Con diversos programas enfocados en la educación, el deporte y las artes, la organización alcanza a más de 4.000 personas anualmente, principalmente niños, quienes reciben de cerca nuevas oportunidades. Fotografía: Shailee Rondón / Guacamaya.
Guacamaya, 13 de abril de 2026. Ascender a uno de los puntos más altos de Caucagüita, una barriada enclavada en el extremo este de Caracas, es adentrarse en el mundo de Bernardo Guinand Ayala. Presidente y cofundador de Fundación Impronta, licenciado en Administración de Empresas por la UCAB con postgrado en fundraising de la Universidad de Indiana, este líder del social acumula más de 25 cómo artífice de esperanza en Venezuela.
Guinand Ayala viene recientemente de ser finalista como Líder Social del Año en los Premios LEI (Líderes Empresariales Innovadores) 2026 de EY Venezuela, pero en ningún momento presume de este alcance o de su trayectoria. En su lugar, insiste en que las mejores voces sobre su labor son las de sus aliados comunitarios, a quienes considera un equipo inseparable.
En el trayecto hacia el Punto Impronta, el paisaje brindaba calles empinadas y las acostumbradas viviendas y bloques de los sectores populares caraqueños que son fiel reflejo de historias de resiliencia. El primer punto fue el Colegio Don Bosco de Brisas de Turumo, donde el programa Lectura Sobre Ruedas -impulsado por Impronta en alianza con Fundación Letras en Acción- ilumina mentes de 160 niños.
Yuleima Delgado, coordinadora de dicho programa que busca mejorar habilidades de lectura y escritura a través de actividades lúdicas y dinámicas, lo resume con pasión: “Lectura Sobre Ruedas es un programa extraescolar para el uso del del tiempo libre. Es una forma de ver la lectura en otro nivel, es un espectáculo para que ellos puedan apreciar lo hermoso que es la lectura”.
Sobre Bernardo, Yuleima destaca la facilitación clave que él encarna para el proyecto. “Bernardo Guinand representa un pilar. Es la base, es la alianza con otras empresas para que esto sea realidad. Sin su apoyo, sin su colaboración, este programa no tendría el auge que tiene que es el beneficio para todos los niños. Básicamente él hace que esto sea realidad”, subraya.
Más adelante en el recorrido, en una cancha comunitaria recuperada y repintada múltiples veces por los propios vecinos -a quienes Impronta enseñó las técnicas-, Alexander entrena a un grupo de niños en fútbol. “Esto es nuestro”, dice con orgullo. Finalmente, al llegar al Punto Impronta, Lilieth, una colaboradora abraza a Bernardo: “Gracias a ti, gracias a esto, me compré mi moto”.
Dichos testimonios demuestran que la Fundación no solo transforma vidas vulnerables de los más pequeños, que representan, señala Bernardo, un 88 % de sus beneficiarios; sino que también genera empleos con ingresos competitivos que cambian realidades. Así, con dignidad, solidaridad e impacto como brújula, Bernardo Guinand trasciende y cuenta, desde Caucagüita, cómo lo hace posible.
Recibe al equipo de Guacamaya con una grata bienvenida: “Encantado de que estén aquí, además de recibirlos en la comunidad a la cual nos dedicamos”. De toda la interacción, resalta, sobre todo cómo resume el foco social de su Fundación. “Impronta ofrece a los jóvenes de Caucaguita exactamente lo mismo que tú y yo queremos para nuestros hijos”, apunta.

Pregunta: Háblanos un poco sobre la Fundación Impronta. ¿De qué trata?
Respuesta: Efectivamente, parte del foco de Fundación Impronta ha sido estar constantemente en un mismo lugar. No pretendemos resolver todos los temas que tiene el país, pero sabemos que haciendo un esfuerzo consecuente en un mismo sitio podemos ver resultados a largo plazo. Nuestra misión en Impronta es generar oportunidades que transforman vidas. No pretendemos resolverle la vida a nadie, sino poner las oportunidades lo más cerca posible, muy particularmente a niños y jóvenes, para que puedan alcanzar su máximo potencial.
