Los acuerdos de Venezuela en el G20: Petróleo, oro y aluminio

En la cumbre del G20 en Houston, Venezuela no participó como integrante del club, pero sí sostuvo varias reuniones bilaterales y firmó acuerdos petroleros y mineros con Continental Resources y Heeney Capital. Fotografía: Instagram / @minmineria_ve.

Guacamaya, 17 de septiembre de 2026. Esta semana, Venezuela ha logrado una participación histórica en la cumbre de ministros de energía del G20 en Houston, Texas, a invitación de la Casa Blanca del presidente Donald Trump.

Aunque la delegación venezolana no participó en las reuniones oficiales a puerta cerrada, sí aprovechó para firmar acuerdos importantes, por un lado con el magnate petrolero Harold Hamm, y por el otro con dos socios para el oro y el aluminio: Heeney Capital y Mercuria Energy Group.

Entre los altos cargos venezolanos, estuvieron en Houston el vicepresidente sectorial de Economía, Calixto Ortega, la ministra de Hidrocarburos, Paula Henao y el ministro de Minería, Héctor Silva.

Simultáneamente, reportes de prensa apuntaron que ejecutivos de ExxonMobil viajaron a Caracas el martes para acelerar su regreso a los campos petroleros del país sudamericano.

Estas conversaciones y tratados llegan poco después de la firma de un gran acuerdo entre Estados Unidos, Venezuela y la empresa de Alejandro Betancourt, North American Blue Energy Partners; seguido de una serie de nuevos contratos con empresas como Chevron, Eni, GeoPark y Primavera.

Harold Hamm: el magnate del fracking

En el marco del G20, la empresa de Hamm, Continental Resources, firmó un memorándum de entendimiento con PDVSA para la exploración del bloque Ayacucho 2, en la Faja Petrolífera del Orinoco.

El área abarca más de 500 km² y cuenta con reservas de 30.000 millones de barriles, según la compañía. Su CEO, Doug Lawler, afirmó que la producción petrolera podría comenzar en 18 meses.

Continental Resources es una de las mayores empresas petroleras privadas que no cotiza en bolsa—a diferencia de Chevron o ExxonMobil. Impulsó, junto a otras, la “revolución del shale”, introduciendo el fracking en las cuencas petroleras de estados como Dakota del Norte y Oklahoma.

Hamm es también un prominente donante de los republicanos, y apoyó a Trump en sus tres candidaturas a la presidencia. Por su lado, el presidente ha seguido promoviendo el eslogan “Drill, baby, drill!”, en favor del fracking.

Heeney Capital y Mercuria tras las commodities

El fondo de inversión neoyorquino de Sean Pi y Henry Heeney firmó un acuerdo para la operación y exportación de minerales sobre la mina de oro Chocó, en el Municipio Callao, en Bolívar.

El acuerdo también involucra a Mercuria Energy Group, una comercializadora de materias primas con sede en Suiza. Heeney Capital estima que podría invertir 1.000 millones de dólares a lo largo de los 30 años de concesión.

En mayo, las dos firmas anunciaron un acuerdo con el gobierno venezolano para exportar materias primas, principalmente oro. Inicialmente, fuentes cercanas vincularon el acuerdo con planes para la reestructuración de la deuda, que involucraría canjes por activos del Estado. Sin embargo, este proceso se encuentra en pausa, sin más declaraciones oficiales desde junio.

Esta misma semana, Heeney y Mercuria también lograron un acuerdo para exportar 15.000 toneladas de aluminio, provenientes de la estatal Venalum, a Estados Unidos.

El cargamento de aluminio está valorado en cerca de 50 millones de dólares. Aunque es insignificante en la demanda total estadounidense, representa un hito al ser el primer envío del estilo y podría ayudar a reactivar las industrias básicas.

Las dos empresas estatales de aluminio en Venezuela, Venalum y Alcasa, cuentan con una capacidad instalada para producir 700.000 toneladas por día, pero apenas operan al 10%. Esta es esencialmente la situación en la que se encuentran la mayoría de las procesadoras de metales de la Corporación Venezolana de Guayana, que incluye también Bauxilum, Briquetera del Caroní, Ferrominera y Sidor, entre otras.

El largo camino de regreso de ExxonMobil

Tras el G20, también se ha hablado de la vuelta de ExxonMobil a Venezuela, un tema que ha resurgido en varias ocasiones este año, con varios vaivenes. Su CEO, Darren Woods, dijo a mediados de enero que varias condiciones hacían al país “ininvertible”.

Según reportes de prensa, ejecutivos de la gigante energética viajaron a Caracas el martes para acelerar su regreso al país. La corporación ya ha pasado por dos nacionalizaciones de sus activos en Venezuela: primero en 1976 bajo el entonces presidente Carlos Andrés Pérez, y más tarde en 2007 con el presidente Hugo Chávez.

En este caso, la gigante energética podría estar buscando recuperar sus antiguos activos en Petromonagas —antes conocida como Cerro Negro— y Petrovictoria, hoy operados entre PDVSA y una estatal rusa, Petromost, que sustituyó a Rosneft a raíz de sanciones estadounidenses.

ExxonMobil también ha mostrado interés en otros campos que también estarían en el bloque Carabobo, el área al extremo oriental de la Faja Petrolífera del Orinoco.

¿Por qué Trump invitó a Venezuela al G20?

Estos acuerdos tienen un significado en la política exterior de Washington. Ante los conflictos en Oriente Medio y Ucrania, la administración Trump quiere presentar a Venezuela como una fuente confiable de materias primas—particularmente el petróleo, pero no exclusivamente.

La invasión rusa de 2022 generó un primer shock en los mercados de commodities, particularmente de la energía, que no se ha terminado de resolver. Y más tarde, los distintos conflictos en Oriente Medio, que han escalado a una guerra abierta de Estados Unidos e Israel contra Irán, han terminado de desvertebrar completamente el comercio marítimo en el Golfo Pérsico y el Mar Rojo.

Los metales y otros recursos mineros también son importantes. Por ejemplo, entre los principales productores de aluminio se encuentran China, Rusia y las monarquías de la Península Arábiga: Emiratos Árabes Unidos, Bahréin, Arabia Saudí, Catar y Omán, en ese orden. Le los primeros son rivales de Estados Unidos, mientras que los segundos están recortando su producción a raíz de la guerra con Irán.

Mientras tanto, Venezuela sigue emprendiendo una transición de modelo de desarrollo económico, donde se otorga cada vez más protagonismo a las empresas privadas extranjeras a través de concesiones donde las últimas obtienen mayores márgenes y control operativo.

Sin embargo, las grandes corporaciones todavía son reticentes a invertir en un país con alto riesgo político. Es, por tanto, la hora de los “wildcatters” y otros empresarios independientes, a menudo aprovechando conexiones políticas en Washington y en Caracas.

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