Melike Hocaoğlu es especialista en relaciones internacionales, y profesora e investigadora en la Universidad Libre de Ámsterdam. Fotografía: X / @hocaoglumel.
Guacamaya, 24 de mayo de 2026. Tras los acontecimientos del 3 de enero, que marcaron un punto de inflexión en la política venezolana y en la percepción internacional sobre el país, surgen inevitablemente preguntas sobre el futuro de la relación de Venezuela con varios actores extrarregionales, y uno de esos es Türkiye, con quien Caracas ha concentrado inversiones y acuerdos en años recientes.
La relación entre Venezuela y Türkiye ha experimentado una expansión significativa desde mediados de la década de 2010, enmarcada en un contexto de reconfiguración geopolítica y búsqueda de nuevos socios estratégicos por parte de Caracas. A partir de 2016, ambos países intensificaron su cooperación económica y política, destacando la apertura de rutas aéreas por parte de Turkish Airlines, que conectaron directamente a Caracas con Estambul y posicionaron a Venezuela como un potencial nodo de articulación entre América Latina, Europa y Asia. Este acercamiento se consolidó con la visita oficial del presidente Nicolás Maduro a Turquía en 2017 y el impulso de una agenda bilateral que abarca comercio, inversión e integración regional.
En los años siguientes, la relación ha adquirido una dimensión estratégica más compleja, especialmente en sectores como el oro, la minería y la energía, donde Turquía se ha convertido en un socio clave para Venezuela. Empresas turcas han participado en proyectos dentro del Arco Minero del Orinoco, mientras que el comercio aurífero y los esquemas de intercambio por bienes esenciales han fortalecido los vínculos económicos. Según datos del Instituto Estadístico turco citados por Reuters, entre enero y mayo de 2018, Venezuela exportó al menos 20,15 toneladas de oro a Turquía, por un valor aproximado de 779 millones de dólares.
Paralelamente, Ankara ha buscado posicionarse como un actor diplomático relevante, manteniendo canales de diálogo tanto con el gobierno como con sectores de la oposición, como evidenció la visita del entonces canciller Mevlüt Çavuşoğlu en 2020, en la que se reunió no solo con Maduro, sino también con figuras de la oposición como Henrique Capriles Radonski y Stalin González, miembros de la Plataforma Unitaria. Türkiye ha reconocido los esfuerzos de la Unión Europea por garantizar la observación internacional de los procesos electorales en Venezuela, consolidando su papel como interlocutor imparcial en el contexto político local. Este rol se ha complementado con su participación en iniciativas internacionales de mediación, como la impulsada por Gustavo Petro, proyectando a Turquía como una potencia intermedia con creciente influencia en América Latina.
La participación de empresarios turcos para reactivar infraestructura industrial venezolana forma parte de un esquema de cooperación más amplio que incluye acuerdos comerciales binacionales y el establecimiento de instituciones como la Cámara de Integración Económica Venezolana Turca (Cavetur), creada para facilitar negocios y promover un intercambio que podría alcanzar los 3.000 millones de dólares en los próximos años según el gobierno venezolano cifras que deben tomarse con cautela
En este contexto, la pregunta clave es si Ankara —que ha mantenido compromisos pragmáticos con Caracas incluso en medio de sanciones internacionales y tensiones geopolíticas— seguirá vinculándose con Venezuela en un momento en que el país suramericano se encuentra reconfigurando sus relaciones globales.
Para entender mejor la estrategia de Türkiye en Venezuela tras la reconfiguración geopolítica desde el 3 de enero, consultamos a Melike Hocaoğlu Çağliöz, quien es especialista en relaciones internacionales, con un enfoque particular en la política exterior de Turquía y su proyección hacia América Latina. Cuenta con una maestría en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Ámsterdam, donde investigó las dinámicas geopolíticas entre potencias emergentes y la región.
A lo largo de su trayectoria, ha trabajado en el ámbito de la cooperación internacional, la coordinación de proyectos académicos y la diplomacia institucional, colaborando con redes internacionales de múltiples actores. Sus áreas de interés incluyen la multipolaridad, la diplomacia de potencias intermedias, las relaciones Sur-Sur y el papel emergente de Turquía como facilitador diplomático. También ha sido participante frecuente en el Antalya Diplomacy Fórum, un evento diplomático que reúne a figuras políticos y del mundo de las relaciones internacionales en Türkiye anualmente y se ha desempeñado como columnista en el medio internacional TRT en su sección de español.
Además, durante ocho años, se desempeñó como Coordinadora de los Consejos Empresariales Turquía-América Latina en la Junta de Relaciones Económicas Exteriores de Turquía (DEİK), donde lideró la organización de delegaciones empresariales de alto nivel y participó activamente en la coordinación de visitas oficiales del presidente Recep Tayyip Erdoğan y altos funcionarios. Esta experiencia le ha permitido desarrollar un profundo conocimiento de América Latina y construir una sólida red de contactos en la región.

P: Tras los acontecimientos del 3 de enero, Venezuela vuelve a situarse en una zona de alta sensibilidad política y diplomática. A diferencia de actores como Rusia o Irán, Türkiye ha construido su relación con Caracas desde un enfoque marcadamente pragmático, combinando vínculos económicos —especialmente en comercio, oro y servicios— con una diplomacia flexible que le ha permitido mantener canales abiertos tanto con el gobierno venezolano como con Estados Unidos y la Unión Europea. En ese sentido y dado el contexto de multipolarización actual ¿Qué significa América Latina y el Caribe para Türkiye y cómo evalúas la relación entre Venezuela y Türkiye a día de hoy? .
R: Desde la perspectiva de Türkiye, América Latina y el Caribe se han convertido en un socio estratégico cada vez más importante en el contexto de un sistema internacional multipolar en constante transformación.