Esto se logra a través de la capacidad de establecer alianzas, de acercar, sobre todo quizás a personas en situación de vulnerabilidad, la posibilidad de que, a través del bienestar y la educación, puedan ir encaminando sus vidas. Aspiramos al desarrollo de ciudadanos autónomos. De manera concisa, Impronta ofrece a los chamos de Caucaguita exactamente lo mismo que tú y yo queremos para nuestros hijos: una escuela que funcione, una escuela donde aprendan, una escuela donde se sientan seguros.
Nos apoyamos básicamente en la red de escuelas que ya existen en Caucaguita y, por otro lado, en el desarrollo de una serie de programas adicionales extracurriculares que permiten que la gente descubra sus talentos, sus gustos y desarrolle habilidades a través de las artes, el deporte y la lectura.
P: Pero Fundación Impronta no fue tu punto de partida. Desde 1999 te dedicas a lo que se conoce como el tercer sector. ¿Cómo describes esos inicios en este tipo de iniciativas? ¿Qué experiencias tempranas en el país o fuera de él te impulsaron a dedicarte a esto?
R: Yo le debo muchísimo de lo que hago hoy en día a un par de curas jesuitas, el padre (Luis) Ugalde y el padre Luis Azagra (+). Estudié Administración en la Universidad Católica Andrés Bello y trabajé en la Universidad. Esto permitió que, particularmente el Padre Azagra, cuando la Universidad Católica iba a poner en escena su proyecto social más ambicioso, el Parque Social Padre Manuel Aguirre, viera en mí una persona que podía encajar mucho en el programa que ellos querían hacer, tanto para todo el complejo como muy particularmente para un centro de salud, el Centro de Salud Santa Inés que funciona allí.
Debo mucho de lo que hago como administrador. Un administrador se dedica a la gerencia. Puedes gerenciar una transnacional, una empresa petrolera o una organización sin fines de lucro. Estas personas identificaron que yo podía dedicarme a esto. Evidentemente, hay una sensibilidad por el país, unos talentos de querer construir cosas que ayuden a los demás.
He sido una persona muy privilegiada a lo largo de mi vida, he podido educarme, he tenido contención en mi familia, he tenido apoyo para seguir adelante, y creo que esas son piezas fundamentales para que ese privilegio lo puedas convertir también en una oportunidad para otros. Todo ese desarrollo comenzó ahí en el Parque Social de la Universidad Católica Andrés Bello y, la verdad, a raíz de ese llamado, dije: “Esto es lo mío”.
P: Justamente, en estos últimos 25 años o más, conocemos las distintas situaciones políticas y económicas que ha atravesado Venezuela. ¿Esto influyó de cierta manera en que te dedicaras a esto?
R: La verdad, si bien creo que en el mundo, en los últimos años, ha habido incluso jóvenes que de alguna manera se han sentido motivados por la situación del país, en mi caso particular, creo que fue más la iniciativa personal.
Sí hay un tema interesantísimo, que es que en los años 90 la Universidad Católica desarrolló todo el proyecto que se denominó “Proyecto Pobreza”. Ya había un tema que se estaba manejando dentro de la Universidad donde las empresas privadas, y el mismo Estado en su conjunto, tenían que atender el tema de la pobreza como un tema muy sentido que nos afecta incluso en toda Latinoamérica. Entonces, ese proyecto de alguna manera encamina una sensibilidad en la Universidad Católica que se consolida en este programa del Parque Social y yo entro en ese momento como un disparador. Pero fíjate que esto viene desde el año 98 (año de graduación de Bernardo), que ya estaba un poco en esa gestación.
P: Impronta, a través de sus distintos voceros y canales, celebra la figura de Bernardo Guinand Ayala como “inspiración pura”. ¿Cómo descubres esa satisfacción de “ser útil” que menciona tu equipo como convicción de vida?
