea y el Reino de Bélgica
De los cinco nombrados, LiCausi es el que tiene la trayectoria pública mejor documentada. Es egresado de la Escuela de Estudios Internacionales de la Universidad Central de Venezuela, con postgrado en Derechos Humanos en la misma casa de estudios, y pasó por el XVII Curso de Política Exterior para Diplomáticos de América Latina y el Caribe en el Instituto Matías Romero de México. Dentro de la Cancillería fue jefe de la Unidad de Asia, Medio Oriente y Oceanía, luego viceministro para el Caribe —cargo que ahora entrega a Amador Pérez— y presidente del Banco del ALBA (Banalba), además de representante venezolano ante el Banco de Desarrollo del Caribe, la Organización de Estados del Caribe Oriental, la Asociación de Estados del Caribe y la Comunidad del Caribe. También fue presidente de PDV Caribe y analista internacional para la Asamblea Nacional.
Su nuevo destino en Bruselas —sustituyendo a Jorge Valero, embajador ante el bloque comunitario desde 2022— lo coloca al frente de una relación bilateral compleja, dado que la UE ha sido un actor relevante en los intentos de mediación política sobre Venezuela y mantiene su propio régimen de sanciones individuales contra funcionarios chavistas. La acreditación simultánea ante Bélgica y con concurrencia ante Luxemburgo es la fórmula diplomática estándar para un embajador cuya sede reside en Bruselas, sede de facto de las instituciones comunitarias.
Venezuela en Houston: una participación sin precedentes en el G20
El G20 es un foro informal —no un organismo con tratado fundacional ni secretaría permanente— creado en 1999 y elevado a nivel de jefes de Estado en 2008, que reúne a diecinueve países más la Unión Europea y, desde 2023, la Unión Africana. No tiene membresía abierta, pero la incorporación de nuevos integrantes (como ocurrió con la Unión Africana) requiere consenso de los miembros existentes. Lo que sí tiene el G20 es una presidencia anual rotativa, que recae en un país distinto cada año y que goza de un margen de maniobra considerable para fijar la agenda temática, convocar reuniones ministeriales sectoriales en áreas como finanzas, energía, comercio, salud, entre otras cosas a lo largo del año, y decidir a qué países no miembros invitar como “invitados” a esas reuniones o a la cumbre de líderes.
Estados Unidos asumió la presidencia del G20 para 2026 el 1 de diciembre de 2025 —la primera vez que ejerce ese rol desde 2009— y ha anunciado que la Cumbre de Líderes se celebrará en diciembre en Miami, coincidiendo con el 250 aniversario de la independencia estadounidense. La Administración Trump ha reorganizado la agenda del año en torno a tres ejes declarados: reducción de cargas regulatorias, cadenas de suministro energético “asequibles y seguras”, y nuevas tecnologías. Esa prioridad energética explica en buena medida por qué Washington decidió convocar una reunión ministerial de Energía en Houston —la capital petrolera de Estados Unidos— e invitar a actores no miembros, entre ellos Venezuela.
La relación de Venezuela con el foro ha sido, hasta ahora, la de una ausencia casi total. En la Cumbre de Líderes de Río de Janeiro de 2024, Brasil invitó como países huésped a Bolivia, Chile, Colombia, Paraguay y Uruguay, pero dejó fuera a Maduro en medio de la disputa por el reconocimiento de las actas electorales de julio de ese año y las tensiones con Lula da Silva por la negativa brasileña a incorporar a Venezuela a los BRICS.
La reunión ministerial de Energía de esta semana en Houston constituye, por tanto, la primera vez documentada en que una delegación oficial venezolana participa —aunque sea en actividades paralelas— en un evento vinculado formalmente al G20. Es un giro completo respecto al veto implícito que rodeaba al chavismo en ese circuito multilateral apenas dos años atrás.
La participación de esta semana: ¿qué se sabe y qué falta por confirmar?
La delegación venezolana —encabezada previsiblemente por la ministra de Hidrocarburos, Paula Henao, junto al vicepresidente ejecutivo de PDVSA, Jovanny Martínez— asiste a la reunión ministerial de Energía del G20 en Houston, que se extiende hasta el miércoles, por invitación directa de la Administración Trump.
Un funcionario de la Casa Blanca, que habló bajo condición de anonimato a Bloomberg porque los detalles de la delegación no se han hecho públicos oficialmente, describió la participación venezolana como “imperativa” para Washington en las conversaciones sobre seguridad y abundancia energéticas.
Conviene subrayar los límites de esa participación y es que la delegación venezolana no tendrá acceso a las sesiones ministeriales formales a puerta cerrada —reservadas a los miembros plenos del bloque—, pero sí a encuentros bilaterales, actos paralelos y mesas de trabajo con representantes de la industria petrolera global. Se trataría, de al menos la tercera visita de Henao a Houston en lo que va de 2026, dentro de una campaña gubernamental declarada para atraer inversión extranjera al sector.
El trasfondo inmediato de esta invitación es un reciente acuerdo petrolero entre Caracas y Washington. Mientras que North American Blue Energy Partners—la petrolera de Alejandro Betancourt—logra diecisiete concesiones petroleras en Venezuela, la Oficina de Capital Estratégico del Pentágono obtiene una participación indirecta del 35% de sus acciones con derecho a veto sobre la junta directiva.
El acuerdo, que ha suscitado cuestionamientos y polémicas, representa uno de los desarrollos más importantes en la industria de los hidrocarburos venezolana en las últimas décadas, afectando a 65.000 millones de barriles de crudo en reservas.
Para Trump, el acuerdo no es menos significativo: se trata de garantizar el acceso a energía barata de un proveedor confiable, mientras no logra poner fin a las guerras en Ucrania, Irán y Yemen, las cuales siguen siendo disruptivas para el mercado energético global.
La lectura geopolítica
Houston —autoproclamada capital energética mundial y sede de buena parte de las petroleras y mineras que negocian posibles inversiones en Venezuela— ofrece a Washington un escenario doblemente útil, ya que valida ante la industria el relente diplomático con Caracas y presiona indirectamente sobre los mercados globales de crudo en un momento en que los conflictos en Oriente Próximo afectan los flujos petroleros mundiales. Para el chavismo, la invitación —por modesta que sea en términos protocolares— tiene un valor político que excede lo energético, es la primera señal visible de que Estados Unidos está dispuesto a tratar a la administración de Delcy Rodríguez como interlocutor válido en un foro multilateral de primer nivel, apenas ocho meses después de la operación militar que sacó a Maduro del país.
Esa doble lectura —normalización energética y validación política— es, en última instancia, el hilo que conecta las cinco designaciones de este lunes con el viaje de Paula Henao a Texas, tenemos entonces a un mismo Gobierno reorganizando simultáneamente su aparato exterior y su presencia en los foros donde se negocia el futuro de su principal activo, el petróleo.