Nuestro compromiso con la región no responde a un pragmatismo a corto plazo, sino que es el resultado de un compromiso estratégico y una visión de política exterior a largo plazo que se remonta a la Política de Proyección de Türkiye hacia América Latina y el Caribe, lanzada en 1998 y profundizada significativamente en las últimas dos décadas.
En primer lugar, desde una perspectiva geopolítica, América Latina es importante para el esfuerzo de Türkiye por impulsar una política exterior más multidimensional y autónoma. A medida que el sistema internacional se vuelve menos eurocéntrico, las potencias medianas como Türkiye buscan diversificar sus alianzas más allá de su geografía inmediata. En este contexto, los países de América Latina y el Caribe —muchos de los cuales también valoran la autonomía estratégica— son socios naturales para la construcción de un orden internacional más equilibrado y multipolar.
En segundo lugar, económicamente, la región representa un mercado dinámico de más de 600 millones de personas y recursos naturales significativos. El comercio entre Türkiye y la región ha aumentado drásticamente desde principios de la década de 2000, pasando de aproximadamente 1.000 millones de dólares a más de 14.000 millones en los últimos años, lo que demuestra el creciente interés mutuo en sectores como la energía, la minería, la construcción, la aviación y los servicios.
En tercer lugar, en el ámbito político y diplomático, Türkiye considera a América Latina y el Caribe una región donde es posible una cooperación pragmática y no ideológica. La expansión diplomática de Türkiye —de apenas un puñado de embajadas hace dos décadas a casi veinte en la actualidad— demuestra el compromiso a largo plazo de Ankara con la institucionalización de estas relaciones.
A nivel normativo, Türkiye concibe su relación con América Latina como parte de una visión más amplia de fortalecimiento de la cooperación Sur-Sur. Esto incluye la cooperación en asistencia para el desarrollo, diplomacia humanitaria, esfuerzos de mediación y plataformas multilaterales.
En resumen, para Türkiye, América Latina y el Caribe no son una región periférica, sino un socio cada vez más importante económica, diplomática y estratégicamente en un mundo donde la influencia ya no se concentra en un solo centro, sino que se distribuye entre múltiples actores.
Creo que la relación entre Türkiye y Venezuela tras el 3 de enero debe entenderse no solo como un asunto bilateral, sino también dentro del debate más amplio sobre el derecho internacional, la soberanía y el futuro del orden internacional.
Desde la visión de Türkiye, la principal preocupación en estas situaciones es siempre la preservación de la estabilidad y la protección de los procesos soberanos de toma de decisiones. Más allá del lenguaje diplomático, existe también una cuestión de principios: cualquier intervención externa que altere directamente el equilibrio político interno de un Estado soberano plantea inevitablemente serias dudas en el marco del derecho internacional, en particular en lo que respecta a los principios de no intervención y la prohibición del uso de la fuerza, tal como se establece en la Carta de las Naciones Unidas.
Desde un punto de vista académico, esto no se limita a Venezuela. Se trata de un precedente. Si tales acciones se normalizan en la política internacional, se crea una zona gris muy peligrosa para la soberanía de muchos Estados, especialmente las potencias medianas y los países en desarrollo. Turquía, como país que valora profundamente la autonomía estratégica, es naturalmente sensible a este tema.
Al mismo tiempo, la reacción de Türkiye ha sido, como es habitual en ella, cautelosa y pragmática, más que ideológica. Ankara ha enfatizado la necesidad de estabilidad, moderación y diálogo, evitando al mismo tiempo una retórica que pudiera intensificar las tensiones. Esto refleja una tradición más amplia de la política exterior turca: mantener el diálogo en lugar del aislamiento, incluso en periodos de incertidumbre política.
Yo describiría la fase actual no como una ruptura en las relaciones entre Turquía y Venezuela, sino como un periodo de cuidadosa recalibración. La relación nunca fue puramente ideológica; se construyó sobre la base de la cooperación económica, la diversificación comercial y la creciente apertura de Türkiye hacia América Latina. Debido a esta base institucional, es improbable que desaparezca simplemente por cambios políticos.
Sin embargo, también es realista afirmar que el nuevo entorno geopolítico exige un enfoque más prudente. Es probable que Türkiye continúe apoyando la estabilidad y la normalización económica de Venezuela, pero también observará atentamente cómo evoluciona el nuevo panorama político y cómo se reposicionan los actores internacionales.
Existe además una dimensión humana que a veces olvidamos en los debates geopolíticos. Las convulsiones políticas repentinas suelen afectar mucho más a la gente común que a los gobiernos. Desde esa perspectiva, la pregunta más importante no debería ser qué actor externo gana influencia, sino si Venezuela puede avanzar hacia la estabilidad, la recuperación económica y la normalización institucional de una manera que respete la voluntad y el bienestar de su propia sociedad.
Así pues, si tuviera que resumir la postura actual de Türkiye, la describiría con tres conceptos: principio, prudencia y continuidad.
Principio, porque Türkiye tradicionalmente defiende la soberanía y el diálogo dentro del derecho internacional; prudencia, porque la situación sigue siendo sumamente delicada; y continuidad, porque Türkiye tiende a preservar las relaciones interestatales a largo plazo en lugar de reaccionar únicamente ante cambios políticos a corto plazo.
El punto de inflexión del 3 de enero sin duda creó una nueva realidad geopolítica, pero no describiría su impacto en las relaciones entre Türkiye y Venezuela como una ruptura. Más bien, lo caracterizaría como una continuidad con ajustes tácticos cautelosos, en lugar de una reevaluación fundamental de la relación.