R: Creo que hay un camino siempre en dos direcciones. Agradezco mucho y siento hoy en día que está muy de moda buscar el propósito de uno. Decir: “Bueno, ¿en qué eres bueno? ¿A qué te quieres dedicar? ¿Cuál es la razón que te inspira a levantarte cada mañana y sentir que de alguna manera puedes ser sembrador de esperanza o incentivar a otros, servir de impulso?”. Eso, evidentemente, es un feedback que me gusta mucho.
Pero para mí hay otro elemento clave: esto no es un puente en una sola dirección, sino que uno también recibe mucho de los demás. Estoy profundamente agradecido, por ejemplo, con mi equipo de trabajo. Si yo hoy quisiera arrugar, no podría arrugar porque tengo una cantidad de gente haciendo un trabajo increíble. Como, por ejemplo, la junta directiva que me acompaña, con los colaboradores, aliados, donantes que tiene Fundación Impronta.
P: ¿De cuántas personas estamos hablando?
R: Impronta va in crescendo. En el equipo central somos 10 personas en la cotidianidad, pero hoy en día contratamos a cerca de 28 personas que son docentes en la comunidad de Caucaguita, y además movilizamos más de 200 voluntarios cada año. Entonces, algo que a veces puedes ver que tienes en una oficina, una dinámica de correlación que algunos puedan decir: “Hay una pequeña organización”, yo mismo quedo asombrado de lo que va generando como impacto. Y a lo que voy es que esa inspiración se devuelve. Hoy en día, más bien me siento inspirado.
Ahorita ustedes vienen de un recorrido viendo lo que hemos hecho con los programas de “Lectura Sobre Ruedas”, aquí mismo en el Punto Impronta, con lo que estamos haciendo. Y eso es inspiración pura. Vengo, y por eso insistía en que la entrevista fuera acá, porque es como un enchufe que uno se pega y dice: “Bueno, sales energizado, sales con ganas de eso”.
Entonces, este tema de inspirar es un tema que creo que es como una bienvenida donde todo el mundo tiene el chance de hacerlo, repercutir en las caras felices, por ejemplo, de estos jóvenes. Y eso es un trabajo en conjunto. Ese no es un trabajo de un Quijote que va solo. Es un trabajo mancomunado y que yo profundamente agradezco.

P: Hablas de que desde niño has sido privilegiado. Estuviste en la UCAB, de la UCAB a Indiana y de Indiana a Caucaguita. ¿Por qué Caucaguita? ¿Por qué Caucaguita es hoy el escenario o tu espacio de acción?
Mira, yo creo que, si uno lo ve desde la fe, Dios nos puso aquí en Caucaguita. Yo venía más bien de trabajar en el extremo oeste de la ciudad y, efectivamente, cuando fundamos Impronta, no había un lugar específico de lo que queríamos hacer. Uno empieza en una fase en la que tienes una idea, vas cuajando y vas buscando aliados que has construido a lo largo de tus años.
Había alguna idea de hacer algo en Antímano, después hubo un proyecto que parecía clarísimo que se consolidara en la parte baja de Petare, pero por cosas de la vida no se dieron y, mientras algunas puertas parecían cerrarse, nosotros recibimos una invitación aquí de Caucaguita. Un líder comunitario, Henry Vivas, nos invitó para ver lo que él estaba haciendo. Era una idea de esas personas que quieren compartir lo que están haciendo en su comunidad: un comedor popular, apoyo al deporte Y la verdad es que, mientras nosotros seguíamos insistiendo en otros lugares, empezamos a proponer algunas cosas acá. Y fue tan fácil. Fue como que, en Caucaguita, y muy particularmente con Henry Vivas, la palabra “no” no estaba presente en el diccionario.
Hubo un momento en el 2018 donde dijimos: “Aquí no hay que salir para ningún otro lado. Aquí somos bienvenidos”. Así titulamos el editorial de nuestro informe de gestión de este último año: “Sean bienvenidos”, porque ahora tenemos el gusto de recibir a la gente acá, pero realmente fue la gente de Caucagüita la que nos ha dado la bienvenida en cualquier rincón en lo que nosotros estamos haciendo.
