El viaje tuvo seguimiento e impacto en ambos lados del Atlántico, con novedades en las perspectivas tanto del panorama político venezolano como del español. / Fotografía: @MariaCorinaYA.
Sleither Fernández
Guacamaya, 21 de abril de 2026. El reciente paso de María Corina Machado por España se convirtió en una gira política de alta intensidad, al menos en la opinión pública. Iniciada por una polémica de cánticos racistas contra Delcy Rodríguez, la gira de Machado continuó con reuniones junto a partidos opositores, la evasión a un encuentro con el presidente Pedro Sánchez y señales de recalibración política frente al escenario venezolano.
La dirigente opositora llegó a Madrid con una agenda que combinó respaldo a la comunidad venezolana, visibilidad mediática y gestos explícitos hacia la derecha española. Apalancada como Nobel de la Paz, terminó exhibiendo su voluntad de moverse como una interlocutora de influencia internacional, aunque ello terminó dejando nuevas controversias y una estela de choques con el Gobierno español.
La polémica racista de Carlos Baute
Desde el inicio, el viaje de Machado a España quedó marcado por una polémica que opacó el resto de su agenda. Se trata del cántico de “fuera la mona”, replicado y aupado por el cantante venezolano Carlos Baute durante una concentración en Puerta del Sol, en Madrid, el pasado sábado, en alusión a la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez.
Machado intentó desmarcarse de este hecho: “Jamás escucharán de mi boca una palabra o una expresión que descalifique a una persona por su religión, por su género o por su raza”, expresó durante una entrevista a EFE este domingo. Baute pidió disculpas por las formas. “Me dejé llevar por la emoción”, dijo a través de sus redes, en un mensaje que intentó separar la indignación política del insulto personal.
Sin embargo, el episodio dejó una sombra difícil de borrar, sobre todo porque el partido de Machado, Vente Venezuela, difundió inicialmente el video en el que aparece Baute replicando el grito, publicación que luego fue eliminada. Como reacción la Embajada de Venezuela respondió con un comunicado en el que expresó “sinceras disculpas” al pueblo español y condenó el “discurso de odio”.
Aún así, la presencia de Machado en Madrid tuvo un fuerte componente emocional y político para la migración venezolana, en una ciudad que se ha convertido en uno de los principales puntos de encuentro del exilio opositor. En su agenda, buscó conectar la crisis venezolana con redes políticas, empresariales y mediáticas, con el uso del capital simbólico de la diáspora como plataforma de presión internacional.
El desencuentro con Pedro Sánchez
Otro de los puntos más comentados de la visita de Machado fue la decisión de no reunirse con el presidente de España, Pedro Sánchez, pese a que el Gobierno español aseguró haber extendido la invitación. Sánchez sostuvo que “le hemos ofrecido poder reunirse conmigo, y desgraciadamente no hemos tenido ocasión de tener esa reunión, porque ella ha considerado que no era oportuno”.
El Jefe de Gobierno español dejó claro que la sede presidencial siempre se ha presentado como un espacio institucional disponible, al recordar encuentros previos con Edmundo González Urrutia y Leopoldo López. “Las puertas de La Moncloa están abiertas para poder reunirnos con todos los líderes de la oposición”, subrayó a la salida de un encuentro binacional con Brasil, celebrado el viernes en Barcelona.
Machado explicó que no consideró adecuado el encuentro en ese momento, en medio de la cumbre que Sánchez encabezaba con líderes progresistas del mundo, llamada “En Defensa de la Democracia”. “La reunión que ha tenido en Barcelona con otros líderes del mundo demuestra por qué no es conveniente”, dijo al señalar que la coincidencia no fue intencional “pero si providencial”.
Esa decisión fue leída por el Ejecutivo español como un desaire, mientras que la oposición de ese país lo valoró como una posición coherente para evitar una foto incómoda con un presidente al que sectores de la oposición venezolana asocian con ambigüedades frente al chavismo. Machado eligió así hablarle a la derecha española y no a la centroizquierda en el poder, algo distinto a lo ocurrido en otros países.
Frente a este hecho, José Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores, fue uno de los miembros del Gobierno español que reaccionó con mayor dureza. A juicio del ministro de Asuntos Exteriores, Machado incurrió en una falta de respeto hacia las instituciones españolas al rehusar el encuentro con Sánchez y privilegiar, en cambio, sus contactos con dirigentes del PP y Vox.