En primer lugar, es importante subrayar que Türkiye y Venezuela han construido sus relaciones a lo largo de muchos años mediante la diplomacia, el comercio y los acuerdos institucionales. Este tipo de relaciones entre Estados suelen sobrevivir a las perturbaciones políticas porque no se basan en individuos, sino en la continuidad diplomática. Los gobiernos cambian, los sistemas políticos evolucionan, pero las relaciones diplomáticas entre Estados tienden a mantenerse.
En segundo lugar, desde una perspectiva diplomática y académica basada en principios, los acontecimientos del 3 de enero desencadenaron inevitablemente serios debates sobre el derecho internacional, en particular en lo que respecta a la soberanía, la no intervención y la legitimidad del uso de la fuerza. El hecho de que un presidente en ejercicio fuera capturado mediante una operación militar extranjera dentro del territorio de un Estado soberano no es un hecho común; es algo que muchos juristas y observadores internacionales consideran que sienta un precedente muy delicado para el sistema internacional. Incluso para quienes apoyan políticamente el resultado, el método en sí plantea interrogantes importantes: si tales acciones se normalizan, ¿qué implicaciones tendrá esto para el futuro de la soberanía estatal y la estabilidad del orden internacional? Estas son preguntas que trascienden Venezuela y conciernen a toda la comunidad internacional.
Desde la perspectiva tradicional de la política exterior de Türkiye, estas situaciones suelen evaluarse a través de tres criterios: el respeto a la soberanía, la estabilidad regional y la importancia del diálogo frente a las soluciones coercitivas. Esto no implica ignorar los desafíos políticos internos de Venezuela, sino enfatizar que la estabilidad duradera se logra generalmente mediante procesos políticos y el diálogo, en lugar de soluciones impuestas externamente.
Por lo tanto, el debate aquí no es solo político, sino también normativo. Se trata de si el sistema internacional seguirá rigiéndose principalmente por normas o cada vez más por la política de poder. Y Türkiye, al igual que muchas potencias medianas, generalmente prefiere un orden internacional basado en normas, ya que, en última instancia, es lo que protege a los países que no son superpotencias.
Desde la perspectiva tradicional de la política exterior turca, estos acontecimientos suelen interpretarse desde el punto de vista de la soberanía, la no intervención y la estabilidad regional. Históricamente, Türkiye ha sido sensible a los precedentes que podrían normalizar las intervenciones externas como instrumentos de cambio político, dado que esto tiene implicaciones más amplias para el sistema internacional, en particular para las potencias medianas.
Al mismo tiempo, la reacción de Türkiye ha sido mesurada y pragmática, más que ideológica. Ankara suele preferir mantener los canales diplomáticos y evitar posturas emocionales o reactivas durante períodos de incertidumbre geopolítica. Esto refleja un reflejo diplomático turco más amplio: compromiso en lugar de aislamiento, diálogo en lugar de ruptura.
En tercer lugar, lo que probablemente estamos presenciando ahora no es una desvinculación, sino una reevaluación. Toda política exterior responsable se adapta a las nuevas realidades sobre el terreno. La transición política y la incertidumbre que siguieron a la operación del 3 de enero que generó inestabilidad y un equilibrio interno volátil en Venezuela exigen, naturalmente, una reevaluación cuidadosa por parte de todos los socios internacionales.
Sin embargo, la reevaluación no implica el abandono de la relación. La política general de Türkiye hacia América Latina es a largo plazo y estructural, no reactiva. Por lo tanto, preveo que Türkiye seguirá apoyando la cooperación económica, el diálogo diplomático y la estabilidad, al tiempo que observa atentamente la evolución del proceso de normalización política de Venezuela.
Si tuviera que resumir el impacto en términos diplomáticos sencillos, lo describiría como una continuidad en los principios, ajuste en las tácticas, pero sin ruptura estratégica.
El enfoque de Türkiye se rige por una lógica diplomática simple: las crisis son temporales, pero las relaciones entre Estados son a largo plazo.
En última instancia, lo que está en juego aquí no es solo el futuro de las relaciones entre Türkiye y Venezuela, sino también una cuestión más amplia: si las crisis internacionales se gestionarán mediante el diálogo y el derecho, o mediante la política de poder. El instinto diplomático de Türkiye generalmente ha sido apoyar la primera opción.
“La relación entre Venezuela y Türkiye nunca fue puramente ideológica; se construyó sobre la base de la cooperación económica, la diversificación comercial y la creciente apertura de Türkiye hacia América Latina.”
P: ¿Qué es el Antalya Diplomacy Forum y por qué América Latina y el Caribe —especialmente Venezuela— deberían prestar atención a un espacio diplomático como este, y cómo ha sido tu experiencia participando en el foro?
R: El Foro Diplomático de Antalya refleja fielmente la visión de Türkiye sobre la diplomacia en el fragmentado panorama internacional actual. No se trata de una conferencia más; es una plataforma diseñada para reunir a actores que no siempre comparten el mismo espacio —gobiernos, académicos, diplomáticos, líderes empresariales y la sociedad civil— con el fin de reconstruir el diálogo en un momento en que los canales de comunicación globales están cada vez más polarizados.
Precisamente por ello, Latinoamérica, y en particular Venezuela, debería prestar atención a este tipo de espacios. Porque foros como el de Antalya ofrecen hoy algo muy valioso: la inclusión sin condiciones. Países con sistemas políticos, orientaciones de política exterior e incluso tensiones con Occidente pueden encontrar un espacio diplomático respetuoso para presentar sus puntos de vista y explorar la cooperación.
Pero más allá del Foro en sí, considero importante destacar un aspecto fundamental de las relaciones entre Turquía y Venezuela.
Nuestras relaciones diplomáticas se remontan a 1950, lo que supone más de setenta años de relaciones oficiales.