P: Hablas de esas alianzas que permitieron consolidar a Impronta aquí en Caucagüita. Impronta surge en 2017, un año bastante particular, bastante agitado políticamente, ¿cuáles han sido los mayores obstáculos, pero también los logros que ha tenido Impronta en este proceso de institucionalizarse y consolidarse en esta locación?
Como definiría un poco esto, es que hay que dejarse sorprender. El trabajo comunitario es un trabajo muy complicado porque, por más buena fe que tengas, siempre hay una contraparte. Si no eres bienvenido, si no hay alguien que te ponga en contacto, si no hay alguien que crea en ti y te empieza a abrir camino, es sencillamente imposible. Siempre le digo a mi equipo: “Estamos siempre en una cuerda floja, hay que cuidar los detalles”.
Hemos estado llenos de dificultades también, pero siempre en medio de las dificultades hemos escuchado al que nos dice: “Epa, aquí ustedes tienen cabida”. Hay, por ejemplo, docentes o directores de escuela que en algún momento nos han dicho: “Qué maravilla el obstáculo que tuvieron allí porque ahora ustedes no ponen la mirada en un lugar, sino que han puesto la mirada en una gran cantidad de escuelas”.
P: Aquí vemos (en el arte de la identificación del Punto Impronta) una cantidad de valores que engloban a la Fundación. Valores que, entendemos, construyen esa identidad. ¿Cómo se conformó la definición de estos valores y cómo se ve reflejado esto en un caso real de transformación, ya que vemos que es uno de los pilares?
R: Evidentemente los valores específicos de Impronta no son tantos como estos que están aquí presentes, porque sí, serían más concisos, hay cinco valores. Aquí los extendimos por una razón muy particular. Los cinco son: Dignidad, Solidaridad, Impacto, Pasión y Trascendencia. Aquí hay algunos cuantos más porque quisimos honrar a las personas que nos ayudaron desde el punto de vista financiero a crear nuestra sede, y cada uno de ellos escogió un valor entre los nuestros para sentirse representado. Eso, además, nos hace recordar el agradecimiento con quienes hacen posible que tengamos nuestra sede. Y a su vez, evidentemente, son valores que nosotros transmitimos.
Te cuento incluso una anécdota impresionante: hace poco hicimos un taller nosotros como equipo y a mí el valor de la trascendencia, me fue un valor más complicado de explicar, digamos, que está menos aterrizado, pero mi grupo de docentes supo decir en el día a día lo que significaba la trascendencia. Trascender es hacer bien las cosas que te toca hacer cada día, y tú trasciendes no porque hiciste una jugada maravillosa un día, es porque todos los días estás poniendo lo que te toca hacer en el justo lugar. Eso es trascender, y eso de alguna manera todos estos valores también representan parte de eso.
P: Un poco de eso se ha visto transformado en logros importantes para ti. Por ejemplo, vienes de ser finalista de “Líderes Empresariales Innovadores” 2026 de EY Venezuela junto a otras grandes figuras del liderazgo social. ¿Qué significa para ti este reconocimiento, junto a estas personas que también han brillado en esta área, y qué significa sobre todo en el panorama venezolano?
Si bien me siento muy honrado desde el punto de vista personal, lo hago en representación también de una organización. Estamos en un mundo muy marcado por el tema de marcas personales y todo lo que eso significa y el mundo de las redes sociales. A mí me fascina construir institución. Evidentemente, puedo ser la cara visible, pero sí aprovecho ese reconocimiento para insistir en que este es un trabajo de equipo y me atreví a hacerlo (postularse) porque siento que hay una gente que merece un reconocimiento, porque está haciendo un trabajo de hormiguita, particularmente en el tema de educación en este país.
Por supuesto, estar entre gente valiosísima, y organizaciones de muchísimos años, y gente que está en el interior del país es también codearte. Ese programa de Líderes Empresariales Innovadores creo que es un mensaje esperanzador para el país de que hay gente que está construyendo cosas en sus distintos sectores, y eso es lo que todo el mundo aspira, que Venezuela prospere a raíz de un poco de eso.