Albares acusó a Machado de asistir a España “como una líder ideológica” y de reunirse solo con el espectro político con el que comparte afinidades, en su lectura, la extrema derecha española. “No se puede solicitar ayuda y luego venir a desmerecer a las instituciones españolas”, señaló el funcionario, tras recordar que Machado le solicitó refugió y España siempre le brindó la posibilidad.
PP, Vox y el mensaje de “elecciones impecables” para España
Machado, en cambio, sí mantuvo una relación fluida con dirigentes del PP y Vox, dos fuerzas que la recibieron con afinidad y sin reservas. En esa escena, la líder venezolana encontró un espacio cómodo para proyectar una narrativa de “libertad, democracia y reconstrucción nacional”, enmarcada por discursos que conectan con la derecha europea y su lenguaje de orden, soberanía y antichavismo.
La dirigente venezolana aprovechó para agradecer el recibimiento del Partido Popular. Machado hizo referencia al alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, quien le otorgó las Llaves de la Ciudad; a la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso; y también a “todas las autoridades del Congreso, del Senado, de los partidos y a los cronistas de la ciudad” que, según señaló, han expresado respaldo a su causa.
Santiago Abascal, de Vox, también se reunió en Madrid con María Corina Machado en la sede de la Fundación Disenso, donde sostuvieron un encuentro privado. La elección del lugar fue deliberada: el centro de pensamiento de Vox es responsable de promover la Carta de Madrid, un manifiesto “en defensa de la libertad y la democracia”, respaldado por figuras políticas afines al partido, incluida Machado.
Machado también participó este lunes en un desayuno informativo de Nueva Economía Fórum, donde expuso su visión sobre el futuro de Venezuela y la reconstrucción económica del país. En el espacio se reunió con empresarios, dirigentes y voceros de la oposición venezolana en el exilio, entre ellos Leopoldo López y Antonio Ledezma, figuras no exentas de polémica.
Tras este encuentro, Machado soltó una de sus frases más contundentes de toda la gira: “Espero que España pueda tener muy pronto unas elecciones impecables”, idea que condensa bien esa lógica de afinidad selectiva. “Mis afectos y preferencias creo que están clarísimas a todos en esta sala y en este país”, añadió, aunque paradójicamente expresó que no quiere involucrarse en la política española.
Pese a que formalmente la declaración puede leerse como un deseo democrático, en la práctica operó como una intervención simbólica en el debate político español, justo en un momento de fuerte polarización. La pregunta que deja abierta es si Machado estaba hablando como líder venezolana en exilio o ya como una figura que intenta incidir en la política de otro país con criterios de alianza partidista.
El giro discursivo sobre Delcy Rodríguez
Más allá de la controversia en Madrid, otro de los elementos más llamativos del viaje fue el cambio de tono de Machado hacia Delcy Rodríguez y sobre la transición. Antes había sostenido que Rodríguez formaba “parte medular de una estructura criminal”, pero ahora habla de que “está llevando adelante un desmontaje” de dicha estructura, en declaraciones brindadas a medios de comunicación.
Además, en una entrevista a ABC de España, la dirigente mostró una eventual disposición a compartir un gobierno de coalición “si eso permitiera adelantar elecciones libres”. En intervenciones recientes, Machado incluso habló de un plazo de nueve meses para preparar unas elecciones presidenciales, algo que contrasta con el mensaje de urgencia que había dominado su narrativa en etapas anteriores.
También cambió el calendario de su regreso al país. Cuando antes hablaba de un retorno en semanas o meses, ahora sitúa la posibilidad de una salida política hacia finales de año. Ese ajuste puede interpretarse como realismo político, pero también como una señal de desgaste o de necesidad de adaptar el relato a una negociación más larga.
El viaje de Machado a España dejó una conclusión clara y es que ya no actúa solo como activista venezolana, sino como una figura que interviene en la conversación política española con aliados y antagonismos muy definidos. Con los choques, polémicas y giros narrativos, por un lado pudo mostrar músculo político, pero con respecto a la amplitud institucional, capaz su imagen es mucho más discutible.