Esto es importante porque demuestra que nuestra relación no depende de un momento político, un gobierno o un líder. Los gobiernos cambian. Los partidos políticos cambian. Los entornos internacionales cambian. Pero las amistades diplomáticas entre Estados, cuando se institucionalizan, tienden a perdurar.
Y creo que esta es la manera correcta de entender las relaciones entre Türkiye y Venezuela. No como una relación entre dos administraciones, sino como una relación entre dos Estados y dos pueblos que ha sobrevivido a diferentes periodos políticos, diferentes entornos globales y diferentes liderazgos.
Siempre debemos tener presente una realidad fundamental: los líderes pueden cambiar, pero las relaciones entre Estados permanecen.
Por eso creo que Türkiye seguirá viendo a Venezuela como un socio en América Latina, independientemente de los ciclos políticos. Lo que importa es mantener el diálogo, el respeto mutuo y los mecanismos de cooperación que beneficien a ambas sociedades.
En cuanto a mi experiencia personal en el Foro de Diplomacia de Antalya, lo que más me impresionó fue precisamente ese ambiente de accesibilidad. Es uno de los pocos foros donde se puede ver a ministros de Relaciones Exteriores, académicos y profesionales de políticas públicas participando en conversaciones genuinas, en lugar de limitarse a discursos formales. Se siente menos como un evento diplomático orquestado y más como un verdadero laboratorio de diplomacia.
Y por eso creo que la presencia de Venezuela en estas plataformas es importante. Porque en un mundo fragmentado, los países que mantienen el diálogo suelen tener más margen de maniobra que los que se aíslan.
Las relaciones entre Türkiye y Venezuela no son alianzas políticas temporales; forman parte de una larga continuidad diplomática construida a lo largo de más de medio siglo, y es muy probable que esa continuidad se mantenga independientemente de los cambios en las circunstancias políticas.
Porque en diplomacia, el activo más valioso no es el acuerdo, sino la capacidad de mantener el diálogo.
“Latinoamérica, y en particular Venezuela, debería prestar atención a este tipo de espacios. Porque foros como el de Antalya ofrecen hoy algo muy valioso: la inclusión sin condiciones.”

P: Ahora quisiera hablar de los casos donde Turquía ha servido como facilitador o mediador de conflictos. Arranquemos por Somalia donde desde 2013, Turquía ha asumido un papel facilitador en las conversaciones entre el Gobierno Federal de Somalia y la Administración de Somalilandia. Turquía empezó a aumentar su presencia en Somalia a partir de la hambruna de 2011, cuando el entonces primer ministro Recep Tayyip Erdoğan visitó Mogadiscio en plena crisis humanitaria. Fue la primera visita de un líder no africano en décadas, lo que marcó un punto de inflexión en la relación. Además de la facilitación de la mediación, la ayuda se ha centrado en ayuda humanitaria masiva, pues Türkiye canalizó alimentos, medicinas y asistencia en infraestructura durante la hambruna de 2011 y después. La Agencia Turca de Cooperación y Coordinación (TIKA) ha tenido un rol central. La Construcción de infraestructuras y la cooperación en educación también han sido puntos importantes. ¿Puedes hablarnos sobre la experiencia de facilitación y cooperación de Turquía en ese caso, la metodología y cómo se circunscribe en el objetivo del país de posicionarse como un actor clave para resolver conflictos?
R: La experiencia de Türkiye en Somalia es uno de los ejemplos más claros de lo que podríamos llamar diplomacia humanitaria combinada con diplomacia de mediación. Lo interesante del caso somalí es que Türkiye no comenzó como un actor geopolítico, sino como un socio humanitario.
El punto de inflexión fue, sin duda, la hambruna de 2011, cuando el entonces primer ministro Erdoğan visitó Mogadiscio. Esta visita fue simbólicamente muy importante, ya que demostró un compromiso político al más alto nivel y generó confianza en la sociedad somalí. A raíz de ello, Türkiye desarrolló un modelo de colaboración integral que combinaba ayuda humanitaria, infraestructura, educación y facilitación diplomática.
Lo que distingue el enfoque turco es su metodología multifacética. En lugar de centrarse únicamente en las negociaciones políticas, Türkiye combina varias capas: asistencia humanitaria a través de TİKA, proyectos de infraestructura como hospitales y aeropuertos, cooperación educativa y, simultáneamente, facilitación diplomática. Los estudios académicos suelen describir esto como una combinación de diplomacia humanitaria y herramientas de consolidación de la paz diseñadas para generar influencia y confianza a largo plazo.
En materia de mediación, Türkiye facilitó el diálogo entre el Gobierno Federal de Somalia y Somalilandia, especialmente entre 2013 y 2014, organizando varias rondas de conversaciones en Ankara e Estambul. Estas reuniones propiciaron importantes avances en materia de fomento de la confianza, como el Comunicado de Ankara, cuyo objetivo era continuar el diálogo y reducir las tensiones mediante mecanismos institucionales.
La metodología que Türkiye aplica en estos casos suele tener tres características:
Primero, generar confianza antes de la mediación. Türkiye invierte considerablemente en cooperación humanitaria y para el desarrollo antes de intentar la mediación política. Esto genera credibilidad, ya que Türkiye no es vista únicamente como un intermediario político, sino como un socio para el desarrollo a largo plazo.
Segundo, mantener el diálogo con todos los actores. Türkiye reconoce la integridad territorial de Somalia, pero al mismo tiempo mantiene abiertos los canales de comunicación con las autoridades de Somalilandia en áreas técnicas y de desarrollo. Este enfoque equilibrado contribuye a que Türkiye sea percibida como un facilitador creíble, en lugar de un actor partidista.