P: Justamente esto parte también porque uno de los valores que ya mencionamos antes era la pasión. Esa pasión, tú como líder organizacional, ¿cómo te encargas de transformarla en acciones?
R: Creo que hay ciertas cosas que uno tiene como innatas y que lo transmites, y la verdad es que a mí mi trabajo me apasiona. Cuando establecimos el tema de la pasión dentro de nuestros valores, era porque, efectivamente, si bien queremos gente profesional, queremos que la gente que trabaja en Impronta sea gente que también escoja Impronta, elija a Impronta como espacio. No solo que “necesito trabajo”, que es válido y que efectivamente queremos ser un muy buen lugar de trabajo, sino que la gente también diga: “Yo quiero trabajar acá”.
Ahí, mientras hacemos esta grabación, está Feryení que nos está apoyando en la limpieza, en recoger las cosas. Ha sido la última incorporación formal del equipo, pero porque Feryení también ha estado detrás de nosotros, es decir, ha querido trabajar en Impronta. Entonces, la pasión ya comienza a ser algo que es compartido y, además, es algo que se renueva día a día cuando tú ves que lo que propones se cumple, se hace.
No solo es que los niños están ocupados, los niños están aprendiendo, los niños están creciendo de manera sana, y cuento con un equipo que transmite a los niños esa pasión y ese profesionalismo para que eso ocurra. Entonces, indiscutiblemente es el motor, es algo que hace que tu trabajo no solo sea bueno, sino que brille por sobre las otras cosas.
P: Esta pasión, ya transformada en acciones, evidentemente tiene un impacto en la sociedad. Frente a las políticas públicas actuales en Venezuela en materia de inclusión social y desarrollo económico, ¿cómo ves el papel que juegan estas organizaciones sociales en favor de ese desarrollo social?
R: Creo indiscutiblemente que las organizaciones sociales no sustituyen el rol del Estado. Ni tampoco concuerdo con aquello que dicen: “Si el Estado hiciera todo perfecto, no deberían existir las organizaciones sociales”. No, porque las organizaciones del tercer sector nacen desde ese deseo muy fuerte del ser humano de querer marcar una diferencia. Evidentemente, el tema está en cómo nos alineamos todos para el mismo propósito. Y creo que ahí está el gran desafío que tenemos como país: empresas privadas, gobierno, Estado como lo veas en su conjunto, comunidades y organizaciones de la sociedad civil, apuntar en el mismo sentido.
Cuando logras tener liderazgo que todo el mundo cree en lo mismo y te pones de acuerdo, los cambios son maravillosos. Aquí en Caucaguita lo estamos logrando, y creo que es un poco esa alineación de intereses que ocurren allí y saber muy bien también, por otro lado, cuál es el rol que le toca jugar a uno. Nosotros acompañamos, nosotros hacemos con el otro. Nosotros proponemos unas cosas distintas en tales áreas. Y eso, además, lo comunicas y lo transmites, lo socializas, lo discutes con los distintos actores. Como te dije antes, las comunidades son bastante complejas aquí, estamos hablando de gente, las personas somos complejas y tienes que ponerte de acuerdo para que efectivamente las cosas ocurran.
P: Como líder de una organización social, ¿podrías proponer algunas ideas al Gobierno Nacional en materia de políticas públicas para potenciar el papel de estas organizaciones?
R: Nosotros podemos trabajar en las escuelas gracias a la anuencia del Ministerio de Educación y nos hemos podido sentar a decir: “Esta es nuestra propuesta, lo que estamos haciendo”. Y además, en ese rol también de decir: “Yo no voy a resolver, pero en esto puedo ayudar”. Entonces, ese trabajo efectivamente se viene haciendo, eso hay que darle seguimiento como tal y evidentemente también como organización, al igual que cualquiera de nosotros como individuo, la idea es que uno proponga lo que vemos nosotros como sociedad.