Tercero, una diplomacia pragmática y gradual. En lugar de impulsar soluciones políticas rápidas, Türkiye tiende a centrarse en medidas de fomento de la confianza, acuerdos técnicos y una normalización gradual. Observamos enfoques similares hoy en día en la mediación de Türkiye entre Somalia y Etiopía a través del conocido Proceso de Ankara.
Desde una perspectiva estratégica más amplia, Somalia también encaja con el objetivo de Turquía de posicionarse como una potencia intermedia constructiva en la resolución de conflictos. Türkiye no pretende reemplazar a las potencias tradicionales, sino complementar los esfuerzos diplomáticos existentes, particularmente en regiones donde la confianza en los actores tradicionales puede ser limitada.
En definitiva, el caso somalí ilustra claramente la filosofía diplomática de Turquía: influencia mediante el diálogo, no la presión; mediación mediante la confianza, no la coerción; y estabilidad mediante la cooperación para el desarrollo. Por ello, Türkiye se presenta cada vez más no solo como una potencia regional, sino como un actor diplomático facilitador en un sistema internacional fragmentado.
“Lo que distingue el enfoque turco es su metodología multifacética. En lugar de centrarse únicamente en las negociaciones políticas, Türkiye combina varias capas: asistencia humanitaria a través de TİKA, proyectos de infraestructura como hospitales y aeropuertos, cooperación educativa y, simultáneamente, facilitación diplomática.”
P: En los Balcanes, Turquía ha facilitado encuentros de alto nivel como la cumbre tripartita de Estambul en 2010 entre Bosnia y Serbia, así como foros trilaterales que incluyeron a Croacia, buscando generar confianza y reconciliación en una región marcada por las guerras de los años noventa. Desde su experiencia diplomática, ¿qué técnicas de negociación y qué método considera que caracterizan el enfoque turco en estos procesos, y en qué se diferencia de la mediación ejercida por actores como la Unión Europea o Estados Unidos?
R: El papel de Türkiye en los Balcanes, particularmente en Bosnia-Herzegovina, Serbia y Croacia, refleja una filosofía diplomática muy específica que combina la facilitación, la creación de confianza y la apropiación regional, en lugar de la mediación de poder clásica. La cumbre trilateral de Estambul de 2010 fue particularmente importante porque reunió a los presidentes de Bosnia y Serbia por primera vez desde la guerra, lo que contribuyó a abrir una nueva fase de diálogo y reconciliación.
Desde una perspectiva diplomática, diría que el enfoque turco en estos procesos se caracteriza por tres métodos principales de negociación.
Primero, la creación de confianza a través de la proximidad histórica y cultural. Türkiye a menudo recurre a sus lazos históricos y conexiones sociales en los Balcanes no como una herramienta política, sino como una forma de generar confianza entre partes que pueden desconfiar de los actores globales más grandes. Esto le otorga a Türkiye lo que podríamos llamar credibilidad relacional: la capacidad de dialogar con todas las partes sin ser percibida como un impositor externo.
Segundo, la facilitación en lugar de la imposición. A diferencia de algunos modelos de mediación que se centran en la condicionalidad o la presión, Türkiye generalmente prefiere crear plataformas de diálogo, como mecanismos de consulta trilateral, donde las propias partes desarrollan soluciones. El objetivo no es imponer resultados, sino generar un entorno político propicio para el diálogo. Por ello, estos mecanismos trilaterales se han extendido a la cooperación económica y en infraestructuras, ya que Turquía considera la interdependencia económica como una herramienta para la consolidación de la paz.
En tercer lugar, la diplomacia multidimensional. Türkiye suele combinar el diálogo político con la cooperación económica, proyectos de conectividad y contactos interpersonales. Por ejemplo, iniciativas como los proyectos de conectividad Belgrado-Sarajevo o los foros empresariales demuestran que la reconciliación no es solo política, sino también económica y social.
Si comparamos esto con la UE o Estados Unidos, la diferencia radica principalmente en la metodología, más que en la normativa. Los actores occidentales suelen operar mediante marcos de negociación más formales, mecanismos de condicionalidad o incentivos de integración institucional, como la adhesión a la UE. Türkiye, en cambio, tiende a utilizar un estilo diplomático más flexible e informal, haciendo hincapié en el diálogo, el beneficio mutuo y la normalización gradual.
Resumiría la diferencia así: La UE y EE. UU. suelen actuar como artífices de acuerdos, mientras que Türkiye suele actuar como facilitadora del diálogo.
Esto no significa que estos enfoques compitan; de hecho, a menudo son complementarios. Türkiye ha apoyado en general la integración euroatlántica y los esfuerzos internacionales de paz en los Balcanes, contribuyendo a través de su ventaja comparativa: la diplomacia basada en la confianza y las plataformas de diálogo regional.
En definitiva, lo que caracteriza el estilo de mediación de Türkiye es la paciencia, la inclusión y la convicción de que una paz sostenible no solo proviene de acuerdos políticos, sino también de la reconstrucción de la comunicación, la cooperación económica y la confianza mutua. Esto refleja la identidad de la política exterior turca como potencia intermedia facilitadora que busca la estabilidad mediante el diálogo, en lugar de la presión.
“Los actores occidentales suelen operar mediante marcos de negociación más formales, mecanismos de condicionalidad o incentivos de integración institucional, como la adhesión a la UE. Türkiye, en cambio, tiende a utilizar un estilo diplomático más flexible e informal, haciendo hincapié en el diálogo, el beneficio mutuo y la normalización gradual.”
P: Partiendo de estos antecedentes y considerando que a diferencia de otros aliados de Caracas, Türkiye ha mantenido capacidad de interlocución con actores occidentales. ¿Podría Ankara jugar algún rol informal como facilitador, intermediario o puente diplomático en un escenario de desescalamiento o diálogo en la nueva etapa que viene para Venezuela como ya lo ha intentado hacer en otros escenarios como Ucrania o Gaza?.
R: Creo que Türkiye podría desempeñar ese papel, pero debemos ser realistas: probablemente se trataría de una función de facilitación informal, más que de una mediación formal, y solo si todos los actores relevantes lo consideran valioso.
Lo que hace que Turquía sea algo singular en este contexto es precisamente lo que usted mencionó: a diferencia de otros socios de Venezuela, Türkiye ha logrado mantener relaciones de trabajo tanto con Caracas como con actores occidentales, incluidos Estados Unidos y países europeos. Esto genera cierta flexibilidad diplomática que podría ser útil en períodos de desescalada.
Por ejemplo, incluso durante períodos de alta tensión, Ankara ha hecho hincapié en el diálogo. El presidente Erdoğan ha alentado públicamente el mantenimiento de canales de comunicación entre Venezuela y Estados Unidos y ha recalcado que las tensiones deben resolverse mediante el diálogo en lugar de la confrontación.
Esto refleja una tendencia más amplia en la diplomacia turca. Türkiye suele posicionarse no como una potencia que impone soluciones, sino como un país capaz de mantener abiertos los canales de comunicación cuando otros no pueden. Algunos analistas incluso han sugerido que Türkiye podría actuar como puente diplomático entre Washington y Caracas precisamente porque mantiene relaciones con ambas partes.
Sin embargo, que Türkiye desempeñe realmente este papel dependerá de tres condiciones.
Primero, la aceptación de las partes. La mediación solo es posible si ambas partes confían en el facilitador. Los anteriores llamamientos de Türkiye al diálogo y la moderación pueden contribuir a ello, pero en última instancia, se trata de una decisión política de los actores involucrados.
Segundo, el alcance del proceso. La ventaja comparativa de Türkiye reside generalmente en la diplomacia informal —lo que a veces denominamos diplomacia facilitadora—, como la organización de reuniones, el fomento de medidas de fomento de la confianza o el apoyo al diálogo técnico, en lugar de liderar negociaciones formales.
Tercero, la complementariedad con otros actores. Es probable que Türkiye considere su papel como complementario a los esfuerzos de los actores regionales, la ONU u otros facilitadores internacionales, en lugar de como un sustituto de estos.
En pocas palabras: el valor potencial de Türkiye no reside en su influencia sobre Venezuela u Occidente, sino en su acceso, capacidad de diálogo y credibilidad como país abierto a dialogar con todos. Esto último suele ser fundamental en las primeras etapas de la desescalada.
Por lo tanto, sí, Türkiye podría contribuir como puente diplomático, pero solo si el proceso requiere intermediarios de confianza y si todas las partes consideran que el diálogo constructivo es preferible al aislamiento.
“El valor potencial de Türkiye no reside en su influencia sobre Venezuela u Occidente, sino en su acceso, capacidad de diálogo y credibilidad como país abierto a dialogar con todos. Esto último suele ser fundamental en las primeras etapas de la desescalada.”
P: Venezuela ha anunciado la posibilidad de impulsar la explotación de gas natural ¿ Crees que sea parte de los intereses de Türkiye participar en el mercado energético venezolano?
R: Desde una perspectiva económica y estratégica, las ambiciones de Venezuela en el sector del gas natural podrían generar oportunidades para Türkiye, pero cualquier posible participación dependería probablemente de tres factores clave: la viabilidad económica, la estabilidad política y el marco regulatorio internacional.
En primer lugar, desde la perspectiva de la estrategia energética, Türkiye es un país que busca diversificar sus socios y fuentes de energía debido a su creciente economía y su alta dependencia de las importaciones energéticas. Esto explica por qué Ankara ha mostrado interés en fortalecer la cooperación con Venezuela en petróleo, gas natural y minería mediante memorandos de entendimiento y visitas ministeriales en los últimos años.
En segundo lugar, Venezuela representa un socio potencialmente atractivo, ya que posee algunas de las mayores reservas de hidrocarburos del mundo y busca activamente inversión extranjera para revitalizar su sector energético, especialmente tras años de subinversión y sanciones.
En ese sentido, desde una perspectiva puramente económica, las empresas turcas —especialmente en ingeniería, infraestructura y servicios energéticos— podrían encontrar oportunidades, particularmente en áreas como servicios técnicos, rehabilitación de infraestructura o empresas conjuntas, en lugar de proyectos de propiedad a gran escala. Sin embargo, también debemos ser realistas respecto a las limitaciones.
Turquía generalmente adopta un enfoque de inversión pragmático y consciente del riesgo. Factores como los regímenes de sanciones, las condiciones de financiación y las garantías legales para los inversores son decisivos. Incluso hoy, a pesar de cierta flexibilización, el sector energético venezolano sigue operando bajo un complejo marco regulatorio y de sanciones, lo que hace que las grandes inversiones sean sensibles tanto política como financieramente.
Por lo tanto, lo plantearía de la siguiente manera, Turquía podría estar interesada, pero no políticamente, sino de forma selectiva y económica, si se cumplen tres condiciones: claridad regulatoria y protección de las inversiones; estabilidad política y macroeconómica; y proyectos comercialmente viables.
Finalmente, si analizamos la política económica exterior más amplia de Türkiye, Ankara suele preferir alianzas mutuamente beneficiosas y complementarias. Venezuela necesita tecnología, inversión y diversificación de socios, mientras que Türkiye busca diversificación energética y nuevos mercados para sus empresas tecnológicas. Si las condiciones se normalizan, esto podría generar naturalmente una convergencia de intereses.