Soy un fiel creyente del trabajo de las organizaciones de la sociedad civil, porque creo que sacan lo mejor del ser humano. Sacan, además, desde su nacimiento, es por querer resolver alguna cosa en particular. Entonces, no son sino organizaciones de puertas abiertas para todos para poder construir cosas que uno vea que son tangibles y que apuntan a la mejora de la gente.
P: Justamente desde ese punto de la sostenibilidad, ¿Cómo hacer sostenible una ONG en Venezuela en los actuales tiempos, desde tu punto de vista de gerente?
R: Ese es uno de los mayores desafíos. Hay distintos tipos de organizaciones y eso depende mucho del tipo de organización. En un caso comunitario como este, es buscar la solidaridad de muchos. Y ahí cada organización inventa su modelo. Nosotros hemos apuntado mucho a la diversificación de los recursos, pero incluso como un espacio donde es una invitación para la gente a través de pequeños donantes individuales, a través de nuestra carrera del Reto Impronta.
Es decir, hasta nuestro modelo de financiamiento es parte de lo que somos como Fundación Impronta. Es también una bienvenida a que la gente diga: “Yo soy parte de esta transformación”. Por ejemplo, una manera de financiarnos es a través de nuestro voluntariado, es decir, gente que pone horas de trabajo, y más de la mitad de nuestros voluntarios son gente de la propia comunidad. Es decir, el compromiso también está dentro de la comunidad.
Hay muchísimos desafíos mayores por hacer. Por ejemplo, muchos de nuestros programas dependen de financiamiento externo y cada vez más queremos ver cómo integramos a la propia comunidad que atendemos, que tiene posibilidades o en alguna medida para lograr algo de ese financiamiento. Entonces, termina siendo un tema de corresponsabilidad de distintos actores para que esta propuesta, que si se ve que es útil, pueda tener esa posibilidad de financiamiento.
P: Hablas de utilidad. Todo financiamiento debe responder también a unos objetivos. Impronta, ¿a cuántas personas está atendiendo actualmente y a lo largo de estos años, cuántos beneficiarios han totalizado?
R: Nosotros estamos ahorita presentando nuestro informe de gestión y tenemos varios años creciendo, con todo y que nuestro foco no está en el gran número. Preferimos hablar de impacto y, por ejemplo, programas como los que tenemos acá donde los niños vienen de manera permanente es lo que genera mayor cambio. Sin embargo, me quedo asombrado de que año tras año, en las escuelas que trabajamos más los programas permanente, ya suman más de 4.000 beneficiarios. Ya vamos con dos años sobre esa cifra de más de 4.000, e incluso con un incremento importante porque el equipo educativo ha venido en crecimiento.
Es decir, ha crecido el equipo, sobre todo la gente de la comunidad, para dar respuesta para que no sea solo un parche de agüita tibia que le deja a la gente, sino que sea efectivamente posibilidades de educación. Quizás lo más resaltante es que de esos 4.000 y tantos, el 88 % son niños en edad de primaria, en edad escolar primaria, donde hemos aterrizado de primero a sexto grado, muy particularmente primero y segundo grado, es donde está el mayor número de incidencia de Fundación Impronta en programas que tienen que ver con la lectura.

P: ¿Cuántos programas tiene Impronta?
R: Wow, mira, solo en lectura tenemos “Leo, Juego y Aprendo”, “Lectura Sobre Ruedas”, “Exploradores de Lectura”. Está “Aula 360”, está el acompañamiento que damos a las escuelas. Tenemos el programa deportivo (Reto Impronta) y tenemos una cantidad de programas extraescolares que ayudan a que los jóvenes desarrollen talentos: El Laboratorio de Artes Integradas, Pequeños Cantores de Caucagüita, está nuestro Fondo de Becas Impronta, ya para jóvenes más grandes que están accediendo a la universidad. No sé cuál se me escapa ahora, pero básicamente la gran mayoría en programas educativos y, por supuesto, también el tema de recreación, nuestro Plan Vacacional y el tema deportivo en el cual acompañamos y hacemos vida como parte de esta comunidad.