Por lo tanto, no lo describiría como una prioridad estratégica inmediata, sino más bien como un espacio de oportunidad potencial que podría desarrollarse gradualmente dependiendo de cómo evolucione la nueva fase económica de Venezuela.

P: ¿Cuáles sectores económicos serían los de mayor interés para Türkiye ante un eventual relajamiento de sanciones e impulso a la inversión extranjera en Venezuela ?
R: Si se suavizaran las sanciones y Venezuela entrara en una nueva fase de normalización económica, creo que el interés turco se concentraría en sectores donde Türkiye ya cuenta con experiencia comparativa en mercados emergentes y donde ambas economías son estructuralmente complementarias.
En primer lugar, la energía sería, naturalmente, una de las áreas principales, en particular el petróleo, el gas natural y la petroquímica. Türkiye es un importante importador de energía y las empresas turcas ya han explorado oportunidades en los sectores petrolero, gasífero y minero venezolanos, especialmente en servicios técnicos y apoyo a la exploración, en lugar de la propiedad directa.
En segundo lugar, la minería y los recursos naturales probablemente seguirían siendo importantes. La cooperación en oro y minerales ya ha sido un componente central de la relación económica bilateral, y Türkiye posee capacidad técnica en servicios mineros y procesamiento de minerales que podría ser relevante si mejoran las condiciones regulatorias.
En tercer lugar, destacaría la construcción y la infraestructura, que tradicionalmente es uno de los sectores internacionales más fuertes de Türkiye. Las empresas turcas son competitivas a nivel mundial en aeropuertos, vivienda, infraestructura de transporte e instalaciones energéticas, y Venezuela probablemente necesitaría una reconstrucción y modernización significativas en estas áreas si aumenta la inversión extranjera.
En cuarto lugar, la agricultura y la producción de alimentos también podrían adquirir importancia. Ya vemos ejemplos de inversores turcos participando en proyectos agroindustriales, como la producción de azúcar, y los exportadores turcos son competitivos en el procesamiento de alimentos, bienes de consumo y productos industriales básicos.
En quinto lugar, la manufactura, la logística y la facilitación del comercio podrían surgir como áreas naturales de cooperación. La estrategia de exportación de Türkiye hacia mercados distantes ya incluye sectores como productos químicos, bienes de consumo, materiales de construcción y servicios logísticos, lo que podría apoyar la diversificación económica de Venezuela.
Probablemente se centraría en cinco sectores principales: energía (como petróleo, gas y petroquímicos), minería y recursos naturales, construcción e infraestructura, agricultura e industria alimentaria, y manufactura y logística.
Pero añadiría un matiz importante: Türkiye no suele abordar estos mercados con una lógica puramente extractiva. Sus empresas generalmente se centran en la cooperación basada en proyectos, servicios técnicos y alianzas comerciales, en lugar de adquisiciones a gran escala políticamente delicadas, especialmente en países que salen de entornos de sanciones.
Si Venezuela avanza hacia la estabilización y mejoran las garantías de inversión, creo que Turquía la vería no solo como un socio energético, sino también como un socio de cooperación económica más amplio, especialmente en sectores vinculados a la reconstrucción, la diversificación y la conectividad comercial.
En resumen, la verdadera oportunidad no reside en un solo sector, sino en una alianza económica complementaria basada en la energía, la infraestructura y las industrias productivas.
“Si Venezuela avanza hacia la estabilización y mejoran las garantías de inversión, creo que Turquía la vería no solo como un socio energético, sino también como un socio de cooperación económica más amplio, especialmente en sectores vinculados a la reconstrucción, la diversificación y la conectividad comercial.”
P: ¿Cómo se han manejado las relaciones comerciales y diplomáticas entre Venezuela y Türkiye en los últimos años?
R: Las relaciones comerciales y diplomáticas entre Türkiye y Venezuela en los últimos años se han caracterizado por ser estables, pragmáticas y, en gran medida, impulsadas por la complementariedad económica, a pesar del difícil contexto internacional que rodea a Venezuela.
Desde una perspectiva diplomática, las relaciones se han mantenido estables e institucionales. Ambos países mantienen embajadas en sus respectivas capitales, y las relaciones bilaterales se han visto reforzadas por acuerdos de cooperación que abarcan comercio, inversión y mecanismos de consulta política. En los últimos años, también se han firmado nuevos acuerdos de cooperación para fortalecer lo que ambas partes denominan una asociación estratégica.
En el ámbito económico, las relaciones comerciales se expandieron significativamente, especialmente después de 2018, cuando el comercio bilateral aumentó rápidamente a medida que ambos países buscaban diversificar sus alianzas internacionales. El volumen comercial superó los mil millones de dólares a principios de la década de 2020 y, si bien ha fluctuado desde entonces, se ha mantenido significativo, alcanzando alrededor de 665 millones de dólares en 2024, en comparación con tan solo unos 152 millones de dólares en 2019, lo que demuestra una fuerte tendencia al alza a pesar de los desafíos globales y regionales.
Sectorialmente, la cooperación se ha concentrado principalmente en comercio de oro y minería; diálogos sobre cooperación energética (petróleo y gas); exportaciones de alimentos y bienes de consumo de Turquía; y servicios industriales y técnicos.
Ambos gobiernos han expresado reiteradamente su intención política de incrementar el comercio hasta alcanzar aproximadamente 3.000 millones de dólares a medio plazo, lo que demuestra que ambas partes perciben la relación como un potencial aún por explotar, en lugar de limitarla a los volúmenes actuales.
Diplomáticamente, Türkiye ha gestionado la relación mediante un enfoque que podría describirse como equilibrado y pragmático: manteniendo el compromiso con Venezuela a la vez que preserva el diálogo con actores occidentales. Esto refleja el estilo de política exterior más amplio de Turquía, caracterizado por la diversificación en lugar de la alineación con un único bloque geopolítico.
Si tuviera que resumir los últimos años en tres palabras, describiría las relaciones entre Türkiye y Venezuela como institucionalizadas diplomáticamente, en crecimiento económico y pragmáticas estratégicamente.
En otras palabras, la relación no ha estado impulsada por la ideología, sino por intereses económicos mutuos, el compromiso diplomático y un interés compartido en diversificar las alianzas internacionales.
P: ¿Qué significa y cuál es la importancia de Venezuela para la política exterior de Türkiye en este momento?
R: La importancia de Venezuela para la política exterior de Türkiye hoy debe entenderse dentro de un marco geopolítico realista. Türkiye se encuentra actualmente en una de las regiones más inestables del mundo, rodeada de múltiples crisis simultáneas: desde la guerra en Ucrania hasta la inestabilidad en Oriente Medio, las tensiones en el Mediterráneo oriental y los riesgos de seguridad provenientes de Siria, Irak e Irán. En este contexto, es natural que la principal prioridad de la política exterior de Türkiye siga siendo la seguridad nacional y la estabilidad regional.
Türkiye no es un país que opere en una geografía cómoda. Es un país que ha tenido que desarrollar resiliencia en una región muy difícil. Hoy, Türkiye sigue siendo el segundo ejército más grande de la OTAN, uno de los principales contribuyentes a las misiones de la alianza y un país que continúa invirtiendo fuertemente en sus capacidades de defensa para proteger a su población y su autonomía estratégica.
Al mismo tiempo, Türkiye ha fortalecido significativamente su industria de defensa nacional durante la última década, convirtiéndose en uno de los exportadores de defensa más importantes del mundo e invirtiendo miles de millones en I+D y tecnologías avanzadas. Esta decisión no responde únicamente a la ambición, sino a la necesidad. Al vivir en una región expuesta a la inestabilidad constante, la disuasión se convierte en una cuestión de supervivencia.
Y este es un matiz importante: la creciente capacidad de defensa de Türkiye no debe interpretarse como militarización, sino como realismo defensivo. Refleja el esfuerzo de un país por mantener la estabilidad en una región inestable.
Dentro de este contexto más amplio, se comprende que las prioridades inmediatas de la política exterior de Türkiye se centren, naturalmente, en la seguridad, la resiliencia económica y la gestión de crisis regionales. Sin embargo, esto no significa que Turquía descuide sus alianzas globales. Aquí es donde Venezuela encaja en este panorama.
Venezuela es importante para Türkiye no por ideología, sino por su estrategia más amplia de ser una potencia intermedia con proyección global. Turquía no ve a América Latina como una región distante o simbólica, sino como parte de una estrategia de diversificación a largo plazo en diplomacia y comercio.
Türkiye y Venezuela mantienen relaciones diplomáticas desde hace más de 70 años, una continuidad que en sí misma es significativa. En diplomacia, las relaciones no se construyen únicamente con gobiernos, sino entre estados y pueblos. Los ciclos políticos y los líderes cambian, pero las relaciones diplomáticas tienden a perdurar.
Desde esta perspectiva, Venezuela representa tres cosas para Türkiye: Primero, un socio dentro de la apertura de Türkiye hacia América Latina, que busca expandir las redes diplomáticas y económicas más allá de las regiones tradicionales.
Segundo, un potencial socio económico, particularmente en sectores como la energía, la minería, la infraestructura y la diversificación comercial, si la normalización continúa.
Tercero, un ejemplo diplomático de la política exterior equilibrada de Türkiye, es decir, un país capaz de mantener relaciones con diversos actores sin integrarse en bloques geopolíticos rígidos.
Sin embargo, siendo francos y realistas, Venezuela no se encuentra entre las principales prioridades estratégicas de Turquía, en comparación con Europa, Oriente Medio, el Cáucaso o Asia Central. Más bien, se trata de un socio importante, aunque secundario, cuya relevancia podría aumentar dependiendo de la estabilización económica de Venezuela y su reintegración a la economía global.
Hoy, la principal prioridad de Türkiye es, naturalmente, la seguridad y la estabilidad en una región muy volátil. Sin embargo, al mismo tiempo, Turquía sigue invirtiendo en alianzas globales a largo plazo, y Venezuela forma parte de esta visión más amplia de diplomacia diversificada y cooperación económica.
Porque, en última instancia, la política exterior de Türkiye se basa en un principio estratégico sencillo: Se protege la seguridad regional, pero se expande la influencia global. Y Venezuela encaja en esa segunda dimensión.
Y si me permiten concluir con una reflexión más personal, tuve la oportunidad de visitar Venezuela, incluso durante el período de los primeros vuelos directos de Turkish Airlines y en torno a la histórica visita del presidente Erdoğan. Lo que percibí con claridad fue la energía positiva entre nuestros países.
Más allá de las relaciones oficiales, existe también una conexión humana muy natural. Encontré a los venezolanos increíblemente cálidos, abiertos y hospitalarios, en muchos sentidos muy similares a los turcos. Compartimos una cultura de hospitalidad, fuertes valores familiares y sinceridad que facilita la conexión entre nuestras sociedades.
Y creo que este es quizás el fundamento más sólido de todos: los gobiernos pueden cambiar, las condiciones internacionales pueden cambiar, pero la amistad entre pueblos tiende a perdurar mucho más. Por eso creo que el futuro de las relaciones entre Türkiye y Venezuela seguirá construyéndose no solo mediante la diplomacia, sino también mediante esta auténtica conexión humana entre nuestras sociedades.