P: Ya que tocas el tema deportivo, te defines también como un aficionado al running y al montañismo. ¿Cómo estas pasiones personales alimentan este compromiso social o te ayudan a enfrentar estos desafíos diarios?
Cuando postulamos el tema del bienestar es porque también uno lo aplica. Es decir, el tener una vida sana, el alimentarte bien, el hacer deporte para mí es fundamental. Y evidentemente, yo jugué béisbol cuando era chamo, cualquier cantidad de deportes, pero me encanta la montaña y me encanta correr. Lo maravilloso fue que la pandemia nos dio una oportunidad maravillosa para proponer una carrera cuando nadie estaba haciendo nada, cuando todas las calles estaban cerradas. Creamos el Reto Impronta y fue conectar mi pasión personal también con algo que se ha convertido en la principal campaña de recaudación y de visibilidad de Fundación Impronta.
Hoy, además, con gran satisfacción, hemos traído también eso a Caucaguita, o sea, el Reto Impronta se vive también en esta comunidad. Mira, yo, por ejemplo, desde enero empiezo a ver ahorita maestras de Caucaguita que están entrenando para los 5K que van a hacer en noviembre, a nuestros jóvenes becarios que además están viendo en el deporte un espacio también de contención emocional. Es decir, esas mismas, o sea, qué maravilla que, sin querer queriendo, en la organización que he impulsado, parte de esos gustos personales los hemos aterrizado como un programa compartido donde estamos viendo el beneficio de que trae hacer deporte y tener una vida sana.

P: ¿Qué rol juega tu familia o tu red personal, en esta trayectoria y también cómo equilibras este liderazgo, una responsabilidad tan importante, con ese rol de la vida cotidiana?
R: La familia es el sostén fundamental. En mi caso, además, como te dije antes, he sido privilegiado desde tener papá y mamá, hermano, o sea, contención. Mis papás viven, mi papá cumple este año 90 años y sigue estando presente y, de hecho, ellos son miembros fundadores y miembros de la asamblea de Fundación Impronta. Y siguen siendo espacio de contención, de compartir, de aupar todo lo que aquí estamos haciendo. Y mi familia más nucleada, mi esposa y mis dos hijos, bueno, también, así como te decía, quiero para los jóvenes de Caucaguita lo mismo que tengo en mi casa.
Creo lograr un equilibrio donde incluso involucro a la familia en mi trabajo, donde las pasiones que tengo también son parte de ellos. No es que cada quien va por su lado, y donde estoy además también con ese desafío de impulsar a mis hijos, ya hoy en día universitarios, en que vayan buscando también su camino. Entonces, bueno, es ese espacio, es ese hogar que uno espera, y que efectivamente te permite, incluso la propia decisión de fundar Impronta. Entonces, la familia es un espacio seguro, necesario e importantísimo para uno seguir adelante.
P: Para cerrar, sin duda eres una persona inspiradora para muchos, también tienes más de 25 años de trayectoria en esta labor. Si pudieras dejar un mensaje a esas nuevas generaciones que quizás ven en el liderazgo social una oportunidad de aportar a Venezuela, ¿qué les dirías?
R: En Venezuela hay tanto por hacer, como decía el maestro Cruz Diez, “qué maravilla, porque están todas las cosas que uno pueda hacer”. Hay tantos espacios donde uno puede encontrar su talento y desarrollar y marcar una diferencia. Estamos en un momento extraordinario como país para seguir conociéndonos. Hoy en día estamos en un mundo donde la gente está buscando mucho su propósito de vida, pero ese conocerte en lo que eres útil puesto al servicio.
Entonces, el trabajo social tiene ese tema de ponerse al servicio de los otros. No hay nada más sabroso en el mundo que poder servir a otro. El que lo pueda encontrar y pueda fortalecerlo no solo porque tenga un corazón grande, sino porque profesionalmente puede concretarlo en resultados tangibles, en comunidades que avanzan, en un par de niños que aprenden, que no pierdan ese autobús porque eso le va a dar una alegría y un propósito mayor también para encaminar su vida. Así que, ¡échenle pichón!







